En defensa de Zapatero: en Venezuela, cuanto peor, peor

Para estos conflictos tan enconados y sin salida aparente se inventó hace mucho tiempo la función de los mediadores internacionales

Foto: El presidente venezolano, Nicolás Maduro (d), reunido con el exjefe del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)
El presidente venezolano, Nicolás Maduro (d), reunido con el exjefe del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)

Sí, el de Venezuela es un régimen odioso que conduce a ese país a la dictadura y a la ruina. Sí, Maduro es un gorila populista, un payaso grotesco cuyos actos y vocabulario repugnan a las personas civilizadas. Sí, su gobierno es despótico, violento y corrupto. Sí, todas nuestras simpatías están con la resistencia.

¡Qué fácil es hacer un queda-bien con el tema de Venezuela! Largamos unas declaraciones o escribimos un editorial con esas obviedades, impartimos una clase de democracia y derechos humanos, por el camino damos un capón a Zapatero y otro a Pablo Iglesias (lo que siempre tiene público) y nos vamos a cenar con la satisfacción del deber cumplido.

Por desgracia, todo es más difícil. Lo que un responsable político ve en Venezuela no es una ocasión para repetir “ya lo decía yo”, sino un conflicto enquistado, potencialmente explosivo, en busca de una solución. Esta puede ser de dos tipos: pacífica o violenta. La primera pasa obligatoriamente por el diálogo y por sucesivos pequeños acuerdos, declarados o implícitos, que las partes vayan aceptando. Para que llegue la segunda, basta con no hacer nada o limitarse a mesarse los cabellos ante las tropelías del gorila.

En Venezuela hay varias mediaciones en marcha. La más visible es la que Zapatero comparte con los expresidentes de Panamá y República Dominicana

Para estos conflictos tan enconados y sin salida aparente se inventó hace mucho tiempo la función de los mediadores internacionales. Puesto que el diálogo directo entre los bandos está bloqueado, que alguien desde fuera se ocupe de mantener abierta una línea de comunicación, por frágil y discontinua que sea.

Es una tarea ingrata donde las haya, porque los frutos no están garantizados y en el mejor de los casos tardan años en verse; porque a cada pequeño avance puede seguir un retroceso mayor; y porque quien lo realiza siempre está expuesto a ser tachado de equidistante entre los buenos y los malos, cuando no directamente de simpatizante de los malos.

En Venezuela hay varias mediaciones en marcha. La más visible es la que Zapatero comparte con los expresidentes de Panamá y República Dominicana, dentro de una misión encargada por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y avalada por la OEA. Pero también están mediando la ONU, y el Vaticano, y Estados Unidos, y la propia Unión Europea. Todos ellos intercambian información, se reparten el trabajo y se respaldan mutuamente para que cada uno opere en el ámbito en el que su voz puede ser más influyente. Nada que no esté inventado en la gestión internacional de los conflictos.

El objetivo es doble: por un lado, buscar una solución pacífica y democrática. Y como eso llevará su tiempo, mientras tanto evitar desgracias humanas y frenar en lo posible la ruina del país, que a este paso pronto presentará, además del caos político, una crisis humanitaria en forma de hambrunas.

Antonio VillarrealAntonio Villarreal

Los que descalifican la misión de Zapatero y proclaman que con Maduro no hay nada que negociar están obligados a explicarnos cuál es su plan alternativo. Para empezar, deben admitir que su postura equivale a descartar una salida pacífica en Venezuela; porque no creo que confíen en que a la voz de “Ríndase”, el autócrata y su gente vayan a entregar sumisamente el poder y someterse a la justicia. ¡Que se vaya!, claman los impolutos denunciadores de la dictadura. Claro, pero incluso para que se vaya sin dejar tras de sí un baño de sangre alguien tendrá que negociar unos términos que se lo hagan posible, ofreciendo una salida para él y los suyos.

Quien descalifica la misión de Zapatero y proclama que con Maduro no hay nada que negociar está obligado a explicar cuál es su plan alternativo

No habrá rendición, pues. Si se desautoriza la mediación, ¿qué camino queda? ¿Quizá un golpe militar? Es seguro que, de producirse tal cosa, no sería precisamente una “revolución de los claveles”, sino algo mucho más feo y terrible, con las fuerzas armadas partidas en dos. ¿Se confía en una intervención extranjera, o quizá en una insurrección popular que, además de desatar una oleada represiva, sería respondida en la calle por la otra mitad del país que defiende al régimen? ¿Cómo se desaloja pacíficamente a un dictador que cuenta con un apoyo social considerable si no es combinando la presión con la negociación? ¿Cómo se evita que la desesperación de unos u otros prenda la mecha de la guerra civil?

Los dirigentes de la oposición venezolana saben mejor que nadie que la salida tendrá que ser negociada. Ellos no quieren ver a su país deshecho ni bañado en sangre. ¿Los ayudamos o excitamos la confrontación?

¿Cómo se desaloja pacíficamente a un dictador que cuenta con un apoyo social considerable si no es combinando la presión con la negociación?

Es muy plausible el respaldo a la misión de Zapatero del Gobierno español, que no es precisamente sospechoso de promadurismo. España encabeza la presión internacional contra el régimen venezolano pero, a la vez, alimenta y se alimenta de la presencia sobre el terreno del expresidente, con el que mantiene una comunicación constante. Ese es el buen camino: máxima presión desde el exterior y máximo esfuerzo dentro para mantener abiertos los canales del diálogo. Nadie dijo que la política real fuera fácil ni binaria.

Por lo demás, algunos de los que hoy rechazan el diálogo en Venezuela se despellejaron las manos aplaudiendo a Obama cuando desbloqueó la relación con Cuba tras 50 años de bloqueo estéril. Ellos mismos se han sentado cientos de veces con los Castro. Son los mismos que defienden, con razón, que para desanudar el conflicto entre Israel y Palestina hay que negociar con Hamás, que es una organización terrorista; los que han apoyado con entusiasmo el acuerdo con las FARC en Colombia; y los que suspiran por cinco minutos de conversación con los mandarines de la dictadura china. Por no hablar de los reiterados intentos de negociación con ETA.

Sospecho que a algunos de los displicentes descalificadores de Zapatero como mediador lo que les molesta no es tanto el qué como el quién

¿Por qué será que tengo la sospecha de que a algunos de los displicentes descalificadores de Zapatero como mediador lo que les molesta no es tanto el qué como el quién? En cualquier caso, me parece ventajista atacar a quien no puede defenderse sin comprometer su propia misión.

No podemos saber si la tarea del expresidente español y sus colegas tendrá éxito –ni siquiera está claro cómo se mide el éxito en estos conflictos endiablados-. Pero mientras lo consiguen o no, cada día que pasa se ahorran un puñado de muertos. Es posible que sin todas esas mediaciones hoy los cadáveres no se contaran por cientos, sino por decenas de miles.

En Venezuela, como en todos los lugares en conflicto, cuanto peor, peor. Así que protestemos todos los días y con toda nuestra voz contra los desmanes de la dictadura, faltaría más; pero mientras tanto, dejemos trabajar a los mediadores. Sabotear su labor no es una buena idea, aunque quede distinguido.

Una Cierta Mirada

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
27 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios