Andalucía al desnudo

La falta de turistas, de fiestas populares y de celebraciones religiosas desvisten a la región de tópicos y muestra una comunidad que no se siente cómoda ante el espejo

Foto: Vista del Paseo de Linarejos, en el centro de Linares, Jaén. (EFE)
Vista del Paseo de Linarejos, en el centro de Linares, Jaén. (EFE)

Andalucía empieza a no reconocerse con esta pandemia. Esta tierra milenaria, cruce de culturas y razas, siempre se ha engañado a sí misma con su enorme belleza y su magnífico clima. "Como se vive aquí no se vive en ningún sitio", suele decir convencido un andaluz medio que apenas ha salido de la región y que, cuando lo ha hecho, mira con ojos críticos todo lo que no se parezca a su tierra.

Es verdad que no hace falta salir de Andalucía para darse cuenta de que uno vive en un paraíso. Pero tampoco hace falta estudiar mucho para darse cuenta de que los hombres no hemos conseguido sacar partido a esta tierra que los dioses regaron con generosidad.

Más allá del tópico, Andalucía es una de las regiones más pobres de toda la UE. Su Producto Interior Bruto (PIB) per cápita no llega ni al 75% de la media europea, lo que le ha valido que las autoridades de Bruselas la consideren históricamente Región Objetivo 1, con la consiguiente llegada permanente de fondos millonarios de solidaridad interterritorial.

Pero los andaluces no se reconocen en esa realidad. Sí son conscientes de que la comunidad tiene una de las mayores tasas de paro de los países occidentales (y mucha economía sumergida), pero se niegan a creer esa idea de la pobreza regional… "con la alegría que hay aquí". Las tradiciones, la cultura, las fiestas, el clima, los turistas… Son muchos los elementos que visten de brillantina una tierra a la que le gusta sentirse guapa.

Sin visitantes

Pero la pandemia le ha quitado el traje festivo a la región y la ha dejado desnuda frente al espejo de su realidad. En Sevilla, al igual que en el resto de capitales andaluzas, los vecinos dicen que la ciudad está más triste y que se nota más la pobreza e incultura en la calle. Puede que así sea pero es que, sobre todo, a Sevilla le faltan este año nada menos que sus 3,2 millones de turistas, que le dan ese ambiente alegre, multicultural, de mayor riqueza y que le hace sentirse una anfitriona orgullosa.

No hace falta estudiar mucho para notar que los hombres no hemos conseguido sacar partido a esta tierra que los dioses regaron con generosidad

Hablamos de más de 3 millones de visitantes en una ciudad de 700.000 habitantes. Suficiente para tapar sus miserias y que Sevilla no quiera ver que, además de ser una de las ciudades más bellas del mundo, cuenta con cinco de los barrios más pobres de España (Tres Mil Viviendas, Tres Barrios, Torreblanca, Palmete-Padre Pío y Polígono Norte).

Turistas en coche de caballos en los alrededores de la Catedral de Sevilla, el pasado junio. (EFE)
Turistas en coche de caballos en los alrededores de la Catedral de Sevilla, el pasado junio. (EFE)

El ejemplo de la capital andaluza es extrapolable al resto de la comunidad, una región de 8,5 millones de ciudadanos que el pasado año recibió más de 32 millones de turistas y que se viste de gala para dar su mejor versión ante ellos, pero que prefiere no ver que acoge 12 de los 15 barrios más pobres del país o que su renta por persona es la mitad que en País Vasco.

Sin fiestas ni Semana Santa

El turismo no es el único elemento distorsionador de la realidad andaluza que se ha caído con el covid-19. Las ferias y fiestas no se han celebrado este año y tampoco lo harán el próximo. Estas festividades sirven de catalizador de una sociedad a la que le gusta encontrarse en la calle y celebrar la vida, además de permitir en muchos casos una economía de subsistencia que ayuda a muchas familias a tirar para adelante buena parte del año. Sin embargo, este año la pandemia no ha permitido desarrollar carnavales, cabalgatas, fiestas patronales o romerías.

Para rematar la ecuación, la comunidad tampoco ha podido celebrar este año su Semana Santa y, a estas alturas, todo parece indicar que no podrá hacerlo en marzo de 2021. Al margen del duro golpe al millonario movimiento económico que conlleva, la cancelación de la Semana Santa supone un enorme impacto emocional en una región en la que esta celebración religiosa sigue siendo parte del ADN familiar y social. De hecho, las hermandades y cofradías son elementos vertebradores que se muestran como las más potentes organizaciones de la sociedad civil en esta tierra.

Sin turismo, ni fiestas ni celebración religiosa, Andalucía se mira ante el espejo y no le gusta lo que ve: esa tierra milenaria, bella …y pobre.

Andalucía es una de las regiones más pobres de toda la UE. Su Producto Interior Bruto (PIB) per cápita no llega ni al 75% de la media europea

Afortunadamente, los andaluces cuentan con grandes valores sociales, de convivencia, de respeto y de solidaridad, además de una actitud positiva ante la vida que les ha permitido siempre salir de las situaciones más complicadas, aunque también les haga caer en el ensimismamiento y la autocomplacencia.

Mensajes en mascarillas y ramos de flores en la reja de la Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena, en Sevilla. (EFE)
Mensajes en mascarillas y ramos de flores en la reja de la Basílica de Santa María de la Esperanza Macarena, en Sevilla. (EFE)

Quizá esta nueva imagen de Andalucía desnuda ante el espejo le sirva de revulsivo para saber que es el momento de vestirse, pero no con el traje de los domingos sino con el mono de los días laborables. Es momento de apretar y eso también sabe hacerlo la región. Frente a los tópicos, los andaluces siempre han sido grandes trabajadores (que se lo digan al millón de inmigrantes que levantó Cataluña el pasado siglo) y una sociedad con capacidad de esfuerzo y sacrificio, que es justo lo que requiere la actual situación.

Ahora, solo hace falta que esos representantes públicos que hoy en el Parlamento autonómico se afanaban, durante el Debate del estado de la Comunidad, en tirarse los trastos a la cabeza aparquen por una vez sus batallas mediático-políticas y miren de nuevo a la calle para entender y atender a esa Andalucía que vive asustada por la situación y esperando respuestas con las que volver a reconocerse ante el espejo.

Tribuna
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