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Abogados Robot, ¿mito o realidad?
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Abogados Robot, ¿mito o realidad?

El potencial que ofrece DoNotPay es asombroso, pero también plantea interrogantes. Para empezar, si de verdad estamos ante un "abogado robot", y hay dos hechos que invitan a pensar lo contrario

Foto: Por primera vez, una app de IA escuchará un juicio y ofrecerá argumentos en tiempo real. Foto: iStock.
Por primera vez, una app de IA escuchará un juicio y ofrecerá argumentos en tiempo real. Foto: iStock.

Por primera vez, una aplicación instalada en un smartphone y basada en inteligencia artificial escuchará un juicio —multa por exceso de velocidad que no exige asistencia letrada— para ofrecer argumentos en tiempo real que serán reproducidos verbatim por la parte. Tal hazaña es obra de DoNotPay, un proyecto catalogado como el primer "abogado robot" y creado por Joshua Browder en 2015. DoNotPay emplea herramientas de inteligencia artificial (machine learning y GPT-3, entre otras) para ofrecer a sus usuarios un amplio abanico de recursos legales mediante chatbots. Browder confiesa que su objetivo es evitar que algunos abogados cobren demasiado por realizar un trabajo que considera de copia y pega.

A los dos años de su lanzamiento, DoNotPay habría ayudado a recurrir, con éxito, más de 160.000 multas de aparcamiento en Londres y Nueva York. En 2020 fue galardonada por la American Bar Association con el premio Louis M. Brown por su compromiso en la mejora del acceso a los recursos legales y el uso innovador de la tecnología.

Hay quienes critican la existencia de intrusismo, pero Browder afirma haber localizado dos jurisdicciones en las que su idea no sería "abiertamente ilegal". No obstante, no ha revelado más detalles por temor a posibles bloqueos. Y no solo se ha comprometido a abonar la multa si no es revocada; también ha ofrecido un millón de dólares a quien lleve unos AirPods en una vista del Tribunal Supremo de EE. UU. y argumente su caso repitiendo todo lo que le dicte DoNotPay, lo que ha motivado que algunos lectores añadieran contexto a sus tuits advirtiendo sobre su posible ilegalidad.

Foto: El chat da respuestas sobre dudas legales básicas. (EFE/Andreu Dalmau)

El potencial que ofrece DoNotPay es asombroso. Quién sabe qué nuevas cotas podría alcanzar cuando se publique GPT-4 en los próximos meses. Pero también plantea interrogantes. Para empezar, si de verdad estamos ante un “abogado robot”; y hay dos hechos que invitan a pensar lo contrario.

Primero, que los términos y condiciones de DoNotPay especifican que la aplicación no actúa como un despacho de abogados y que la información que proporciona a sus usuarios es para uso privado sin que deba ser considerada como asesoramiento legal y sin que sus comunicaciones estén amparadas por el secreto profesional. Así, DoNotPay remite a sus usuarios a que consulten con un abogado colegiado si necesitan asesoramiento legal para un problema específico.

Segundo, que en un juicio en el que DoNotPay fue demandada (infructuosamente) por un consumidor que recibía sus llamadas telefónicas comerciales, aquella se autodefinió ante la Corte del Distrito Norte de California (EE. UU.) como "una página web y aplicación móvil que emplea inteligencia artificial para ayudar a los consumidores a resolver una variedad de problemas, tales como combatir multas de aparcamiento, cancelar la auto-renovación de suscripciones u obtener devoluciones", concretando sus objetivos en "empoderar a los consumidores para proteger sus intereses financieros frente a tácticas comerciales furtivas". Ni rastro del calificativo 'abogado robot'.

Foto: Exposición 'Cerebro(s)'. (EFE/Enric Fontcuberta)

Ahora bien, asumamos que estamos ante un 'abogado robot' cuyo uso se hubiese implementado en España. En tal caso, ¿quién ejercería la defensa letrada?, ¿una inteligencia artificial carente de personalidad jurídica, la sociedad propietaria del software o un abogado colegiado que supervise su actuación? ¿Quién y de qué forma estaría sujeto a responsabilidad deontológica? Y ¿quién tendría la última palabra sobre la posición procesal de la parte (por ejemplo, aceptar un acuerdo transaccional)?

Por otro lado, ¿sería legal grabar juicios para que sean escuchados y analizados en tiempo real por terceros no presentes en Sala? ¿Se vería afectada la intimidad de las restantes partes, testigos y operadores jurídicos? ¿Qué ocurre con el tratamiento de esos datos? ¿Estarían las grabaciones y comunicaciones —que hagan esas herramientas a la parte— amparadas por el secreto profesional? ¿Sería posible su uso si el procedimiento es confidencial —como ocurre con asuntos de propiedad industrial o en el arbitraje— o si se decreta el secreto de sumario?

Los interrogantes que plantea el uso de las tecnologías en el ámbito judicial no deben ser tomados a la ligera. El mejor precedente lo encontramos con la prohibición en Francia de SupraLegem, que predecía el resultado de un pleito y detectaba sesgos ideológicos y de otros tipos, por entender que su uso vulneraba la independencia de los jueces.

Foto: Un juez dictando sentencia. (iStock)

Con todo, los beneficios que la inteligencia artificial aporta hoy al ámbito jurídico son innegables. Desde la posibilidad de confeccionar contratos y llevarlos a cumplimiento, realizar procesos de due diligence de gran complejidad hasta la obtención de recomendaciones de veredictos e incluso la redacción de borradores de sentencias, como ya ocurre en el sistema judicial chino.

Igualmente, los grandísimos avances tecnológicos que hemos atestiguado (y los que aún quedan por llegar) siembran la duda de si los abogados seremos algún día reemplazados por las máquinas. Lejos de un negacionismo neoludita y de un catastrofismo apocalíptico en el que las máquinas gobiernen nuestro mundo, me quedo con la idea que transmitió el ingeniero jefe de Deep Blue después de que dicha máquina venciera al gran maestro Kaspárov en 1997: "Esto no va del hombre contra la máquina. En realidad trata de cómo nosotros, los humanos, usamos la tecnología para resolver problemas difíciles".

Los beneficios que la IA aporta al ámbito jurídico son innegables. Desde confeccionar contratos hasta la redacción de borradores de sentencias

La derrota de Kaspárov hace un cuarto de siglo —una eternidad en términos de lo que ha evolucionado la inteligencia artificial desde entonces— y la actual superioridad de AlphaZero sobre cualquier jugador humano no han supuesto la muerte del ajedrez. Muy al contrario, el deporte goza de una popularidad creciente entre sus aficionados, y hoy en día no hay gran maestro de ajedrez que no se entrene con inteligencia artificial, usando motores como Stockfish o Komodo.

Quiero pensar —con toda la prudencia que exige realizar esta predicción— que nos ocurrirá lo mismo. Del mismo modo que hemos incorporado los procesadores de texto, internet, telecomunicaciones, bases de datos y automatización de expedientes judiciales a nuestro día a día, también terminaremos por abrazar la inteligencia artificial en beneficio de nuestro trabajo y para convertirnos en mejores abogados, pero no para ser reemplazados.

Como expresa el conocido dicho, renovarse o morir.

* Javier Martínez Díaz es abogado colegiado en Nueva York y Madrid y fundador de Ad Litem | Litigation & ADR.

Por primera vez, una aplicación instalada en un smartphone y basada en inteligencia artificial escuchará un juicio —multa por exceso de velocidad que no exige asistencia letrada— para ofrecer argumentos en tiempo real que serán reproducidos verbatim por la parte. Tal hazaña es obra de DoNotPay, un proyecto catalogado como el primer "abogado robot" y creado por Joshua Browder en 2015. DoNotPay emplea herramientas de inteligencia artificial (machine learning y GPT-3, entre otras) para ofrecer a sus usuarios un amplio abanico de recursos legales mediante chatbots. Browder confiesa que su objetivo es evitar que algunos abogados cobren demasiado por realizar un trabajo que considera de copia y pega.

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