La solución no es repetir elecciones, sino formar gobiernos

En una democracia sana y adulta, los partidos responsables se adaptan a la situación que han creado las urnas y encuentran desde ahí las fórmulas que permitan gobernar el país

Foto: El jefe en funciones del Gobierno, Mariano Rajoy (d), y el presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)
El jefe en funciones del Gobierno, Mariano Rajoy (d), y el presidente en funciones de la Generalitat, Artur Mas. (EFE)

Me asombra la naturalidad con la que se contempla y se acepta un hecho tan grave como tener que repetir unas elecciones democráticas porque el Parlamento que se ha elegido rehúsa cumplir con su primera misión, que es formar un Gobierno.

En una democracia sana y adulta, los partidos responsables se adaptan a la situación que han creado las urnas y encuentran desde ahí las fórmulas que permitan gobernar el país. Y si para ello tienen que aplazar o modular ciertas pretensiones programáticas, o han de compartir el poder, o algún dirigente tiene que dar un paso atrás, ese es su deber. Lo que no es de recibo es decirles a los ciudadanos: “Como no nos gusta o no nos conviene lo que ustedes han votado, vuelvan a votar hasta que el resultado nos satisfaga”. Y quienes por sectarismo o por cobardía política provocan esa situación merecen el repudio de la sociedad, empezando por el de sus votantes.

El 27 de septiembre en Cataluña, una candidatura obtuvo 62 diputados: más que suficiente para formar un Gobierno. De hecho, en siete de las 10 elecciones autonómicas anteriores, el primer partido logró menos escaños y siempre fue posible gobernar. A veces con mayorías absolutas, a veces con gobiernos de coalición o a veces con pactos de legislatura, pero nunca hasta ahora el Parlament de Catalunya había dimitido de su obligación de dar a luz a un Gobierno.

En 7 de las 10 elecciones autonómicas anteriores el primer partido logró menos escaños y siempre fue posible gobernar

¿Por qué ahora no es posible? Porque la fuerza mayoritaria no se conforma con el resultado. De alguna forma, no acepta la decisión popular. Solo están dispuestos a asumir el Gobierno si es con una mayoría absoluta independentista, si es para separar a Cataluña de España en 18 meses y si es con Artur Mas como presidente.

Pero ese no ha sido el mandato de las urnas. Es evidente que la mayoría quiere un Gobierno nacionalista y hay votos de sobra para hacerlo posible. Es evidente también que el llamado “derecho a decidir” cuenta con un amplio respaldo social, y sería lógico que el Gobierno resultante insista en ese punto. Pero los catalanes no han dado votos suficientes para lanzar inmediatamente un proceso secesionista liderado por Artur Mas. Y castigarles por ello obligándolos a volver a votar es, como mínimo, una falta de respeto. Que apechugue quien mezcló unas elecciones con un plebiscito y erró la apuesta.

En el fondo, los más coherentes han sido los de la CUP. Dijeron que sin el 50% de los votos no sería viable una declaración unilateral de independencia y se ha demostrado que tenían razón. Anunciaron que no votarían la investidura de Mas y lo han cumplido. Ellos no han engañado a nadie, ¿de qué les culpan ahora los auténticos culpables del disparate?

Hablemos de España. Se sabía que de estas elecciones saldría un Parlamento más fragmentado que los anteriores y sin mayorías claras. Era obligación de los responsables políticos tener previstos los escenarios para responder a algo que se veía venir desde hace dos años.

Además, tampoco ha sido para tanto: los dos primeros partidos suman el 61% de los escaños del Congreso, y entre los cuatro primeros acaparan el 92% de la Cámara. No es un Parlamento atomizado en grupúsculos como algunos de los que hay en Europa.

Lo que se anunciaba como la feliz llegada de una etapa de diálogo y pactos está resultando ser una apoteosis de la intransigencia y puñaladas entre partidos

Pero nada más conocerse el resultado, la España política se ha llenado de líneas rojas. Lo que se anunciaba como la feliz llegada de una etapa de diálogo y pactos está resultando ser una apoteosis de la intransigencia, las puñaladas entre los partidos y dentro de ellos, las “condiciones previas innegociables” y el escaqueo de las responsabilidades. Nos dijeron que la nueva política se parecería a 'Borgen', pero lo visto hasta ahora recuerda más bien a los episodios más sombríos de 'House of Cards'.

Se sospechaba que los acuerdos dependerían de Ciudadanos, pero la aritmética parlamentaria ha dictaminado que todas las fórmulas verosímiles de gobierno pasan por el PSOE. Una carambola inmerecida -como están demostrando-, pero así son las cosas.

Al PSOE le ha caído entre las manos la llave del Gobierno de España y, además, la posibilidad de elegir entre combinaciones distintas. Y lo que han hecho los socialistas ha sido arrojar la llave de las soluciones como si les quemara y convertirse, una vez más, en el centro del problema.

De repente se les ha llenado el cuerpo de escrúpulos: pactar con el PP no, porque son de derechas. Con Podemos no, porque piden referéndum para Cataluña; con el PP y Ciudadanos no, porque eso es entregarle el espacio de la oposición a Pablo Iglesias. Abstenerse para que gobierne Rajoy no, porque es Rajoy y lo hemos llamado indecente delante de todo el país, y solos no, porque con 90 escaños no nos da ni para acercarnos al jardín de La Moncloa.

Me pregunto si los jefes del PSOE se dan cuenta de que faltan 5 minutos para que a sus votantes se les agote la paciencia y le cierren el crédito para siempre

Todos esos motivos (¿o son excusas?) tienen algo en común: no se refieren a lo que necesita el país, sino a lo que necesita el PSOE. Mejor dicho, a lo que sus dirigentes creen que a cada uno de ellos le conviene. Hasta ahora no se les ha ocurrido que quizá lo que se echa de menos en ese partido es que deje de hurgar en su propio ombligo, que vuelva a pensar en España y se arriesgue a hacer lo que hay que hacer aunque no guste: una costumbre que perdieron hace tiempo.

Me pregunto si los jefes del Partido Socialista se dan cuenta de que faltan cinco minutos para que a sus votantes -los que le quedan- se les agote definitivamente la paciencia y le cierren el crédito de una vez y para siempre. Por si acaso, yo en su lugar no repetiría la prueba en mayo, que esas urnas las carga el diablo.

Tampoco está mal lo del PP: con 123 escaños y tras haber perdido cuatro millones de votos, tienen la arrogancia de reclamar para sí el derecho a gobernar en solitario, exigir a los demás que se lo faciliten a cambio de nada y además imponer como presidente al político más tóxico de España. Y a eso lo llaman “España en serio”…

Claro que se puede formar gobiernos estables desde la fragmentación política. 24 de los 28 países de la Unión Europea tienen gobiernos de coalición

Y Pablo Iglesias, que cree que saldrá ganando con la repetición de elecciones, lo tiene fácil: pone como condición 'sine qua non' una cosa incompatible con la ley y se sienta a esperar la cosecha de marzo en Cataluña y la de mayo en España (eso sí, lo de firmar por la democracia en Venezuela no entra en sus planes). Estúpidos los demás si se lo permiten.

Claro que se puede formar gobiernos estables desde la fragmentación política: 24 de los 28 países de la Unión Europea tienen gobiernos de coalición. Pero el mejor ejemplo está aquí mismo: hay más de 8.000 municipios en España. También en ellos se han fragmentado los ayuntamientos, pero hoy todos tienen su alcalde y su Gobierno municipal. ¿Saben por qué? Porque las elecciones municipales no se pueden repetir.

Así que si no lo hacen ahora, no es porque no sepan, es porque no quieren. Recuérdenlo cuando les pidan de nuevo el voto en un par de meses.  

Una Cierta Mirada

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