Biden: ganar el presente, tal vez no el futuro

Factores de distinta intensidad se han aliado también para contribuir al triunfo del senador por Delaware: el dinero, los apoyos de Hollywood, la presión masiva de las minorías, etc.

Foto: El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden. (Reuters)
El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden. (Reuters)

En realidad, las elecciones presidenciales no las ha ganado Joe Biden. Más bien las ha perdido Trump. Probablemente, no tanto por sus políticas como por su carácter endemoniado e imprevisible.

Baste un ejemplo. En sus cuatro años en la Casa Blanca, ha dejado un reguero de cadáveres tras de sí. Decenas de colaboradores han caído en desgracia, varios asesores han sido procesados por tramas dignas de una serie de terror y han dimitido varios generales que han osado enfrentarse a su tempestuoso temperamento. Los libros que han escrito algunos de ellos han sembrado las librerías de mensajes de "odio" que han influido en los provisionales resultados finales.

Perder el futuro

Pero volvamos al gran vencedor. Desde luego Biden ha ganado el presente, pero me temo que los demócratas no han ganado del todo el futuro. Trump en su mandato ha nombrado tres magistrados del Tribunal Supremo y más de 230 jueces en las cortes federales inferiores (tribunales locales, tribunales de apelación...) cercanos a sus planteamientos ideológicos. Este conjunto de jueces, al pronunciarse sobre la constitucionalidad de las leyes y los actos del gobierno, entrarán en dominios tan importantes como la inmigración, el aborto, el derecho de voto, la posesión de armas de fuego, el matrimonio y un largo etcétera. Nunca un presidente nombró tantos jueces federales en un solo mandato.

El actual Tribunal Supremo muy probablemente marcará durante décadas el rumbo de las leyes americanas y sus repercusiones sociales, con importantes consecuencias en la vida cotidiana de los estadounidenses. Estos han votado demócrata, pero la dirección del país probablemente continuarán determinándola los republicanos.

Los escándalos de Biden

¿Quién es Joseph Robinette Biden Jr., 45º presidente electo de los Estados Unidos, más conocido como Joe Biden? Ante todo, digamos que es un hombre tenaz y ambicioso. Por tres veces ha participado en elecciones por la Casa Blanca, hasta conquistar hace unos días el Despacho Oval. Su vida está hecha de altos y bajos, de tragedias y éxitos.

Elegido en noviembre de 1972 senador por Delaware, un mes más tarde tiene que olvidarse del éxito y afrontar la tragedia de la muerte en accidente de tráfico de su esposa y de su hijita de un año. En 2015, el otro hijo que sobrevivió al accidente muere de cáncer. Es difícil no sentir compasión por este viejo león que ha luchado hasta el final. Esta empatía ha contribuido también a su victoria. Es un digno final de una vida política comenzada a los 29 años, en un brusco giro del triunfo al dolor. Digno final, pero quizá no tan puro.

Varios escándalos le han perseguido, también en las elecciones: sexuales y económicos. Los primeros (en los que el movimiento #MeToo no ha metido el bisturí) no han tenido consecuencias graves, quizás porque su adversario Trump no pudo presionar, ya que él mismo estaba contaminado por idénticos problemas. También porque la opinión pública es hoy más tolerante con ellos. Sin embargo, con los escándalos financieros la cosa cambia. Tony Blair suele decir que "el dinero es mucho más peligroso para un político que el sexo". El dinero es como la habitación trasera de una agencia de publicidad de tercera clase "en un suburbio de mil demonios". Si te cogen haciendo trampas, estás perdido.

El escándalo afectaba a su hijo Hunter y sus negocios ucranianos. De rebote incluía al propio Joe Biden, al ser acusado de intervenir en el supuesto escándalo haciendo presión por su puesto político para que Hunter saliera indemne del trago. A pesar de las acusaciones de Trump, el tema perdió fuerza dejando herido pero vivo al candidato demócrata.

Los factores del triunfo de Biden

Puede creerse —por lo que dije al principio— que Biden ha contribuido poco a su triunfo. Sería injusto. Factores de distinta intensidad se han aliado también para contribuir al triunfo del senador por Delaware: el dinero, los apoyos de Hollywood, la presión masiva de las minorías, etc. Un factor importante que ha jugado en favor de Biden ha sido la pandemia. En dos vertientes: la política de Trump sobre ella y la contaminación del propio Trump.

En intervenciones prácticamente coordinadas Obama (20 octubre) y Biden (23 octubre) hablaron de "estragos" producidos por el covid-19 por la política "criminal" de Trump: 70.000 contagios diarios y 220.000 muertos. Estas cifras voceadas por los medios siempre influyen negativamente en el electorado, aunque la realidad sea que, al parecer, se esperaba más de un millón de muertos y la política de Trump redujo mucho la tasa de mortalidad. La verdad es que este tema en todos los países se mueve en la confusión. Pero la confusión en unas elecciones se multiplica por 10. Si a eso se añade que el propio Trump fue contaminado —aunque se recuperó sorprendentemente en pocos días—, el aura de fortaleza que rodeaba al rubio presidente sufrió un duro golpe.


Conviene no olvidar que aún no es presidente "oficial". Lo será cuando el 14 de diciembre lo confirme el Colegio Electoral y el 3 de enero lo ratifique el Congreso. No creo que puedan prosperar las casi 400 demandas presentadas por los republicanos o las casi 20 presentadas directamente por la nube de abogados de Trump en 44 estados. La OSCE, a través de su misión de observación electoral, ha sostenido en un comunicado reciente que la elección fue "reñida", pero "bien administrada por los estados".

Problemas judiciales

Incluso el jefe de la misión observó: "Las acusaciones infundadas de deficiencias sistemáticas, en particular por parte del presidente en ejercicio, incluso en la noche de las elecciones, dañan la confianza pública en las instituciones democráticas".

En relación con el Tribunal Supremo de Estados Unidos —si a él llegara alguna de las demandas de Trump— veo difícil que prosperen o que tengan influencia en el resultado. Por una parte, el caso de Bush contra Gore (Florida, 2000) es dudoso que pueda ser considerado un precedente, ya que se refiere a un evento muy excepcional. Antes de 2020, la Corte Suprema lo había mencionado solo una vez en las últimas dos décadas. Por otra parte, aún con su base conservadora, tendría que declarar nulas, al menos, las elecciones en dos estados para que Trump pudiera acercarse al resultado de Biden en el Colegio Electoral. En fin, cuando la distancia entre los candidatos a un cargo federal es mucha (en este caso: Biden, 290 votos electorales; Trump, 217), los Tribunales se muestran remisos a dar sentencias que puedan alterar significativamente el resultado final.


Tres problemas —entre otros muchos— le plantean a Biden su elección para la Casa Blanca. El primero, lograr de Trump una transición ordenada y obtener el sosiego necesario para cubrir 4000 cargos políticos, de las cuales 1200 necesitan confirmación del Senado. El segundo, una vez tomada posesión, mantener a raya a la izquierda radical que se siente acreedora en buena medida del triunfo de Biden. Este es un pragmático, no un revolucionario. Pero deberá escuchar a una horda de exaltados que lo han apoyado y que no están dispuestos a darle al nuevo presidente ni la tregua de los 100 días. Deberá salir indemne del "fuego amigo".

¿Kamala Harris, presidenta 'de facto'?

El tercero es a más largo plazo. Es verdad que Biden —prescindiendo de las acusaciones de Trump acerca de una supuesta "demencia senil"— durante la campaña ha mostrado que la edad le viene pesando, que no consigue articular adecuadamente sus ideas y que la fatiga ha sido una constante en sus intervenciones. Por contraste, su vicepresidenta es joven, fuerte y ambiciosa. De ahí la sospecha de la prensa, como ya hice notar en 'El Mundo' de que, en realidad, la que llevará el día a día de la presidencia será la asiática/californiana, reservándose Biden los actos más o menos representativos y ostentosos. En una palabra, que la presidenta efectiva podría ser Kamala.

En fin, tiene un problema de conciencia por su condición de católico. La Conferencia Episcopal Estadounidense acaba de emitir un comunicado felicitando a Biden y Harris por su triunfo electoral. Pero en su Declaración desliza este párrafo: "La visión de los misioneros y fundadores de Estados Unidos era la de una nación bajo Dios, donde se defiende la santidad de cada vida humana y se garantiza la libertad de conciencia y religión". Biden, aunque a veces se ha manifestado 'pro-choice', si es consecuente, deberá frenar la pretensión de su vicepresidenta de ampliar aún más el aborto.

A largo plazo, el problema es si Biden tiene la fuerza necesaria para empujar la enorme piedra de la presidencia cuesta arriba. Si podrá asumir el imponente desafío al que se enfrenta, al contemplar su país y el mundo desde su observatorio de la Casa Blanca.

Para él una ayuda importante será Jill, su esposa. Los ocho años como "segunda dama" —al ser la esposa del vicepresidente de Obama—, su buena relación con Michelle Obama durante esos años y su experiencia cerca del poder le da una experiencia muy valiosa para ayudar al nuevo presidente.

*Rafael Navarro-Valls es catedrático, académico y analista de la Presidencia de Estados Unidos.

Tribuna
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