El mundo en shock: Trump, un radical en la Casa Blanca

La rabia se ha apoderado de las urnas, y las democracias occidentales se ven amenazadas desde dentro por una marea de populismo nacionalista

Foto: Donald Trump tras la victoria. (Reuters)
Donald Trump tras la victoria. (Reuters)

Se consumó el desastre. Por desgracia, vamos a tener mucho tiempo para analizar a fondo todas sus causas y sus implicaciones, y para experimentar en nuestras vidas las consecuencias de lo que sucedió ayer en Estados Unidos. Pero de entrada, no creo que sea exagerado afirmar que el ascenso al poder de Donald Trump es el hecho político más amenazador que ha conocido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

Así como la Gran Depresión de 1929 trajo a Europa el auge de los totalitarismos y condujo a una hecatombe, la Gran Recesión de 2008 ha desembocado en una convulsión política mundial aún más grave que la crisis económica que la generó.

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La rabia se ha apoderado de las urnas, y las democracias occidentales se ven amenazadas desde dentro por una marea de populismo nacionalista que, desde el día de ayer, ha pasado a ser un tsunami; porque ya no es un partido extremista que crece espectacularmente o un referéndum autolesivo que pone en peligro una obra de décadas como la Unión Europea. Es que la Internacional Populista se ha hecho con el despacho más poderoso de la tierra y, desde el día de ayer, tienen lo que les faltaba: un líder, un capitán, un jefe.

La rabia se ha apoderado de las urnas, y las democracias occidentales se ven amenazadas desde dentro por una marea de populismo nacionalista

La irrupción de Trump en el Despacho Oval abre la era de la incertidumbre global. La primera potencia mundial se convierte, a partir de hoy, en el más potente generador de inseguridad y de temor; no sólo para los ciudadanos de su país, sino para el mundo entero. Lo que menos necesita un mundo que aún no se ha recuperado de la tempestad económica y social que desarboló todas las estructuras es empezar a mirar con miedo a los Estados Unidos.

El tránsito traumático de Obama a Trump es un cambio que altera demasiadas cosas importantes, y todas ellas para mal. Ya es bastante aterrador pensar que los códigos nucleares estarán en manos de dos psicópatas como Trump y Putin. Además, para medir las consecuencias de esta elección basta con pensar en todo aquello que el nuevo presidente norteamericano ha hecho alarde de despreciar:

Trump desprecia profundamente a Europa y considera a la Unión Europea un estorbo peligroso que debe ser desmantelado

Para empezar, Trump desprecia profundamente a Europa y considera a la Unión Europea un estorbo peligroso que debe ser desmantelado. Celebró el Brexit con alborozo. No ha ocultado su intención de inhabilitar la Alianza Atlántica. Y ha proclamado su admiración (recíproca) por el sátapra que, también mediante unas elecciones democráticas, ejerce el poder en Rusia y esponsoriza esa Internacional Populista que ahora ambos codirigirán.

Trump desprecia la lucha contra el cambio climático. Está convencido de que lo del calentamiento global es un invento destinado a frenar la producción y el poderío económico de su país. Los pequeños pasos que tan trabajosamente se han dado para empezar a tomarse en serio este problema se desandarán a toda velocidad. En los próximos años, que nadie cuente con los Estados Unidos para ayudar a salvar el planeta.

Trump es un belicista nato. Ninguno de los conflictos que amenazan la paz en el mundo mejorará con su presencia en la Casa Blanca. Es más, se abrirán nuevos focos de conflicto y en algunos de los más peligrosos –Oriente Medio, Corea del Norte- se alcanzarán picos de tensión que nos harán temblar. Y no les extrañe que su actual camaradería con el jerarca ruso desemboque en una segunda edición de la guerra fría.

Trump es un aislacionista económico que boicoteará todos los tratados de libre comercio y de cooperación económica, que son piezas esenciales para la recuperación económica de los países desarrollados y para el progreso de los subdesarrollados.

Seguidores de Trump. (Efe)
Seguidores de Trump. (Efe)

Trump, por supuesto, es un xenófobo. No sólo provocará toda clase de fracturas en la sociedad americana, agitando los enfrentamientos raciales y la discordia étnica y cultural. Su elección es un desastre para la América Latina, con la que Obama había empezado a cerrar heridas y a construir una relación de respeto y de cooperación.

Y por encima de todo, Donald Trump es un peligro para la democracia, a la que también desprecia aunque sea la que le ha llevado al poder. Ninguno de los valores que inspiran el sistema político más civilizado que ha creado la humanidad le merecen la menor consideración. Hará lo que sea necesario para afianzar su poder. Es más, cuando llegue el momento veremos lo difícil que será conseguir que abandone pacíficamente el poder. Y mientras tanto, todas las libertades y los derechos sufrirán.

Está pasando algo muy preocupante. Si todos hubiéramos podido votar en estas elecciones, Hillary Clinton habría ganado abrumadoramente. Había un consenso universal, incluso por encima de las ideologías tradicionales, en que Trump representaba un peligro altamente indeseable, para su país y para todos los demás países. Todos, los de derechas y los de izquierdas, lo veíamos claro…salvo los 60 millones de norteamericanos que le han dado esta victoria.

Y por encima de todo, Donald Trump es un peligro para la democracia, a la que también desprecia aunque sea la que le ha llevado al poder

Lo mismo ocurrió en el referéndum británico: si nos hubieran dejado votar a los demás, habría ganado el SI arrolladoramente: era evidente de toda evidencia que la salida del Reino Unido de la Unión Europea es un disparate histórico. Y otro tanto podríamos decir del referéndum colombiano para poner fin a una guerra sangrienta de 50 años. Igual que todos estamos viendo el peligro que se cierne sobre Francia con la crecida imparable de Le Pen. Igual que cualquier persona razonable fuera de España ha contemplado con estupefacción que hayamos tenido al país bloqueado durante un año por la cerril incapacidad de nuestros dirigentes para hacer un acuerdo de gobierno.

¿Qué pasa? Que los problemas de los demás se observan desde la racionalidad. Y cuando hay un camino racionalmente obvio, se comprende muy mal que quienes han de tomarlo se empeñen en ir en la dirección contraria, haciéndose daño a sí mismos y poniendo en peligro cosas importantes para todos. Pero estos son malos tiempos para la razón. Se ha apoderado de nuestras sociedades la peor emocionalidad, la de la ira, la que más ciega; y con ella han venido los sucios manipuladores de las emociones.

Ahora, ya tienen un líder planetario: un radical en la Casa Blanca. Toca resignarse y permitir que nos pasen por encima o llamar a la resistencia. O sumarse a ellos, que es lo más sencillo y lo que más asco da.

 

Una Cierta Mirada
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