San Pedro Alcántara y los ‘Guadalminos’ pierden otra batalla contra Marbella

Los guadalminos no salen de la urbanización en días o en semanas. Juegan una partida de golf en el hotel Gualdalmina, cenan en algún restaurante de

Los guadalminos no salen de la urbanización en días o en semanas. Juegan una partida de golf en el hotel Gualdalmina, cenan en algún restaurante de los alrededores (el dueño del Asador coquetea con permitir otra vez humos y habanos) y practican escasa vida social fuera de los límites de su selecto y pijísimo complejo residencial. Guadalmina/Guadalpija se enclava en San Pedro Alcántara, la barriada que quiere independizarse de una vez por todas de Marbella.

Igual que Madrid mataba en la época de la movida, Marbella me mata podría ser el eslogan de los sampedreños. Los vecinos de este enclave de 34.000 habitantes, situado al Oeste nada salvaje de la ciudad costasoleña, acaban de perder otra batalla. La Junta de Andalucía les niega su derecho a ser pueblo [San Pedro reúne el 34% de los votantes de las municipales y el pasado mes de mayo la Opción Sampedreña logró tres ediles], a tener su propio Ayuntamiento y olvidarse de Ángeles Titi Muñoz, la alcaldesa que ni siquiera vive en Marbella, sino en Benahavís.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Ricardo Soriano puso la semilla del turismo de lujo internacional en Marbella con “Venta y albergues El Rodeo”, una finca situada en San Pedro. Rafael de la Fuente, políglota, histórico director del hotel Los Monteros, del Villamagna de Madrid y de la Escuela de Hostelería de La Cónsula, tiene claro que sería “impensable” una Marbella sin San Pedro Alcántara. “La marca Marbella perdería gancho turístico en los mercados internacionales”, apostilla el gentleman De la Fuente. “San Pedro y Marbella deben ir unidas; es como si Montecarlo intentara segregarse de Mónaco”.

En los 16 años que el Gilismo se esforzó en aniquilar el prestigio –ya recuperado– de Marbella, muchos británicos se avergonzaban de veranear o poseer una casa en territorio capitaneado por un tipo como Jesús Gil. “Yo voy a San Pedro, no a Marbella”, detallaban los british. El mismo marqués Vicente del Bosque declara que él lleva tiempo pasando el mes de agosto en San Pedro. Ni rastro de Marbella en sus declaraciones.

‘Guadalpija’ Place

Escribir de San Pedro y no volver al arranque de la Tinta, a las referencias a Guadalpija, sería un grave error que no vamos a cometer. ¿Cuál es el ADN de los guadalminos? Utilizan con insistencia la consigna del “perfil bajo”, expresión que acuñó la maestra Carmen Rigalt para referirse a las nulas ganas de exhibir su condición de habitantes de Gualdamina Place, muy acostumbrada a la dominación (pacífica) de las familias vascas.

En la década de los setenta se organizaban cenas privadas a las que acudían todos los ministros de Franco. En el último lustro la zona se ha convertido en una aventajada sucursal veraniega de Génova, la sede del PP. José María Aznar demuestra quien la tiene más grande (la bandera española de su casa, por supuesto) y María Dolores de Cospedal, tras incendiar el verano informativo de 2009, este año ha diseñado en su casa de Guadalmina el drástico tijeretazo en Castilla La Mancha.

La lista de negritas de guadalminos y sampedreños daría para un texto de dos folios. Sin ánimo de ser exhaustivos, como diría Vidal y como esta sección veraniega agoniza, no resulta conveniente abrumar con nombres propios. Los aporta la empresaria Remedios del Río, afincada en Marbella desde los 19 años y ex concejal de un partido independentista: Fernando Lamas y Esther Williams; los Ybarra, Goyanes, Goizueta; Espinosa de los Monteros; Antonio Mingote; Alfredo Mayo…

Esta mañana, en el baratillo de los jueves, los marbelleros oficiales que se consideran sólo de San Pedro hablarán de los planes de independencia. Han perdido una batalla, pero la guerra sigue en juego. Los guadalminos, mientras tanto, se esfuman hasta el próximo verano.

Tinta de Verano
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
55 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios