Carrera diplomática: cambiar todo para que nada cambie

Es el momento de parar un reglamento de la carrera diplomática pergeñado para que nada cambie y negociar uno nuevo escuchando a la sociedad: sindicatos, partidos y usuarios

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

Es la frase de moda que se usa en muchos casos para ocultar la verdad: cambiar todo para que nada cambie. Otra vez este ministerio va a dejar pasar una inmejorable oportunidad para dotarse de un reglamento de la carrera diplomática a la altura del siglo XXI.

En su lugar, una vez más —y ya he perdido la cuenta de cuántas van—, tendremos una norma para perpetuación de una organización que con unos recursos humanos muy meritorios controla una minoría que se resiste a modernizarse y que intenta mantener para ellos unos trasnochados privilegios de clase.

Creo que España se merece una carrera diplomática a la altura de los cambios acaecidos en nuestra sociedad en los últimos 40 años y en el mundo desde la caída del Muro de Berlín. Una vez un joven diplomático en el exterior me dijo que la misión suya era esperar a que pasara algo.

La pena es que cuando algo pasó (la declaración unilateral de independencia catalana, por ejemplo) se les exigió hacer algo para lo que no estaban preparados, ni por formación ni por las habilidades que se ejercitan a los largo del ejercicio de su profesión, no estaban preparados para enfrentarse a una sociedad que sí está en el siglo XXI. Esa parece ser la norma, el funcionamiento ordinario de nuestras embajadas: esperar hasta que pase algo, pero no prepararse para ello.

Cabría preguntarse si son las personas. No, no son las personas, es el sistema que promueve esta actitud y la recompensa: no hagas nada, no digas nada... que no se mueva, que no se note y que no traspase, esa es la ley a la que están sometidos decenas de excelentes funcionarios que ven cómo la profesión que con tanto orgullo les gustaría representar está sometida a normas arcaicas, corporativas, ajenas a la sociedad y sus intereses.

El mencionado sistema rige un estanco de clases, un trato añejo y hasta fuera del contexto actual de comunicación directa entre superiores e inferiores, vaya lenguaje, entre los de la 'carrera' y los de fuera. Comunicación directa, inmediata que exige hasta la modificación de tratos y lenguajes.

Es increíble que en el único sitio de la Administración Pública española donde todavía se puede oír el 'usted' como barrera entre funcionarios de distintos cuerpos que trabajan juntos todos los días durante años sea en este ámbito, incluso entre gente joven —lo que es, sin duda, digno de estudio sociológico—. Hay que acabar con la percepción que la sociedad tiene: “Y es que este cuerpo está basado en conocer mundo a costa del contribuyente, no haciendo nada en espera de que algo pase y, si por desgracia pasa, dejar que otros actúen —la sociedad civil o el que sea que dé la cara por los que deberían hacerlo—, pero ni saben ni quieren”, Javier Cercas 'dixit' en una columna en 'El País semanal', pues no crea más que aislamiento y refuerza el complejo de superioridad enfermizo que el sistema provoca.

Es el momento de parar un reglamento de la carrera diplomática pergeñado para que nada cambie y negociar uno nuevo escuchando a la sociedad: sindicatos, partidos y usuarios. Muchos diplomáticos, personas progresistas y comprometidas con el servicio público reclaman un cambio y doy por hecho que la totalidad del resto de empleados, por eso es imperativo un cambio de mentalidad, lo que se lograría fácilmente entre otras vías, modificando el sistema de selección, permitiendo el acceso de funcionarios de otros cuerpos y con experiencia acreditada con los requisitos de formación y experiencia que se consideren y otras propuestas que se han puesto sobre la mesa y no han sido siquiera escuchadas tras solicitar un análisis de las necesidades de España como país comprometido en un mundo multilateral, cambiante, solidario, pacífico y que propugna el máximo respeto por un medio ambiente adecuado, limpio y sano.

Estas son las propuestas que considero que se deben tener en cuenta: Que al igual que se hizo con el Libro Blanco de 1986 y con la Comisión para la Reforma Integral del Servicio Exterior (Acuerdo del Consejo de Ministros de 25 de junio de 2004), se analizaran las necesidades y las posibilidades de un país como España en el contexto internacional y se debatieran las propuestas en un ámbito específico, como pretendían serlo las Jornadas de expertos propuestas en la mesa de negociación, aceptadas e ignoradas al mismo tiempo.

Que se realizaran estudios de Derecho comparado: Análisis de lo que hacen otras potencias extranjeras, especialmente las que más éxito han demostrado en sus cuerpos diplomáticos, como pueden ser EEUU, Reino Unido, Francia, Italia, Suecia o Noruega, por citar algunas.

Análisis DAFO del sistema actual. Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades del sistema actual y del sistema que se pretende. Definición del objetivo pretendido con este nuevo reglamento aparte de perpetuar un sistema desmotivador y frustrante: parece que ni siquiera se pretenden objetivos menores, como pudiera ser el evitar las duplicidades en el ámbito cultural cuando hay Institutos Cervantes en el mismo territorio, por poner un ejemplo. Encuestas en las colonias de españoles en el exterior, acerca —entre otras cuestiones— de la calidad de los servicios prestados y lo que necesitarían. Que, a pesar de que parezca increíble, el Ministerio todavía no se ha planteado, en ningún momento, las cualidades, conocimientos y aptitudes que debe reunir un diplomático y reorientar su reclutamiento y su formación posterior, prácticamente inexistente, en función de esos requisitos.

Por eso planteamos un sistema de selección totalmente distinto que permita la incorporación de funcionarios de cuerpos superiores que reúnan esas características y demuestren la formación y aptitudes que se requieran. Que se analicen las necesidades de todos los ministerios involucrados en el Servicio Exterior, para lograr una eficiente y adecuada coordinación de todos ellos. Las vías pueden ser muy diversas, desde que se nombren a los embajadores entre miembros relevantes de la política, de la función pública, de la sociedad civil, de la empresa y de la cultura y no basándose en un mero criterio de antigüedad en la carrera diplomática, como pretende el borrador del texto del nuevo reglamento.

Se desaprovecha esta nueva oportunidad para perpetuar un sistema arcaico, totalmente opaco, disfuncional y, en algunas ocasiones, despótico

No vale cualquiera, aunque sea diplomático, para cualquier puesto de embajador, ni siquiera en Guatemala, país que debería ser considerado con la misma importancia que cualquier otro, pero hasta en esto hay clases: grandes para los grandes y pequeños para los pequeños.

Por el contrario, se desaprovecha esta nueva oportunidad para, en su lugar, perpetuar un sistema arcaico, totalmente opaco, disfuncional y en algunas ocasiones, hasta despótico. No en vano, el prestigio de la carrera diplomática española está cada vez más disminuido, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. En el estudio comparado que se ha utilizado para proponer lo que aquí se dice se pone de manifiesto que las potencias mundiales en esta materia articulan un sistema en el que un diplomático sabe prácticamente dónde va a desarrollar casi toda su carrera, orientando sus esfuerzos en la adquisición de conocimientos políticos, culturales, geográficos y de idiomas en áreas geográficas idiomáticas y culturales determinadas, y no dilapidando sus esfuerzos en general o no esforzándose en absoluto una vez superada con éxito la oposición.

Es por todo ello que un nuevo reglamento y no el bodrio que se pretende llevar al Consejo de Ministros debe tener en cuenta las siguientes premisas: Nombramiento de embajadores: potestad reservada en exclusiva al consejo de ministros en virtud del art. 97 de la Constitución y sobre la que el reglamento no debe decir nada. Como ya se ha dicho y es habitual en las principales potencias mundiales, los embajadores pueden nombrarse entre miembros relevantes de la política, de la Función Pública, de la sociedad civil, de la empresa y de la cultura, que reúnan las cualidades debidas de don de gentes, capacidad negociadora, conocimientos y todas las demás que se definan. Se debe evitar a toda costa que ni siquiera en los países menos relevantes para la acción exterior española por el mero hecho de ser diplomático ya se pueda acceder a embajador, lo que a veces ha ocurrido con gente sin la debida cualificación para cumplir funciones tan primordiales.

Sistema de ingreso: es necesario y conveniente que se ventile y airee la carrera cambiando un sistema rancio y carcomido para un país profundamente democrático, lo que se conseguiría a través de la incorporación de nuevos talentos, por dos vías, contenidas en el art. 18 del Estatuto Básico del Empleado Público, aprobado su texto refundido por Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre: Promoción interna: reserva de una serie de plazas para su cobertura, mediante el sistema de oposición, por integrantes de cuerpos y escalas del subgrupo A2. Apertura a la incorporación de funcionarios del subgrupo A1, en cada categoría de la carrera diplomática, mediante un sistema que incorpore a funcionarios que cumplan una serie de requisitos y previa superación de las pruebas que se determinen teniendo en cuenta su experiencia y capacidad profesional para el desempeño de funciones Diplomáticas y consulares. Participación sindical en la Junta de Carrera: en un campo tan relevante en las condiciones de trabajo, no solo para los diplomáticos sino para el resto de empleados públicos que van a estar bajo sus órdenes a cientos o miles de kilómetros de España, urge que se respete la legislación vigente y que se le dé participación, con voz y voto a las organizaciones sindicales más representativas.

Un sistema retributivo justo y transparente, conocido por los ciudadanos a los que consagran su actividad y que financian sus salarios en el exterior a través de sus impuestos. Que se tenga en cuenta la localidad de residencia y no solo el país, pues no es lo mismo el coste de la vida en Nueva York que en Los Ángeles, ni en Hong Kong que en Pekín, por ejemplo. También se deben tener en cuenta otros parámetros, como la carga de trabajo o la colonia de españoles, entre otros. Que los Jefes de Misión actúen como verdaderos representantes del estado y coadyuven al buen funcionamiento del resto de oficinas y que estas permitan que la labor de coordinación y de unidad de acción sea efectiva y eficaz.

El propio sistema de carrera, no puede estar basado exclusivamente en la antigüedad, sino que debe tener en cuenta otros méritos, así como la preparación para los destinos, ámbito este huérfano en el proyecto, evitando las innecesarias, ineficientes y costosísimas duplicidades en el ámbito cultural cumpliendo la Ley 2/2014, de 25 de marzo, de la Acción y del Servicio Exterior del Estado.

*Pedro Díaz Chavero. Canciller de la embajada de España en Praga.

Tribuna
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