Nueva encuesta: Ciudadanos al galope

Su techo está por conocer. Lo que sabemos es que hoy es el partido con más aceptación y con menos rechazo. Más de la mitad de los ciudadanos (51%) considerarín la posibilidad de votarlo

Foto: El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (Reuters)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (Reuters)

Bueno, pues ya está aquí: la encuesta que hoy publica El Confidencial es la primera en la que Ciudadanos supera al PSOE en la estimación de voto y se coloca en segunda posición. En el argot de las carreras de caballos, lo que está haciendo el partido de Albert Rivera se llama “venir de finales”: surgir desde la cola del pelotón y rebasar rivales como un cohete para llegar a los metros finales luchando con los de cabeza.

Ya ha pasado más de un mes desde el 27-S, así que no puede seguir pensándose que esto de C’s es solo un calentón por la euforia de aquel resultado. Por el contrario, en esta encuesta hay muchos indicios de que el avance de Ciudadanos es consistente.

Es una crecida que se confirma en todos los indicadores. No solo la intención de voto: también las transferencias que recibe de otros partidos, su penetración transversal en los sectores sociales y en los tramos de edad, su  competitividad en la zona del espacio ideológico en la que más votos se juegan y, como veremos mañana en EC, la extraordinaria fortaleza de su líder en comparación con sus adversarios.

Su techo está por conocer. Lo que sabemos es que hoy es el partido con más aceptación y con menos rechazo. Más de la mitad de los ciudadanos (51%) consideraría la posibilidad de votarlo y solo el 43% lo descarta. Esto quiere decir que hoy C’s tiene un mercado potencial, como primera o segunda preferencia de voto, más amplio que el de cualquier otro partido.

La gente lo sitúa en el centro-derecha pero crece en todas las direcciones porque su expansión no se debe a factores ideológicos sino climáticos. Obviamente, recibe más votos del PP que del PSOE, aunque solo sea porque la masa de votantes del PP de 2011 es mucho mayor. Pero al PSOE le hace un daño enorme porque le tapona la recuperación de los casi dos millones de votantes socialistas que se pasaron al PP en las últimas generales. Podrían haber regresado, pero parecen haber encontrado en C’s un recipiente más confortable para su voto descontento.

Ahora hay que ver a Albert Rivera y a su equipo en una de las asignaturas más difíciles de la estrategia electoral, que es la gestión de las expectativas. Lo cierto es que hace pocas semanas Podemos y C’s competían por la tercera posición y a partir de hoy lo que se discute es el segundo puesto entre C’s y el PSOE. Y ya veremos lo que finalmente se dirime el 20 de diciembre.

Esto de la posición en la meta tiene efectos muy importantes en la cuenta de escaños. Hay provincias pequeñas en las que solo obtendrán escaños los dos primeros y quedará fuera el tercero; y muchas medianas en las que pueden entrar al reparto los tres primeros pero el cuarto, aunque lo sea por décimas, quedará excluido. Y eso por no hablar del Senado: si se confirma su tercera posición, el PSOE podría quedarse sin senadores en la mitad del país

El segundo impacto de la encuesta es la confirmación de la crisis del bipartidismo. Hace solo siete años (2008), el PSOE y el PP sumaron el 84% de los votos de los españoles; en 2011 pasaron al 73%, y según esta estimación, los dos grandes partidos sumados se quedan en un modestísimo 45%. Entre los dos trasatlánticos históricos de la política española no alcanzan a obtener el voto de uno de cada dos ciudadanos. Tremendo.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. (EFE)
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. (EFE)

Y otra tendencia que se confirma con creces: la fragmentación. Si el primer partido está por debajo del 30% y el cuarto en la zona del 15%, ¿quién puede proclamarse vencedor? Se debilita mucho la teoría de que necesariamente ha de gobernar el partido más votado cuando este ni siquiera tiene el apoyo de un tercio de los votantes.

Hablando del partido más votado: lo del PP es algo muy próximo a una debacle. Retrocede la friolera de 18 puntos, batiendo el récord bajista del PSOE en 2011. De los 11 millones de personas que lo votaron entonces, hoy solo se mantienen fieles unos cinco millones. Los demás están en la indefinición o ya han desembarcado en Ciudadanos.

En realidad, y esto es aún más grave, el PP es como una fortaleza asediada: solo resiste porque mantiene la hegemonía en el espacio de la derecha pura y en los mayores de 65 años. Solo el 28% de los españoles consideraría la posibilidad de votarlo y el 67% lo descarta por completo. Es paradójico que el partido con menos aceptación y más rechazo sea el primero en intención de voto: solo se explica por el enorme volumen de su masa electoral de partida y por la fragmentación reinante.

En todo caso, parece que sus posibilidades se reducen ya a una defensa numantina de su núcleo duro (que no es nada despreciable, ya lo quisieran otros) para protegerlo de la 'marea naranja'. Y además, tiene dentro de sí -como también veremos en EC mañana- un elemento tóxico, un consumado 'piantavotos' llamado Mariano.

Lo del PSOE es aún más triste, si cabe. Al PP lo atacan por un flanco, el de Ciudadanos, pero resiste aferrado a sus incondicionales. Pero el electorado del PSOE es mucho más blandito y además tiene que hacer frente a dos opas igualmente hostiles: la de Ciudadanos y la de Podemos. En 2011, pese al temporal, siete millones de héroes mantuvieron su fidelidad. Hoy, solo un tercio de ellos sigue en el barco, un segundo tercio se lo está pensando y el tercero se ha pasado ya a Podemos o a Ciudadanos.

Hace pocas semanas Podemos y C’s competían por la tercera posición y a partir de hoy lo que se discute es el segundo puesto entre C’s y el PSOE

Hace cuatro años, el voto socialista se centrifugó en todas direcciones. Ahora se difumina, es más un desvanecimiento que un colapso. El drama del PSOE es que está flanqueado por dos partidos nuevos en plena temporada de novedades; y a fuerza de querer jugar a todo, el producto que ofrece no es soso ni salado, ni definitivamente antiguo como Rajoy ni rabiosamente moderno y joven como Rivera, ni tradicional ni rebelde. Es el voto 'desaborío', pura gaseosa-cero-calorías en la fiesta de los licores fuertes.

De hecho, tiene suerte de que Iglesias y Garzón no hayan confluido porque, con esta estimación en la mano, el 13,8% de Podemos y el 7% de IU sumarían 20,8%, y entonces el PSOE ya no estaría tercero sino cuarto.

Por cierto, parece que el sectarismo de Iglesias ya ha dado su primer fruto: IU da nuevas señales de vida y se pone al nivel de su resultado de 2011. 

Insisto en lo de siempre: tomen esto como una imagen fija del momento y no como un pronóstico. Y ahora más que nunca, porque en esta ocasión las cosas van a galope tendido y en la meta puede pasar cualquier cosa, incluso una 'photo-finish' entre tres (del Gobierno resultante de semejante berenjenal, ya hablaremos).

La encuesta, como podrán comprobar a lo largo del fin de semana, ofrece mucha información interesante. Agradezcamos a DYM y a El Confidencial que en esta estimación se hayan abstenido de especular con la participación -algo claramente prematuro a estas alturas- y de aventurarse a calcular el reparto de escaños en 50 provincias con una muestra nacional de 1.000 entrevistas. Se llama profesionalidad.

Una Cierta Mirada
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