Ciencia y brujería en el CIS: ¿quién engaña a quién?
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Ignacio Varela

Una Cierta Mirada

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Ciencia y brujería en el CIS: ¿quién engaña a quién?

El CIS ha sido la institución más prestigiosa en el campo de la investigación electoral y la opinión pública. Su nuevo ocupante solo ha necesitado tres meses para sumirlo en el desprestigio

placeholder Foto: Pedro Sánchez y Jose Félix Tezanos. (EFE/EC)
Pedro Sánchez y Jose Félix Tezanos. (EFE/EC)

La página web Electomanía ofrece abundante información sobre encuestas y procesos electorales en España y en el mundo. Uno de sus productos es el llamado Electopromedio: como su nombre indica, se trata de recopilar todas las encuestas de voto publicadas durante un periodo y ofrecer el promedio de resultados. En su última entrega, nos encontramos con lo siguiente:

“Excluido por excéntrico” resume la demolición, consentida por el Gobierno, de un organismo público a manos de quien, como en el chiste, circula por la autopista en dirección contraria y considera que todos los demás están locos o son farsantes.

Con unos y otros gobiernos, el CIS ha sido la institución más prestigiosa y respetada de España en el campo de la investigación electoral y de la opinión pública. Sus datos han sido durante décadas referencia inexcusable para todos los analistas, algo así como el INE de la sociología política. Pues bien, su nuevo ocupante solo ha necesitado tres meses para sumirlo en el desprestigio y convertirlo en objeto de chacota.

Foto: De izquierda a derecha, José Félix Tezanos, Alfonso Guerra, Rafael Simancas y Josep Borrell, en un acto en 2013. (EFE)

Tras el escándalo del mes pasado, en el barómetro de octubre se han sentido obligados a incluir una nota en la que puede leerse que la presentación de los resultados “en ningún caso representa un modelo de estimación de voto”, sino el producto de “una regla de tres simple”. Lo que todos vimos hace un mes y explicó claramente Narciso Michavila.

La sorpresa es que a continuación aparece un cuadro titulado precisamente 'Estimación de voto', lo que solo puede responder al propósito de alimentar el equívoco. ¿En qué quedamos? Se dice en la letra pequeña que no es una estimación, pero se presenta como si lo fuera. Naturalmente, el producto es tan intragable como el de septiembre —y como todos los que vendrán a partir de ahora—. Una cumbre de la ciencia, según el profesor Tezanos, y una chapuza infame, según todos los sociólogos y politólogos serios del país.

Se dice en la letra pequeña que no es una estimación, pero se presenta como si lo fuera

Puesto que esto se va a repetir todos los meses, conviene aclarar de una vez la situación: lo que publica este CIS ya no es ni puede ser una aproximación al resultado de unas hipotéticas elecciones que se hubieran celebrado en el momento de hacerse la encuesta. Tomarlo así sería como llamar paella a un puñado de arroz crudo con gambas sin descongelar.

Foto: Montaje: Enrique Villarino.

En realidad, no es difícil reconstruir la estimación que habría ofrecido el CIS si se hubiera respetado el método aplicado desde hace más de 20 años. Ya lo ofrecimos a los lectores de El Confidencial el mes pasado y lo repetimos ahora:

La verdadera estimación de voto del CIS según el método tradicional

Esto es más verosímil —y juraría que más próximo a la realidad— que la fantasiosa versión oficial. Muy pequeños movimientos, como es lógico cuando solo han transcurrido 30 días entre ambas encuestas. En contra de lo que piensan muchos políticos, los votos no acostumbran a saltar por cientos de miles al día siguiente de que ellos den un buen titular o inauguren un puente.

Es necesario un modelo de estimación que elabore los datos directos para no engañar al público con una impostura de rigor y autenticidad. Entre otras razones, porque desde tiempo inmemorial se dan en esta y en casi todas la encuestas fenómenos como este:

En este caso, el electorado del PP de 2016 aparece disminuido en ocho puntos, y el del PSOE, sobredimensionado también en ocho puntos. Es un desajuste demasiado grande para ignorarlo.

El electorado del PP de 2016 aparece disminuido en ocho puntos, y el del PSOE sobredimensionado también en ocho puntos

Cualquiera que haya leído a fondo tres encuestas en su vida sabe que eso no sucede porque la gente engañe al encuestador, sino porque la muestra tiende a desequilibrarse en el curso del trabajo de campo. Se sabe también que ese desequilibrio (no es el único) contamina el dato directo de la intención de voto, y que se puede y se debe corregir cuando responde a una pauta conocida.

La llamada 'cocina' no es sino una fórmula, nacida del estudio y la experiencia, para subsanar esa y otras desviaciones técnicas, devolviendo a cada partido su peso real. Quizás el flamante presidente del CIS sentiría más vocación por los fogones si la desviación sistémica se produjera en contra de su partido.

Un ejemplo: vienen elecciones en Andalucía y el CIS irrumpirá con una encuesta preelectoral en vísperas de la campaña. Remontémonos a 2015 y veamos: b) lo que el CIS estimó entonces usando el método convencional; b) el resultado real de las elecciones, y c) lo que se habría anunciado según el 'método Tezanos'.

La estimación solo se desvió un 0,7% para el PSOE y un 1% para el PP. Considerando que la encuesta se realizó mes y medio antes de la votación, no parece un mal trabajo. El método implantado ahora —que es el que se aplicará en la encuesta andaluza que viene— habría sobreestimado al PSOE en 6,8 puntos e infraestimado al PP en 7,8.

Frente a todas las evidencias y según predica el antiguo testamento que rige en el nuevo CIS, lo que hacen todos los demás es brujería y engaño y lo suyo, honradez científica a carta cabal. Lo lamento por la ciencia y por una de las pocas instituciones respetadas que nos van quedando.

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