Si Rajoy sale de esta, me como mi sombrero

Estas elecciones las ha ganado la izquierda. Las ha ganado porque en este momento tiene en sus manos la posibilidad de hacerse con la parte más importante del poder institucional

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias, tras conocerse los resultados de las elecciones. (Reuters)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, tras conocerse los resultados de las elecciones. (Reuters)

En el momento de escribir estas líneas no ha terminado el escrutinio y algunas cosas pueden aún cambiar. Pero la línea gruesa del resultado electoral está ya trazada y algunas conclusiones pueden adelantarse. Ya tendremos tiempo de perfilar con trazos más finos el análisis de estas complejísimas elecciones. [Consulte aquí los resultados autonómicos y municipales]

Que sí, que el bipartidismo ha retrocedido muy severamente: del 65% en 2011 para la suma de PP y PSOE al 52% en 2015. Trece puntos son muchos puntos, pero tampoco es la hecatombe que se  auguraba. Además, si vamos a fijarnos en esa cifra del total de votos a nivel nacional (una referencia bastante inútil en unas elecciones como estas), la caída es desigual: el PP ha bajado 10 puntos (del 37% al 27%) y el PSOE sólo 3 (del 28% al 25%).

Que sí, que han volado todas las mayorías absolutas y el mapa político se ha fragmentado muchísimo. Pero eso ya lo sabíamos antes de empezar a contar los votos: en ese aspecto no ha sucedido nada que no fuera esperado. Nos tendremos que acostumbrar a vivir en los próximos años o bien con Gobiernos minoritarios o bien con Gobiernos resutantes de pactos políticos complejos: en todo caso, equilibrios inestables (lo que por otra parte es habitual en muchos paises de Europa, como nos recordaba hace unos días Víctor Lapuente).

Que sí, que el PSOE ha tenido un resultado catastrófico en las grandes ciudades (tercero en Madrid, cuarto en Valencia, ¡quinto en Barcelona!, tercero en Zaragoza y en Bilbao): algo sobre lo que tendrán que pensar profundamente sus dirigentes. Y también que estas elecciones marcan el principio del fin de la hegemonía del PSOE en la izquierda española. A partir de ahora los socialistas tendrán que acostumbrarse a compartir  ese amplio espacio progresista con otras fuerzas que evidentemente han llegado a la política española para quedarse, singularmente con Podemos.

El candidato socialista a la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, vota en las elecciones del domingo. (EFE)
El candidato socialista a la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, vota en las elecciones del domingo. (EFE)

Pero dicho todo eso, salgamos del enrevesado mundo de las cifras y de los porcentajes y proyectemos este resultado sobre lo que realmente se decide en unas elecciones: el reparto del poder institucional. Los Gobiernos.

Los analistas tardaremos meses en desentrañar el resultado aritmético de estas elecciones y probablemente nunca llegaremos a ponernos de acuerdo en la interpretación de los datos. Pero su resultado político inmediato está mucho más claro de lo que cabía esperar: Estas elecciones las ha ganado la izquierda. Las ha ganado porque en este momento los partidos de izquierda tienen en sus manos la posibilidad de hacerse con la parte más importante del poder institucional: la mayoría de los Gobiernos municipales de las ciudades más importantes de España dependen exclusivamente de un acuerdo entre las fuerzas de izquierda. Y lo mismo ocurre con la mayoría de los 13 Gobiernos autonómicos que se votaron ayer.

No es verdad que, como se esperaba, Ciudadanos se haya convertido en el árbitro de la situación ni que el PP pueda aspirar a retener los Gobiernos en los que ha perdido la mayoría absoluta logrando el apoyo o la condescendencia del partido de Albert Rivera. Eso ocurre en algunos lugares, pero son los menos.

Lo que ocurre en la mayoría de los sitios importantes es que la suma de los escaños obtenidos por el PSOE, Podemos y otros partidos de izquierda son suficientes para hacerse con el poder. La izquierda depende de sí misma para gobernar. O dicho de otra forma, las esperanzas del PP de retener Gobiernos están en que la izquierda no se ponga de acuerdo. Y eso es mucho esperar dadas las circunstancias.

La estrategia de Podemos de presentarse a las municipales en candidaturas diversas presentadas como plataformas ha sido un éxito completo

Tomemos las 20 ciudades con mayor población. En terminos políticos, el ganador indiscutible de las elecciones municipales ha sido Podemos. No es un dato menor que los partidos a la izquierda del PSOE estén hoy en condiciones de hacerse con las alcaldías de cuatro de las cinco ciudades más grandes de España. Puede haber alcaldes de Podemos en Madrid, en Barcelona y en Zaragoza; y de Compromís en Valencia.

La estrategia de Podemos de presentarse a las municipales en candidaturas diversas presentadas como plataformas ciudadanas ha sido un éxito completo. Y allí donde Izquierda Unida se ha sumado a esa estrategia el éxito ha sido aún mayor y se ha salvado de la ruina. Otro pelo le luciría al obtuso partido de Cayo Lara si en lugar de suicidarse hubiera hecho en toda España lo que inteligentemente hizo Iniciativa en Barcelona.

Además, si tiene el apoyo de la izquierda –o en algunos casos simplemente su no obstrucción- el PSOE puede hacerse con unas cuantas alcaldías más, entre ellas Sevilla. El PP sólo podría retener ocho de las veinte mayores ciudades y eso contando con la tolerancia de Ciudadanos.

Y si Podemos es el ganador de las elecciones municipales, el PSOE está en condiciones de ser el gran triunfador de las autonómicas. Hasta este domingo solo tenía dos Gobiernos, Andalucía y Asturias. Pero este resultado le abre la posibilidad de hacerse nada menos que con las presidencias de otras seis comunidades: Aragón, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Extremadura y Baleares. Ciertamente, en todas ellas estará en manos de Podemos y en algunas ni siquiera eso será suficiente y tendrá que armar acuerdos a varias bandas. Pero así, como de carambola, su pésimo resultado puede depararle el regalo inesperado de un montón de Gobiernos, y cuando uno ha pasado tanta hambre y le ponen delante una montaña de pastel no se pregunta por los efectos que el banquete tendrá para su salud futura.

Ciertamente, las experiencias anteriores de Gobiernos de coalición de esa naturaleza han sido amargas y han tenido un coste político muy elevado. Pero me temo que ni los dirigentes del PSOE ni los de Podemos van a tener mucho margen para medir estos riesgos. Cuando la gente se haga cargo de la situación, la presión sobre Sánchez e Iglesias para que no dejen pasar la ocasión de dejar al PP desprovisto de más de la mitad de su poder institucional va a ser imposible de resistir.

Las experiencias anteriores de Gobiernos de coalición de esa naturaleza han sido amargas y han tenido un coste político muy elevado

Es verdad que para ambos la operación tiene peligros muy serios a medio plazo y que tendrán que tragarse unos cuantos sapos, especialmente el PSOE, acostumbrado desde hace 40 años a negociar dentro de la izquierda desde la hegomonía indiscutida. Pero los beneficios a corto plazo son demasiado tentadores como para rechazarlos.

Y si los ganadores están claros, también lo está el perdedor: el PP. Por mucho que las televisiones llenaran anoche el mapa de azul y repitieran hasta el hastío que el PP ha sido el partido más votado a nivel nacional, nada ni nadie les compensará si como resultado de un posible acuerdo de izquierdas se ven despojados de gran parte de su poder territorial.

 Si Rajoy sale de esta, me como mi sombrero.

Una Cierta Mirada
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