No es solo el comercio, es el futuro de la soberanía europea
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No es solo el comercio, es el futuro de la soberanía europea

La supervivencia del comercio de proximidad es solo una manifestación de la encrucijada en la que Europa se juega su futuro como sociedad, como economía y como democracia

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Seguro que la escena le resulta familiar. Para regalar, por las ofertas o en el simple día a día, recurrimos al comercio electrónico, tan cómodo y tentador en esta época extraña en que las multitudes nos provocan aprensión. Y una vez que nos decidimos por comprar 'online', la alternativa más fiable es Amazon, con su enorme oferta, sus competitivos precios y, sobre todo, su eficaz sistema de entregas.

Luego, es probable que sintamos cierta mala conciencia, especialmente si vivimos en núcleos urbanos densos, de esos en los que reconoces a los comerciantes del barrio. Tenemos vagamente presente alguna de esas campañas en que se nos anima a comprar en el comercio local o de proximidad, y no en los grandes gigantes del comercio electrónico de origen norteamericano o asiático. Conocemos a grandes rasgos los argumentos que utilizan en contra de estas empresas digitales multinacionales —elusión fiscal, trabajo precario, uso espurio de los datos—, y normalmente los compartimos. La próxima vez, compraremos en la librería de la esquina. Si es que sigue abierta.

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters) Opinión

¿Por qué pensamos de una forma y actuamos de otra? En un artículo publicado en este mismo medio, Esteban Hernández comentaba “la falacia de los precios baratos”. Su tesis se podría resumir en que más allá de la utilidad, la comodidad y el ahorro que nos ofrecen las grandes tecnológicas, debemos reparar en los efectos que producen. Y son nocivos. “Cuando un pequeño puñado de grandes empresas pueden pagar sus impuestos en paraísos fiscales, imponer normas lesivas a sus empleados y proveedores e ignorar las regulaciones, no tienen ningún problema en bajar los precios: les es posible hacerlo porque no respetan las normas a las que sí están sujetos sus competidores. Con condiciones muy favorables, es muy fácil competir”, escribía.

Todo, con el señuelo para el consumidor de los precios bajos. Pero no nos damos cuenta de que lo barato puede ser un espejismo efímero. Recurro de nuevo a Hernández: “Una vez que los monopolios o los oligopolios se han asentado, los consumidores quedan cautivos y, a partir de ese momento, los precios suben”.

El excesivo poder de un eslabón de la cadena de valor es como un tumor que se extiende

El excesivo poder de un eslabón de la cadena de valor es como un tumor que se extiende por toda ella: primero perjudica a un sector, luego a otro y luego a todos. En ese proceso estamos desde hace años, sin que apenas nos demos cuenta. Se disfraza de avance e innovación tecnológica lo que desde hace tiempo no es más que un proceso acelerado de concentración de poder en unas pocas corporaciones. Un fenómeno de los que, antes de lo que ahora denominamos genéricamente digitalización, se consideraban inadmisibles en cualquier regulación para proteger una competencia equilibrada.

¿Qué soluciones hay, cómo se pueden compatibilizar los beneficios aportados por las plataformas tecnológicas y los efectos negativos que su abuso de poder ejerce sobre la sociedad, la economía y la ciudadanía? Hernández apelaba a la acción legislativa y calificaba de desenfocadas las campañas que ponen el acento en las decisiones del consumidor.

Desde la organización que presido, la Asociación Europea para la Transición Digital, pusimos en marcha, el pasado noviembre, una acción de este tipo en las cuatro principales economías de la zona euro —Italia, Francia, Alemania y especialmente España—. Nuestra campaña se llama ‘Salva tu zona’ e incide en la necesidad de defender el comercio de proximidad para tener ciudades más vivas, con más tejido económico y más acordes al modo de vida y los valores europeos. El enfoque de esta iniciativa es muy urbano, y por eso escribimos a centenares de alcaldes para solicitar su adhesión a la campaña.

Foto: Imagen de S&P. (Efe)

¿Sirven o no sirven estas iniciativas? Somos conscientes de que puede ser ingenuo pensar que las decisiones individuales de cada consumidor van a ser capaces de revertir una situación preocupante, si paralelamente no se aprueban regulaciones para salvaguardar los derechos de los consumidores a la privacidad y control de sus datos y para asegurar la competencia leal entre los múltiples operadores europeos en el nuevo entorno digital, que hoy se encuentra claramente dominado por las ‘big tech’. También es hasta cierto punto injusto, ante la inacción del legislador, trasladar el problema a los consumidores, a quienes no se puede pedir profundas reflexiones sociológicas sobre las consecuencias de sus actos.

Pero los principios y argumentos detrás de ‘Salva tu zona’, y de otras muchas iniciativas semejantes por toda Europa, apelan a la conciencia del consumidor y lo convocan para convertirse en ciudadano, aumentando la presión sobre legisladores, reguladores y políticos en general. Siempre ha sido así: la historia nos muestra que, tras el impacto económico y social provocado por una revolución tecnológica, las economías de mercado reaccionan ajustando y adaptando los marcos institucionales y regulatorios al cambio tecnológico. Por ejemplo, algunos tipos de tecnología pueden ser prohibidos por ley, si su efecto viola las normas sociales (como ha sucedido con algunos tipos de ingeniería genética). O como parece que se terminarán regulando las condiciones de trabajo y el empleo en las plataformas. Es decir, los Estados, o la Unión Europea, intervienen para reordenar nuevos desequilibrios y contradicciones. La Unión Europea parece haber recogido el guante en la Digital Services Act y la Digital Markets Act, aún en fase de borrador.

En la AETD, coincidimos con la orientación y los primeros pasos dados por la UE porque creemos que, simple y llanamente, la soberanía europea, en una triple dimensión, corre peligro: soberanía económica, con empresas europeas intentando competir en mercados distorsionados por el poder de las plataformas no europeas; soberanía política, es decir, la capacidad de decidir nuestro futuro sin interferencias, algo que la realidad ha demostrado que ya está en riesgo, y soberanía ciudadana, sin violaciones de la privacidad ni uso torticero de datos personales, pues lo que es inadmisible en el mundo analógico también debe serlo en el digital.

Como ciudadanos europeos, no podemos aceptar que haya dos mundos divergentes, uno digital y otro físico, independientes uno del otro

Como ciudadanos europeos, no podemos aceptar que haya dos mundos divergentes, uno digital y otro físico, independientes uno del otro. Y ese riesgo existe. La reciente experiencia del asalto al Capitolio demuestra hasta qué punto las redes sociales pueden contribuir a dividir una sociedad viviendo en dos realidades diferentes y paralelas. Además, nos demuestra que una decisión unilateral de Jeff Bezos o de Mark Zuckerberg —y no una legislación adoptada democráticamente— puede silenciar a todo un presidente de Estados Unidos o expulsar del ámbito 'online' a una web portavoz de movimientos pro-fascistas como Parler.

Los políticos, legisladores y ciudadanos de la UE tenemos que reaccionar rápido y desde todos los frentes: la fiscalidad, la regulación laboral, mejorar la competencia sin cercenar la innovación local, proteger la privacidad de los ciudadanos… No es un camino fácil, y todos los esfuerzos son bienvenidos. Por eso, apelamos al consumidor para que compre en su zona con conciencia ciudadana, de ciudadano europeo. Porque la supervivencia del comercio de proximidad es solo una manifestación más de la encrucijada en la que Europa se juega su futuro como sociedad, como economía y como democracia.

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*Ricardo Rodríguez Contreras es presidente de la AETD.

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