Increíble: Rajoy se borra del debate y envía a Soraya

El presidente del Gobierno ha decidido enviar al debate televisivo a Soraya Sáenz de Santamaría. Con esta decisión, Rajoy se está pegando un tiro en la pierna, uno de tantos

Foto: Soraya Sáenz de Santamaría junto a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno. (Reuters)
Soraya Sáenz de Santamaría junto a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno. (Reuters)

Falta un año para las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Ni siquiera han comenzado las primarias: el 'caucus' de Iowa, que tradicionalmente marca el arranque de la carrera electoral, será el 1 de febrero. Pero ya se han celebrado cinco debates entre los candidatos presidenciales: dos entre los demócratas y tres entre los republicanos. Por supuesto, con asistencia de todos ellos: el que cometiera la locura de no presentarse a uno de esos debates debería dar por liquidada su candidatura.

A estas alturas, la agenda de los debates presidenciales está perfectamente programada: durante las primarias, habrá seis debates demócratas y nueve republicanos entre los candidatos que vayan sobreviviendo en esta carrera de eliminación. Se conocen las fechas, los lugares y las reglas. Además, cuando ya estén nominados los dos candidatos principales, habrá dos o tres debates entre ellos y al menos uno entre los candidatos a vicepresidente.

Todo perfectamente previsto y acordado, como ven. La cosa es la siguiente: no hay ninguna ley en Estados Unidos que regule los debates ni que establezca cómo y cuándo deben celebrarse, ni mucho menos que obligue a los candidatos a participar en ellos. Hay algo mucho más poderoso que una ley: la sanción ciudadana que, de hecho, eliminaría automáticamente de la competición a quien se atreviera a boicotearlos por acción u omisión. Negarse a debatir significa tarjeta roja directa: y la tarjeta no la muestra ninguna clase de autoridad electoral, sino quienes más y mejor pueden hacerlo, que son los votantes.

¿Es Sáenz de Santamaría candidata a Presidenta del Gobierno? No, ni siquiera es candidata a vicepresidenta porque esa figura no existe en España

Hay dos concepciones sobre los debates electorales. En algunos lugares -Estados Unidos es el ejemplo más notorio- se considera que los ciudadanos tienen derecho a ver debatir entre sí a quienes piden su voto. Y siendo un derecho de los ciudadanos, se convierte en una obligación absoluta para los candidatos. No hay manera de escurrir el bulto sin sufrir las consecuencias.

Hay otros lugares -entre ellos, desgraciadamente, España- en los que los debates no se ven como un derecho de los votantes, sino como un instrumento táctico de los partidos o de sus candidatos. Ellos son quienes administran a su conveniencia si hay debates o no, cuántos y cómo se celebran y si participan o se ausentan. El debate es un elemento más de la estrategia de campaña: aquel que lo necesita lo promueve, y aquel al que le estorba lo rehúye o directamente lo sabotea.

Ello da lugar al grotesco ritual del 'debate sobre el debate'. Se lo digo por experiencia: cuando vean que los candidatos empiezan a amagar lanzándose públicamente desafíos y emplazamientos para debatir, es que alguno está preparando el escenario para escaquearse y trata sencillamente de embarrar el terreno para que su rival se coma al menos una parte del marrón.

En España no hay debates cuando los ciudadanos los demandan, sino cuando los partidos quieren. Y eso ocurre porque los que dirigen las campañas han comprobado que no se sufre una sanción electoral en forma de pérdida importante de votos por impedir un debate.

Cuando Felipe González perdió por los pelos con Aznar en 1996 dijo: “Me ha faltado una semana o un debate”. Lo que no dijo es que en todas las elecciones anteriores él pasó olímpicamente de debatir con su adversario del PP, lo que no fue obstáculo para que obtuviera varias mayorías absolutas consecutivas. Como tampoco supuso ningún problema para Aznar eludir el debate con Almunia en 2000; y si Rajoy perdió en 2004 no fue por no querer debatir con Zapatero, sino porque sucedió lo que sucedió.

Esta decisión es un lose-lose para el candidato Rajoy. Si Soraya pierde el debate, malo para Rajoy. Y si Soraya gana el debate, peor para Rajoy

Esta no es una cuestión de derecho administrativo, sino de cultura democrática. La solución del problema de los debates electorales en España está únicamente en manos de los ciudadanos. El día en que un partido pierda unas elecciones por haber saboteado un debate electoral, se acabó la broma. Siempre tengo la esperanza de que esta sea la primera vez.

En esta ocasión estaban todos muy callados, lo cual era para mí una buena señal: esto significa, me decía, que están negociando en serio y no vamos a tener que soportar el estúpido debate sobre el debate que usualmente precede al no debate. La sorpresa ha sido mayúscula al saber que sí, habrá un debate a cuatro (no podía ser de otra manera), pero el candidato del PP a la Presidencia del Gobierno no estará presente en él y enviará como suplente a la candidata número dos por Madrid.

En política se puede hacer todo aquello que se pueda explicar. Pero si no lo vas a poder explicar, es mejor que no lo hagas. Pues bien, esta es una de las cosas que no hay forma de explicar. Se me ocurren muchas formas de justificar que no quieres participar en un debate, todos los que hemos hecho campañas nos hemos inventado unas cuantas. Pero una vez que admites acudir, que el titular se borre del partido y envíe a un suplente solo se puede interpretar de dos formas: o como un acto de soberbia, un insulto a los ciudadanos y un desprecio a los otros candidatos, o como una muestra de cobardía política. O como las dos cosas a la vez, que me parece que es el caso.

Al borrarse del debate y enviar a otra persona, Rajoy admite implícitamente que su candidatura es electoralmente tóxica para su partido

¿Es Soraya Sáenz de Santamaría candidata a presidenta del Gobierno? No, ni siquiera es candidata a vicepresidenta, porque esa figura no existe en España. Que yo sepa, es candidata a diputada por Madrid. ¿Qué responderá cuando sus interlocutores digan “si yo soy presidente, haré tal cosa”? ¿Contar lo que hará Mariano el ausente?

En estas elecciones, Rajoy es el único candidato presidencial que tiene veteranía y experiencia de gobierno, y se enfrenta a tres debutantes. Si quisiera poner en valor esos atributos, tendría que plantarse frente a sus noveles adversarios, abordar uno por uno los grandes problemas y demostrar que él está preparado para dirigir el país y ellos no. Pero borrarse del debate y enviar a otra persona significa admitir implícitamente que su candidatura es electoralmente tóxica para su partido.

Esta decisión es un 'lose-lose' para el candidato Rajoy. Si Soraya pierde el debate, malo para Rajoy. Y si Soraya gana el debate, peor para Rajoy: solo servirá para confirmar que, como muchos piensan, mejor le iría al PP en estas elecciones si la candidata hubiera sido ella, experiencia de gobierno y juventud en una misma persona.

Quizá Rajoy se esté reservando para un cara a cara en la televisión pública con Sánchez, un partido facilito jugando de local. Ambos perderán ese debate. Primero, porque esta no es una elección bipartidista. Segundo, porque después del 'show' a cuatro a nadie le va a interesar ni nadie espera un destello de esos dos pistoleros. Y tercero, porque ya se ocuparán Iglesias y Rivera de desacreditar el enésimo Cánovas-Sagasta y de que destaque más la sombra de sus ausencias que las presencias.

Me temo que, con este gambito, Mariano se ha dado un tiro en la pierna. Uno más. Y si me apuran, esto es peor que lo del plasma.

Una Cierta Mirada
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