Radiografía del nacionalismo español

Algunos niegan que tal cosa exista, pero vaya si existe. Siempre ha estado ahí, pero ahora, con el resurgir de los nacionalismos en todo el mundo, el carpetovetónico no iba a quedarse atrás

Foto: Asistentes al acto central del Día de las Fuerzas Armadas portan banderas de España. (EFE)
Asistentes al acto central del Día de las Fuerzas Armadas portan banderas de España. (EFE)

Muy interesante la propuesta del PSOE sobre Cataluña. Esa patata caliente se dejó aparcada en el acuerdo con Ciudadanos y ahora, en el cuarto texto programático de los socialistas en los últimos seis meses, recuperan el tema.

Lo que propone el PSOE -respaldado por el PSC- está lleno de racionalidad y de buen sentido; podría haber señalado el camino de la solución si se hubiera planteado antes de que alguien decidiera pegar una patada a la mesa y romper la baraja. Pero han pasado demasiadas cosas, algunos han ido demasiado lejos y me temo que la medicina llega mal y tarde. Entre otras causas, porque un pacto político de España con Cataluña tiene que pasar por dos desfiladeros llenos de alambradas y sembrados de minas: el del nacionalismo catalán embalado hacia la secesión y el del nacionalismo español, que habita principalmente en la derecha pero tiene raíces profundas en muchos sectores de nuestra sociedad.

Hablemos hoy del nacionalismo español y hagámoslo con algunos datos. Algunos niegan que tal cosa exista, pero vaya si existe. Siempre ha estado ahí, pero ahora, con el resurgir de los nacionalismos en todo el mundo, el carpetovetónico no iba a quedarse atrás.

El CIS nos da cuatro valiosos indicadores para conocer y medir la fuerza actual del nacionalismo español.

Un pacto político de España con Cataluña tiene que pasar por dos desfiladeros sembrados de minas: el del nacionalismo catalán y el del nacionalismo español

Dos son indicadores emocionales (lo que siempre es relevante cuando se habla de nacionalismo): el orgullo de ser español en su grado máximo y el hecho de sentirse únicamente español o más español que de cualquiera de sus territorios.

Los otros nos refieren a dos posiciones políticas: por un lado, la pulsión centralista, expresada en la preferencia por un Estado sin autonomías o en que las autonomías tengan menos competencias que en la actualidad. Por otro lado, la de quienes recelan de la diversidad y piensan que la presencia de personas de distintos orígenes pone en peligro los valores y la cultura propios.

Si alguien declara enfáticamente que se siente MUY orgulloso de ser español (no simplemente orgulloso, como la mayoría); que se siente únicamente español o más español que gallego, valenciano, extremeño o lo que sea; que prefiere un Estado en el que se supriman o se reduzcan las autonomías, y que la presencia de inmigrantes es una amenaza para los valores y la cultura española, no parece exagerado concluir que estamos ante un nacionalista español.

Pues bien, estos son los que responden a esos cuatro rasgos:  

Como tiene relevancia política inmediata, detengámonos en el primer indicador. En lo que se refiere al modelo de organización territorial del Estado, podemos clasificar a los españoles en tres grupos:

Los centralistas, que prefieren un Estado sin autonomías o con menos autonomías; como hemos visto, en este grupo están el 30% de los españoles mayores de edad.

Los autonomistas, que están básicamente conformes con el actual Estado autonómico. Es la posición mayoritaria: el 39% se conforma con las competencias actuales de las CCAA y un 14% desearía que tuvieran mayor autonomía, pero dentro del marco legal vigente. Entre ambos suman un 53%.

Y por último los secesionistas, que son aquellos que desearían un Estado en el que se reconozca a las CCAA la posibilidad de convertirse en estados independientes. En esta posición están el 10% de los ciudadanos.

Para quienes prefieren contar personas que porcentajes: en España hay 10,4 millones de centralistas, 18,3 millones de autonomistas y 3,4 millones de secesionistas. 

Siguiendo con nuestros cuatro indicadores del nacionalismo español, podemos saber en qué sectores sociales es más fuerte comprobando dónde las cifras de cada uno de ellos son sensiblemente superiores a la media:   

Los cuatro gráficos coinciden básicamente: el nacionalismo español es, políticamente, un fenómeno propio de la derecha y muy acusado entre los votantes del PP y -en menor grado, pero claramente por encima de la media- de Ciudadanos (si bien hay que señalar que en el terma de la diversidad estos tienen una posición mucho más abierta); sociológicamente, característicos de las personas mayores de 65 años, de los jubilados y amas de casa y de las personas con niveles de estudios más bajos, y por fin, se da con más abundancia en las grandes ciudades (por encima de 400.000 habitantes) que en las poblaciones medianas y pequeñas.

Tras ver estos datos, dispónganse a seguir la campaña electoral de los partidos, especialmente la del Partido Popular, y verán cómo nada sucede por casualidad. Sin ir más lejos, cuando alguien lanza a una delegada del Gobierno a que monte un escándalo a cuenta de la presencia de banderas independentistas en un partido de fútbol, sabe muy bien lo que está haciendo, por qué y para quién.

Una Cierta Mirada
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