La ruptura del chavismo, el monolito en el tablero político de Maduro

Es un hecho que se afianza a pasos agigantados y que puede ser una pieza importante en el futuro de Venezuela

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Nadie sabe lo que puede pasar en Venezuela en los próximos meses. Lo único evidente es que hay una serie de movimientos internos dentro del país que pueden ser determinantes, que no dependen de la oposición; y que por otro lado existen otros movimientos de la comunidad internacional que pueden aislar al país.

La ruptura del chavismo monolítico es un hecho que se afianza a pasos agigantados y que puede ser una pieza importante en el futuro de Venezuela. Se han dado los primeros pasos para formar un núcleo a tener en cuenta dentro del chavismo que no se ve representado en las políticas de Maduro, y que ve traicionado, en parte, el legado de Chávez del que no encuentran reflejo en la actual situación de Venezuela. La conformación de un grupo compacto dependerá de diversos factores -sobre todo internos, pero también hay alguno externo- que en estos momentos se están gestando.

La creación de un bloque parlamentario socialista propio, por parte de tres diputados chavistas, apartado del actual chavismo oficial en la Asamblea, es un paso transcendente. Otro elemento fundamental es la persecución a destacados chavistas desde el actual gobierno, el ejemplo más conocido es la Fiscal General Luisa Ortega Díaz a la que se ha acusado de traición por hacer una interpretación diferente a la del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) respecto a la no celebración del referéndum previo a la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Ortega dijo que eso era inconstitucional, y se puede interpretar que ese referéndum era obligado porque en él se expresaba la soberanía popular y porque lo mandaba la ley; el TSJ dijo que se podía interpretar que la soberanía popular reside en el presidente de la república. Creo que no hacen falta muchos comentarios respecto a esta última frase, pero la soberanía popular debe residir en el pueblo, no en una persona, y ser desarrollada por diversos mecanismos de expresión democrática que aparecen de manera nítida en la constitución impulsada por Hugo Chávez. Si un mandatario se siente fuerte políticamente no tiene miedo a realizar un referéndum que le puede dar más credibilidad.

Pero la unión de chavistas disidentes tendrá un muro llamado Diosdado Cabello, ex Vicepresidente de Venezuela, ex presidente de la Asamblea Nacional y actual Vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Es el hombre fuerte en la sombra, militar al que muchos militares escuchan, respetan y atienden con rigor; todo lo contrario de lo que dichos militares hacen con Maduro. Y no permitirá fácilmente la disidencia chavista ya que significaría una ruptura desde una izquierda con alto grado de formación, que se podría llevar la base ideológica de su partido. Para el futuro del país es necesario responder a dos preguntas: ¿cuántos militares, de qué rango y capacidad táctica, están dispuestos a apoyar esa vía disidente?, ¿cuántos están dispuestos a hacer lo mismo con la oposición? Hasta este momento no hay respuesta.

La soberanía popular debe residir en el pueblo, no en una persona, y ser desarrollada por diversos mecanismos de expresión democrática

Llegados a este punto hay que preguntarse si desde el exterior de Venezuela alguien está invirtiendo tiempo, esfuerzo y dinero en apoyar esa posible escisión que diera lugar a una negociación encaminada al cese de la violencia, una ruptura que generase un espacio progresista que hoy en Venezuela no existe.

Por otro lado el posible aislamiento de Venezuela en la comunidad internacional avanza, despacio, pero firme. Los últimos datos respecto a las posibles irregularidades en los resultados de la elección de la ANC están siendo el detonante para las últimas críticas internacionales. Hay tres hechos a destacar en este ámbito: la empresa encargada de la realización de la votación electrónica, Smartmatic, ha declarado que los resultados ofrecidos por el Consejo Nacional Electoral (CNE) han sido manipulados y están hinchados; el ex ministro de Chávez, Andrés Izarra, manifestó en Twitter que "hay dudas que despejar respecto al resultado de la elección del domingo"; Luis Rondón, uno de los cinco rectores principales del CNE, no avala los resultados.

Ya van 20 países, más la Unión Europea, que no reconocen los resultados, unos resultados que, por otra parte, nadie tiene que reconocer o dejar de reconocer, ya que hay que respetar la soberanía popular venezolana. El problema es que Maduro no respetó dicha soberanía, asumiéndola en su persona al no celebrar el referéndum previo a la votación del domingo. Y a ese problema hay que añadir que Venezuela no está aislada en el mundo, debería vender y comprar lo suficiente para ofrecer el bienestar necesario a su población, ya que la producción interna para lograr ese fin es mínima y por lo tanto insuficiente para sus más de 31 millones y medio de personas. Pero si lo único que vende es petróleo y éste tiene los precios por los suelos, y no puede comprar porque no tiene efectivo, Venezuela se encuentra con que sí es importante que se reconozcan o no estos resultados.

Y sorprende que hasta este momento todos los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) creada por Chávez no hayan reconocido y aplaudido los resultados, solo lo hicieron tres (Bolivia, Nicaragua y Cuba, ésta solo después de las sanciones anunciadas por Estados Unidos), gesto que se antoja importante ante un país, Venezuela, que tanto ha dado al resto de los integrantes. Algún otro país sí se ha congratulado con los resultados, como El Salvador, que no creo vaya a solucionar la situación económica venezolana.

En cualquier caso si la violencia no cesa en breve y la situación económica no mejora los movimientos en el tablero político tendrán una caducidad inmediata. Cada día ocurren acontecimientos que pueden determinar la dirección de la salida de la crisis venezolana: una negociación asumida por todas las partes, o el incremento de la violencia con el coste que conlleva.

*Javier Bernabé es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid

Tribuna

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