El CIS de Tezanos: ¿alquimia o trampantojo?

Tezanos se ha hecho más conocido que la mayoría de los miembros del Gobierno por cargarse en cinco meses y cuatro encuestas el crédito de una institución que fue respetable y respetada

Foto: El presidente del CIS, José Félix Tezanos. (EFE)
El presidente del CIS, José Félix Tezanos. (EFE)

Muy poca gente recuerda el nombre de alguno de los cinco presidentes del CIS anteriores al actual. Quien se hace famoso en ese puesto es porque está haciendo mal su trabajo. José Félix Tezanos se ha hecho más conocido que la mayoría de los miembros del Gobierno por cargarse en cinco meses y cuatro encuestas el crédito de una institución que fue respetable y respetada… hasta que la pusieron en sus manos.

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Desde el principio fue evidente el propósito de usar el CIS para dos fines: por un lado, saturar desde el instituto gubernamental el mercado de las encuestas, coincidiendo con el arranque de un ciclo electoral; por otro, consagrar un método de proyección de resultados que favorece groseramente al partido del Gobierno, con el pretexto espurio de preservar la pureza de los datos originales.

Llegó al cargo dispuesto a poner patas arriba el trabajo discreto y eficiente de sus antecesores. Al grito de ¡abajo las cocinas!, sustituyó de golpe las estimaciones elaboradas durante décadas por los datos crudos. Pero no cualquier dato crudo, sino precisamente aquel que, como saben todos los analistas, sobredimensiona sistemáticamente el voto al PSOE e infravalora el de otros partidos —singularmente, el PP—.

De repente, el CIS comenzó a dar niveles estratosféricos de voto al partido gubernamental. Es la voz directa del pueblo —explicaba el gurú—, sin mezclas ni potajes mixtificadores. La supuesta autenticidad como instrumento para desfigurar la realidad, los espejos cóncavos y convexos del callejón del Gato trasladados a las encuestas oficiales.

El nuevo capataz del CIS decidió, además, convertir su chapuza metodológica en doctrina científica irrefutable. Además de reclamar para su persona el monopolio de la ciencia sociológica, descalificó al 90% de los profesionales de la investigación social pintándolos como ignorantes, hechiceros, vendedores de humo o sicarios al servicio de intereses oscuros.

Una encuesta electoral proporciona tres indicadores básicos de voto: a) la llamada 'intención directa de voto', que es lo que responden los encuestados a la pregunta de a qué partido votarían si las elecciones fueran mañana; b) el llamado 'voto más simpatía', que se obtiene añadiendo a los que no eligen partido, pero muestran inclinación por alguno, y c) el 'recuerdo de voto', lo que responden al preguntarles qué votaron en las últimas elecciones.

El método generalmente admitido consiste, en esencia, en combinar los tres indicadores, compensando con unos las desviaciones que se producen en los otros, según pautas observadas en el tiempo y contrastadas con los resultados electorales. Eso es la (desafortunadamente) llamada 'cocina'.

Tras la tezanada, pensamos que, sacrificada la serie histórica y clausurada la posibilidad de comparar las nuevas encuestas del CIS con las anteriores ni con ninguna otra, al menos mantendría el método que tan fieramente ha defendido.

Pero llegaron las elecciones andaluzas y, con ellas, la habitual encuesta preelectoral del CIS. Poco ha tardado el doctrinario en demostrar que sus convicciones son tan consistentes como las de su jefe.

Recordemos que, hace tres años, el CIS prácticamente clavó el resultado de los tres partidos tradicionales (PSOE, PP e IU), aunque se desvió respecto a Podemos y Ciudadanos, que acababan de irrumpir en la escena política y aún no estaban bien calibrados. La doctrina de los productos crudos habría producido entonces una estimación disparatada (por ejemplo, habría dado el 43% al PSOE y el 19% al PP).

Lo mismo habría ocurrido si en esta ocasión Tezanos hubiera sido consecuente con su doctrina. Pero no lo ha hecho. Esta vez, ni crudo ni cocinado, sino todo lo contrario. Con una mano ha tomado el primer ingrediente (la declaración directa de voto), con la otra ha recuperado la fórmula tradicional (la misma que ayer mismo vilipendiaba) y… ¡ha sacado la media! Te pasas meses adoctrinando al personal y anatemizando a los detractores, para traicionarte en la primera prueba con fuego real.

No es difícil adivinar el motivo de esta extraña contorsión. Con el método de los dos últimos barómetros, el PSOE tendría una estimación del 42,4%, con 24 puntos de ventaja sobre el segundo —que sería Ciudadanos, el PP tercero y Adelante Andalucía cuarto—.

Hasta ahí podríamos llegar, habrán dicho en Moncloa. Una cosa es dar victoria del PSOE y otra elevar a Susana al 42%, que no lo ha tenido un socialista desde hace siglos y, además, se acercaría peligrosamente a la mayoría absoluta; y José Félix, no podemos permitirnos lo de poner segundos a los de Rivera y últimos a nuestros socios. Así que regresa a tu garito y trae otra cosa, sabes de sobra lo que se espera de ti.

El método tradicional del CIS habría situado al PSOE en torno al 32% y mostrado un triple empate entre PP, Ciudadanos y Adelante Andalucía

El engendro de la media entre dos modelos antitéticos resulta políticamente ajustado a la demanda del cliente: victoria moderadamente holgada del PSOE, fanático 'ma non troppo'. En segunda posición, el socio necesario: se le gratifica y se transmite la idea de apoteosis de la izquierda y hundimiento de la derecha, apuntalando la necesidad de reproducir en Andalucía 'el bloque de la moción de censura' y disuadiendo otras tentaciones.

El método tradicional del CIS habría situado al PSOE en torno al 32% y mostrado un triple empate entre PP, Ciudadanos y Adelante Andalucía: cualquiera de ellos puede quedar segundo, tercero o cuarto. Esa es probablemente la situación real al comenzar la campaña, sin prejuzgar cómo termine.

En otros tiempos, el CIS explicaba sus estimaciones con una sencilla nota metodológica de 100 palabras. Esta ha requerido el triple, deliberadamente abstrusas e intrincadas. A este paso, la nota justificativa será lo más largo de las encuestas de Tezanos.

El diccionario ofrece dos acepciones del vocablo 'alquimia': 1. Conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, que tuvo como fines principales la búsqueda de la piedra filosofal y de la panacea universal. 2. Transmutación maravillosa e increíble.

Elijan la que quieran, ambas sirven para describir lo que está pasando en esa institución antaño prestigiosa. Aunque también podría servir la palabra 'trampantojo' que, según la Academia, es la “trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es”. Es el signo de los tiempos vivir y gobernar entre alquimias y trampantojos.

En todo caso, ya es oficial que este CIS de Tezanos lo pagamos todos, pero solo tiene un cliente.

Una Cierta Mirada

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