Mujer en igualdad, pero sin feminismo excluyente

Bajo los 'ismos' se ocultan impulsos totalitarios que no persiguen la convivencia sino que, sencillamente, aspiran a la sumisión y derrota de los que no militen en la causa

Foto: Marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. (EFE)
Marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. (EFE)

Las continuas noticias y opiniones que sobre la desigualdad y la discriminación de la mujer inundan los medios de comunicación durante estas últimas semanas deben hacernos pensar y reflexionar a toda la sociedad, mujeres y hombres por igual. A mí, personalmente, como mujer y madre, como empresaria y profesional, como estudiante y profesora, me producen, al tiempo, un vivo interés y una honda inquietud, sentimientos encontrados que, sin duda alguna, son compartidos por muchas otras mujeres.

Por una parte, me siento solidaria con bastantes de sus denuncias y planteamientos, dadas las evidentes desigualdades que aún subsisten, pero, por otra, siento un vivo rechazo frente a la agresividad contra el varón que late bajo algunos de sus postulados. El lenguaje es muy preciso y, con frecuencia, bajo los 'ismos' se ocultan impulsos totalitarios que no persiguen la convivencia, sino que, sencillamente, aspiran a la sumisión y derrota de los que no militen en la causa, hombres en general en estos momentos o mujeres que no asuman en su totalidad el catecismo feminista, como es mi caso.

La sociedad digital que construimos determinará los puestos de trabajo con retribución más elevada, y las empresas con mayor capacidad de generar valor —sin duda, basadas en un alto contenido tecnológico— buscarán un capital humano preparado para acometerlo. Por lo que me gustaría poner el foco de atención en el fenómeno del que aún no oímos hablar a ninguna activista de la igualdad femenina: la transformación que llega para quedarse.

La escasa presencia femenina en las carreras técnicas, informática e ingenierías, terminará originando desigualdades salariales en el futuro

Y es aquí donde pregunto: ¿nos estamos formando las mujeres en cuestiones tecnológicas?, ¿estamos poniendo el foco realmente en lo que va a determinar nuestro futuro más inmediato? A lo cual observo con preocupación la escasa presencia femenina en las carreras técnicas, informática e ingenierías, lo que terminará originando desigualdades salariales en el futuro. ¿Por qué no ponemos sobre la mesa esa fuente de desigualdad y animamos a las mujeres a que las cursen? Está bien que nos quejemos de las injusticias que aún padecemos, pero mejor aún está que pongamos soluciones sobre la mesa. La exigencia debe comenzar con nosotras mismas: la autoexigencia y la formación que adquiramos determinará, en gran medida, el nivel de retribución al que podamos aspirar.

Comparto muchos postulados de las políticas de igualdad, pero, como empresaria, no puedo aceptar que todo su peso termine recayendo, en gran parte, sobre el mundo de la empresa. La igualdad debe comenzar en el propio seno familiar, donde hombres y mujeres deben acordar cómo compartir las responsabilidades domésticas, para que así puedan disponer de idéntico tiempo efectivo para el desarrollo profesional. Pero lo que no arreglemos en casa, no podemos pretender solucionarlo en forma de menor dedicación o en reducciones de jornada, solo asumidas por mujeres. La atención familiar ya no es tan solo responsabilidad de la mujer, por lo que ambos debemos conciliar y dedicar tiempo similar a la misma. Trabajemos, pues, junto a los hombres en la asunción por su parte de la conciliación y las responsabilidades realmente compartidas.

Está bien que nos quejemos de las injusticias que aún padecemos, pero mejor aún está que pongamos soluciones sobre la mesa

Creo en una igualdad salarial basada en la meritocracia, en el igual rendimiento y en la efectiva aportación de valor. Nadie puede dudar hoy de la capacidad femenina para el excelente desempeño de cualquier responsabilidad laboral, directiva o profesional. No creo en la igualdad artificial impuesta por ley y conseguida por reducir los salarios o las aspiraciones de los hombres. Compitamos en igualdad de condiciones, pero compitamos como cualquier otro miembro de la plantilla. Nuestra retribución debe venir determinada, en igualdad de condiciones, por nuestras capacidades, formación, rendimiento, dedicación y responsabilidad, al igual que se retribuye a los hombres, entre los cuales, como es natural, también existen grandes diferencias salariales.

Debemos aspirar a la igualdad —o a la superioridad— salarial desde la senda de la excelencia y no desde el canto victimista de la mediocridad que no aspira a nuestro desarrollo competitivo sino a la encubierta limitación del varón. Por esa vía, jamás lograremos el papel que nos corresponde en la dinámica sociedad que habitamos.

Mañana, 22 de febrero, Día Internacional de la Igualdad Salarial, toda la sociedad debe comprometerse en favor de la igualdad efectiva de hombres y mujeres en el ámbito personal, familiar, salarial, profesional y laboral. Todos saldremos ganando.

*Gema Díaz Real, empresaria y expresidenta de la CEOE de Cantabria.

Tribuna

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