Pedro Sánchez pide la revancha

El exsecretario general es cualquier cosa menos un candidato para la unidad del partido. Y si ganara, no habrá espacio para ninguna clase de integración, sino para que el conflicto se cronifique

Foto: Pedro Sánchez, este 28 de enero en Dos Hermanas, pintando con espray su lema de campaña. (EFE)
Pedro Sánchez, este 28 de enero en Dos Hermanas, pintando con espray su lema de campaña. (EFE)

Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar

Con el 'tumbao' que tienen los guapos al caminar;

Las manos siempre en el bolsillo de su gabán

Pa’ que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal.

Rubén Blades

Importa poco cuáles sean las motivaciones subjetivas o el propósito último de la decisión que este sábado ha anunciado Pedro Sánchez, el primer secretario general del PSOE que aspira a recuperar el puesto tras haberlo abandonado. Si les interesa el aspecto psicológico de la cuestión, les remito al reciente artículo de Nacho Cardero (Sánchez y su transformación en 'Taxi Driver').

Más allá de lo subjetivo, la activación de su candidatura tiene efectos objetivos que pueden coincidir o no con lo que Sánchez desea o imagina, pero que se producirán en la realidad de modo inexorable.

La decisión de Sánchez obliga al partido a regresar al punto de partida y retomar la confrontación interna partiendo de aquel momento

En síntesis: objetivamente, la candidatura de Sánchez retrotrae al PSOE a la sala del comité federal el 1 de octubre de 2016. Obliga a regresar al punto de partida y retomar la confrontación interna partiendo de aquel momento.

Con su presencia en la competición, el escenario socialista se transforma de nuevo en campo de batalla. El debate político, en un ajuste de cuentas entre personas. Y la incipiente pacificación (más bien un alto el fuego) promovida por la gestora, en una reanudación de las hostilidades. Creo improbable (aunque no imposible) que gane la votación, pero es preciso entender que su candidatura no busca tanto la victoria como la venganza.

Más allá de sus ignotos procesos mentales, su entrada en las primarias tendrá consecuencias en varios terrenos:

Para empezar, sobre el tono y la naturaleza de la competición. Una carrera entre Susana Díaz y Patxi López podría haberse mantenido dentro de los límites de una rivalidad civilizada, compatible con fórmulas de integración posteriores, tras haber medido las fuerzas de cada uno.

Con Sánchez sobre el 'ring', ambas cosas son inviables. El debate no será pacífico y constructivo, sino cruento y hostil. Y si obtiene un apoyo considerable no habrá espacio después para ninguna clase de integración, sino para que el conflicto se cronifique.

Con Sánchez sobre el 'ring', el debate será cruento y hostil. Y si consigue un apoyo considerable no habrá espacio para ninguna clase de integración

En el punto al que han llegado las cosas, Sánchez es hoy cualquier cosa menos un candidato para la unidad de los socialistas. Y si ganara, sería cualquier cosa menos un secretario general para la paz interna. En ese supuesto, no podría siquiera permitirse el lujo de hacer prisioneros.

La irrupción de Sánchez en las primarias compromete seriamente la actual estrategia de 'oposición útil' del PSOE, sobre la que pareció existir un principio de consenso en el último comité federal. Sánchez impugnará radicalmente esa estrategia como un entreguismo al Gobierno del PP y convertirá ese asunto en motivo de controversia (obligando a Patxi López a salir de su calculada ambigüedad al respecto). No olvidemos que las últimas listas electorales las hizo él y, por tanto, su influencia en el grupo parlamentario socialista no es despreciable.

Pedro Sánchez pide la revancha

También cambiarán los términos del debate congresual dentro del PSOE. Por mucho que Javier Fernández, Eduardo Madina y José Carlos Díez se esfuercen en centrar la atención sobre las cuestiones de fondo de la realidad social, Sánchez nadará a favor de la corriente:

Desde la agitación en las redes, impondrá el eje populista arriba-abajo: las bases militantes (representadas por su persona) frente a las élites (identificadas con todos los demás dirigentes, los que lo tumbaron y los que lo abandonaron).

Introducirá también el eje derecha-izquierda, apropiándose del espacio de la única izquierda auténtica y de oposición y situando a todos los demás en la capitulación ideológica y el colaboracionismo con la derecha. Un recurso tosco y mendaz, pero comprobadamente efectivo.

Sánchez nadará a favor de la corriente: desde las redes impondrá el eje populista arriba-abajo, y también introducirá el eje derecha-izquierda

Repetirá lo de la entrevista con Jordi Évole corregido y aumentado: defenderá sin complejos la unidad de la izquierda, el pacto con Podemos y con los independentistas, el derecho a decidir, el Gobierno alternativo y lo que haga falta. Es la 'estrategia Trump': cada día, una provocación. Se trata de suministrar espectáculo, atraer los focos y obligar a sus adversarios a polemizar con él.

En ese triple sentido: por desestabilizar la actual estrategia parlamentaria, por desacreditar a toda la actual clase dirigente socialista y por inocular en el debate interno el eje populista, parece claro que Sánchez será el candidato predilecto de Podemos en las primarias del PSOE.

Pedro Sánchez concede una entrevista a Jordi Évole. (Atresmedia)
Pedro Sánchez concede una entrevista a Jordi Évole. (Atresmedia)

Especular ahora sobre el resultado numérico de esa votación es temerariamente prematuro. Cualquiera que sepa algo sobre ese partido sabe que cuatro meses son una eternidad ("la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida" debería ser el lema de todos los congresos del PSOE). Pero el efecto cismático y confrontativo de la candidatura de Sánchez se prolongará después del congreso:

Si pierde, quedarán el recuento de daños, un poso de rencores y agravios irresueltos y todas las heridas abiertas. Su trabajo de demolición del crédito político de toda la dirigencia socialista (a la que presentará como la casta que robó el partido a la militancia para entregárselo a la derecha) dejará una huella duradera. Basta con que una parte de los militantes crean ese discurso para que la futura dirección del PSOE quede contaminada por la sospecha.

Si el exsecretario general gana volarán los puentes entre Ferraz y Moncloa. Regresaremos al "no es no" y no habrá espacio para ningún acuerdo

Si gana, la fractura está asegurada. Por una parte, habrá enfrentado a los militantes del PSOE con los que gobiernan en las comunidades autónomas, dejándolos desautorizados ante la sociedad por su propio partido. Por otra, será imposible la convivencia pacífica de un Pedro Sánchez instalado de nuevo en Ferraz con todos aquellos que contribuyeron a su caída o que, tras esta, lo traicionaron.

Por supuesto, si Sánchez gana volarán los puentes entre Ferraz y Moncloa. Regresaremos al "no es no", no habrá espacio para ningún acuerdo, se sucederán las derrotas parlamentarias del Gobierno y Rajoy se verá abocado a precipitar la convocatoria de elecciones. No es difícil imaginar la suerte que correrá el Partido Socialista en esas elecciones.

Y Pedro Navaja cayó en la acera mientras veía

a esa mujer que, revólver en mano, y de muerte herida, a él le decía:

yo que pensaba: hoy no es mi día, estoy salá;

pero Pedro Navaja, tú estás peor, tú estás en na.

En política, los errores siempre pasan factura. La designación (que de eso se trató) de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE en el verano de 2014 fue una imprudencia y un error. Lo pagó España durante el año 2016 con diez meses de desgobierno, y ahora le toca pagarlo a su partido, empezando por quienes lo promovieron. Eso sí, el final más probable de esta historia será como el de la canción:

Pedro Navaja, matón de esquina,

quien a hierro mata, a hierro termina.

Una Cierta Mirada
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
17 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios