Esta ronda la pagamos todos

Estos cuatro meses de ceniza han mostrado hasta qué punto lo que más falla hoy en la política española es el factor humano

Foto:  El rey Felipe VI recibe al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (EFE)
El rey Felipe VI recibe al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (EFE)

Que las rondas no son buenas,

Que hacen daño, que dan pena,

Y se acaba por llorar

Agustín Lara

Nos vamos a hartar de análisis electorales, pero hoy toca comentar el paso de los líderes por La Zarzuela para expedir el certificado de defunción de la legislatura.

La política democrática consiste en lidiar con realidades complejas, exigentes y trascendentes. Exige ideas de fondo y capacidad resolutiva. Y tiene también una parte escénica, porque para ganarse la confianza social hay que componer personajes creíbles e interpretarlos de forma convincente.

Una adecuada relación con la realidad, soluciones basadas en ideas y una puesta en escena persuasiva: cuando un dirigente reúne estas tres cosas, estamos ante un líder (el ejemplo más claro de nuestro tiempo es el presidente Obama). Si falta alguna de ellas, se puede sobrevivir en la política mientras no te engañes ni te engañen sobre tus posibilidades. Y cuando faltan las tres, estamos en la España de 2016.

Estos cuatro meses de ceniza han mostrado hasta qué punto lo que más falla hoy en la política española es el factor humano. Y por si el espectáculo hasta ahora no hubiera sido suficiente, el lamentable desarrollo de la jornada de ayer fue un broche digno de tanta pequeñez.

La entrevista con el Rey no es un acto de precampaña electoral ni una plataforma de propaganda. No es el pretexto para lanzar un mitin, ni un spot publicitario

Cuando el país está al borde de una desgracia política como el fracaso de unas elecciones y el jefe del Estado llama a los líderes políticos antes de rubricar el descalabro, al menos la jornada de consultas debería ser una tregua en la impostura.

Para empezar, no se retransmiten las conversaciones con el Rey. No sale uno disparado de La Zarzuela para contar “lo que le dije y lo que me contestó”. Primero, porque el Rey no da ruedas de prensa narrando sus conversaciones con los políticos y es ventajista poner en su boca lo que él no desmentirá; segundo, porque la versión que se relata siempre es parcial y manipuladora, y tercero, coño, por pura urbanidad institucional.

No se utilizan las consultas para continuar simulando una negociación que está muerta desde hace semanas. A La Zarzuela se va negociado, señores, y mucho más en estas circunstancias. Y si la negociación ha fracasado, se acude para constatar el fracaso y punto. La llamada del Rey no es una ocasión para amagar con más propuestas imposibles, ni para condicionar el discurso a los que vienen detrás, ni para lanzar el enésimo globo sonda que nos permita quedar bonito a costa de los demás.

La entrevista con el Rey no es un acto de precampaña electoral ni una plataforma de propaganda. No es el pretexto para lanzar un mitin, ni la rueda de prensa posterior es un 'spot' publicitario. No es la hora de los gurús de imagen ni de los 'sound-bites'.

Hay mucho tiempo hasta el 26-J para prolongar esta feria hasta la náusea, para seguir culpando al prójimo de los errores propios. Pero ayer no era el día

Esta ronda de consultas es un trámite constitucional -triste trámite, en este caso-, necesario para liquidar la legislatura que no llegó a nacer y convocar las elecciones que nadie quiso pero entre todos provocaron. Y lo mínimo que puede pedirse en esa tesitura es un poco de sobriedad y mucho menos cacareo.

Es muy sencillo: “Me he entrevistado con el Rey, le he transmitido que no ha sido posible un acuerdo para formar Gobierno y que a día de hoy ningún candidato reúne los apoyos suficientes en el Congreso para ser elegido presidente. El jefe del Estado tomará la decisión que constitucionalmente corresponda”. Dadas las circunstancias, todo lo demás sobra y casi todo lo que escuchamos ayer fue doblemente insolente: con el propio jefe del Estado y con los ciudadanos.

Hay mucho tiempo hasta el 26 de junio para prolongar esta feria hasta la náusea, para seguir culpando al prójimo de los errores propios y vendiendo como nuevas mercancías viejas y comprobadamente averiadas. Pero ayer no era el día, por favor, un poco de por favor.

Señor Iglesias: no se aprovecha que se dispone de la primera entrevista del día con el Rey para lanzar a un emisario de un partido satélite, armado con una propuesta supuestamente novedosa -que en realidad es la misma de siempre- con el único propósito de quedarse con el protagonismo de la jornada en los medios. ¡El 'acuerdo del Prado' a estas alturas! El montaje fue tan descarado que hasta Errejón y Oltra se hicieron la tarde anterior una foto en Valencia mientras cocinaban el guiso y la colgaron en Twitter, hay que echarle jeta a la vida.

 

Señor Sánchez: si uno está citado con el Rey a las 16:30, no lanza antes a su portavoz parlamentario con una contraoferta -tan absurda y mentirosa como la oferta-, anticipando por televisión una posición oficial que se supone que el jefe del Estado debería conocer directamente. ¿Tan imprescindible es la lucha por el telediario que no se pueden respetar las formas aunque sea por un día? Y en cuanto a su desquiciada rueda de prensa, ¿de verdad se enteró ayer de que no sería presidente con el voto de Iglesias? ¿Cuánto humo ha estado vendiendo durante todo este tiempo a sus seguidores?

Rajoy ha actuado como esos ciclistas que hacen la escalada al rebufo para llegar a la cumbre con los rivales extenuados y superarlos en el descenso

Señor Rajoy: cuando quien tiene el mayor número de votos y de escaños no se ha reunido ni una sola vez con ningún otro partido para intentar una negociación seria; cuando ha huido de presentar su candidatura ante el Congreso e intentó hacer al Rey cómplice de una maniobra oscura para bloquear la nominación de otro candidato; cuando ha saboteado el único acuerdo existente -insuficiente en sus apoyos, pero al menos digno de atención en su contenido-, y cuando ha dejado pudrir el proceso porque cualquier acuerdo viable pasaba por una renuncia personal a la que no está dispuesto, lo menos que puede pedirse en un día como el de ayer es olvidar la soberbia y los sarcasmos y aceptar que, pese a ser el primero en votos, en todo lo demás ha sido el último de la fila desde el 20-D.

Rajoy ha actuado como esos ciclistas que hacen la escalada al rebufo, sin dar un relevo ni una pedalada de más, para llegar a la cumbre con los rivales extenuados y superarlos en el descenso. Puede que la repetición de las elecciones sea un triunfo personal; pero, insisto, ayer no era buen día para jactarse de nada. Y él, menos que nadie.

Tengo una duda razonable: ¿son conscientes estos dirigentes de la magnitud del estropicio que han provocado? ¿Se dan cuenta de que se han ganado a pulso el desprecio de los españoles y el estupor del mundo entero? Y ya que todos ellos volverán a presentarse, ¿encontrarán el momento para garantizarnos que, ocurra lo que ocurra el 26 de junio, esta chapuza no va a repetirse?

Harán una campaña modesta y poco visible, sí. Pero no será por ahorrar, será por pura vergüenza. 

Una Cierta Mirada

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