El sector agrícola debe liderar el ahorro de agua frente a la sequía
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Jose Luis Gallego

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El sector agrícola debe liderar el ahorro de agua frente a la sequía

Cualquier esfuerzo de ahorro en el agua de riego agrícola multiplica por mucho lo que puedan aportar el resto de sectores (industrial, urbano o doméstico) juntos

Foto: Regadío en una finca de Cádiz. (Netco)
Regadío en una finca de Cádiz. (Netco)

Entramos en el período más seco del año con las reservas de agua al 57%: siete puntos menos que el año pasado por estas mismas fechas y trece por debajo de la media de la década. Y las perspectivas de lluvia a corto y medio plazo no son nada halagüeñas.

Así pues, con la cantimplora medio vacía y la incertidumbre como guía, haríamos bien en empezar a racionalizar el agua por sectores. Y los primeros que deben hacerlo son los que más la consumen, es decir los agricultores, que gestionan en torno a tres cuartas partes del agua que se consume en España.

La globalización del mercado agroalimentario es insostenible en el nuevo escenario climático: hay que repensar la agricultura

Ya sé que reclamar esfuerzos a un sector que viene sufriendo el desdén institucional desde hace años y ve como sus reclamaciones son sistemáticamente ignoradas puede parecer injusto, pero es que cualquier esfuerzo de ahorro en el ámbito agrícola superará con creces los resultados que se puedan obtener en el resto de sectores juntos: urbano, industrial o doméstico.

Foto: Una trabajadora del campo recoge bayas en La Redondela, Huelva. (Getty)

Y una de las claves para mejorar dicha gestión está en la tan reclamada y siempre aplazada modernización y optimización de los sistemas de regadío de nuestro país, donde no es que sean obsoletos sino arcaicos, con instalaciones que en algunos casos siguen siendo prácticamente las mismas que implantaron los árabes.

La irrigación por aspersión o el riego a manta proveniente de acequias a cielo abierto son del todo insostenibles en un país donde el acceso al agua se va a ver cada vez más comprometido y el desierto avanza a zancadas. Y ante esa realidad, ya podemos avanzar lo que queramos en el ahorro a nivel doméstico, industrial o urbano, que sin solucionar el tema del derroche de agua de riego nunca lograremos mejorar en términos de eficiencia.

placeholder El futuro de la agricultura pasa por el uso eficiente del agua. (EFE)
El futuro de la agricultura pasa por el uso eficiente del agua. (EFE)

El principal reto del sector debe ser lograr el máximo rendimiento con el mínimo consumo de agua, y la administración debería centrar sus esfuerzos a tal fin impulsando un programa nacional de ayudas (reales) que permita dotar de las últimas tecnologías de riego a nuestros campos y quienes los laboran.

Como lo están haciendo en California, donde están doblando la producción agrícola con la mitad de consumo de agua gracias a sistemas como el gota a gota semienterrado: que atiende la demanda de la planta directamente desde la raíz, como si fuera un gotero hospitalario. Un sistema que por cierto se ha implantado con notable éxito en la Ribera del Guadiana.

Foto: Embalse del Atazar en Madrid. (EFE)

Otro aspecto que aliviaría la situación de escasez sería optar por cultivar las variedades que mejor se adapten a las nuevas condiciones climáticas generadas por el calentamiento global, algo que evidentemente no siempre coincidirá con la demanda de mercado, pero es que de otro modo también acabaremos fuera de él por agotamiento del recurso agua.

En ese sentido seguir apostando por los monocultivos en intensivo de especies exóticas, que exigen mayores recursos hídricos en su desarrollo que las autóctonas, mucho mejor adaptadas, es persistir en el error: pan para hoy y hambre para mañana.

placeholder Los escenarios de sequía más severos contemplan la suspensión del riego agrícola. (EFE)
Los escenarios de sequía más severos contemplan la suspensión del riego agrícola. (EFE)

La globalización del mercado agroalimentario no puede seguir marcando el calendario agrícola en nuestros campos, ni mucho menos el mapa de regadíos, porque por muchos que nos empeñemos nuestros suelos no dan para más, ni nuestros recursos hídricos.

Hoy en día se cultiva lo mismo en Australia que en California, Sudáfrica o Murcia para abastecer de la misma fruta y verdura a los supermercados de todo el mundo. Una universalización de los consumos que, además de muchos otros impactos medioambientales, está diezmando la biodiversidad agrícola, con el alto riesgo que ello supone, porque no a todos nos supone el mismo esfuerzo desde un punto de vista medioambiental.

La extinción de las verduras

Hace un siglo se cultivaban en España más de 300 variedades de cereales. Hoy en día los agricultores españoles trabajan básicamente con media docena. En EEUU han desaparecido el 80 % de las verduras. De las más de 30.000 subespecies diferentes de arroz que se cultivaban en la India hoy apenas se cultivan 30. En Francia, las 3.600 variedades de manzana que se podían admirar en sus extensos frutales han quedado reducidas a menos de una veintena. Y ahí esta buena parte del problema: nos estamos jugando nuestro futuro alimentario a una carta.

placeholder La globalización está diezmando la biodiversidad agrícola. (EFE)
La globalización está diezmando la biodiversidad agrícola. (EFE)

De hecho hoy en día hemos reducido nuestro catálogo de plantas comestibles a apenas un par de centenares que se explotan de igual modo en zonas del planeta muy alejadas de sus países de origen y donde el agua no es igual de abundante. Todo ello exige un sobreesfuerzo de riego que genera una sobreexplotación de los recursos hídricos, provocando carencias en el resto de sectores.

Si no salimos de esta gigantesca trampa en la que nos hemos metido solos, será el clima antes que el mercado quien nos dejará fuera de juego: si no es en esta sequía será en la siguiente, o en la otra, pero acabará ocurriendo.

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