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La urgente necesidad de disociar nivel de desarrollo y de contaminación
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Jose Luis Gallego

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La urgente necesidad de disociar nivel de desarrollo y de contaminación

Crecer sin contaminar no es una utopía. Es más, lo que es realmente utópico es creer que podemos crecer de forma infinita sin atender a los límites del planeta

Foto: El nivel de contaminación es un síntoma de fracaso, no de éxito económico. (EFE/Sashenka Gutierrez)
El nivel de contaminación es un síntoma de fracaso, no de éxito económico. (EFE/Sashenka Gutierrez)

Vivimos un momento trascendental de la historia. Porque las decisiones que tomemos en la presente década van a determinar en buena medida la calidad de vida que tendrán las generaciones venideras.

El próximo año se cumplirán 60 desde la publicación de 'Primavera silenciosa (1962)', el libro con el que la gran divulgadora ambiental estadounidense Rachel Carson despertó la conciencia ambiental en su país e impulsó la aparición del ecologismo como movimiento social en todo el mundo.

Foto: Las emisiones de CO2 vuelven a dispararse. (Reuters)

“Nos encontramos ahora en una encrucijada —decía Carson en su libro—, pero ambos caminos no son igualmente bellos. El que nos ha traído hasta aquí es una autopista de primer orden, por la que hemos progresado a una gran velocidad, pero que nos ha llevado hasta el desastre. La opción más sensata ahora es abandonar el confortable tránsito hacia la catástrofe y tomar otro camino: el de ese sendero, mucho menos cómodo y más lento, pero que nos conduce al futuro”.

La autopista a la que se refería la doctora Carson estaba llena de peajes, que nos hemos saltado sin ninguna cortapisa: externalizando los costes medioambientales de la actividad económica y dejando al margen del balance la huella ecológica que esta genera, acumulando millones de toneladas de basuraleza, contaminando los mares, los ríos; hasta el aire que respiramos.

placeholder Comparativa de emisiones de CO₂ y aumento de temperaturas. (NOAA)
Comparativa de emisiones de CO₂ y aumento de temperaturas. (NOAA)

Forzando hasta el extremo, y a sabiendas, el agotamiento de recursos naturales, provocando una pérdida de biodiversidad tan alta que muchos científicos no dudan en catalogarla como ‘la sexta extinción’. Y acaso el peor de todos: multiplicando año tras año y desde hace casi dos siglos nuestras emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) hasta cambiar el clima del planeta, también a sabiendas.

Y es en este punto donde muchos se plantan, entendiendo que renunciar a emitir GEI es lo mismo que renunciar a seguir creciendo económicamente y caer en el abismo del subdesarrollo. Basta con echar una mirada al mapa interactivo de los principales países emisores de GEI para comprobar hasta qué punto eso ha venido siendo así hasta ahora. Pero ya no.

Ese sendero que nos señaló Rachel Carson hace 60 años es el que pasaba por la sustitución de las energías fósiles por las fuentes renovables, el impulso a las políticas fiscales que fomenten el ahorro y la eficiencia y la economía circular.

El que cruzaba por la reducción de los residuos y el reciclaje de sus materiales, por el uso responsable del agua basado en el ahorro, el conocimiento y el empleo de las nuevas tecnologías de reutilización y regeneración de las aguas residuales.

Foto: La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. (EFE)

El que nos llevaba hacia la movilidad eléctrica y la pacificación del tránsito. El urbanismo ecorresponsable y rehumanizado, la agricultura regenerativa y sostenible y la lucha contra el despilfarro alimentario. El del consumo sensato y la producción más limpia. Ese era el sendero hacia el futuro. Y ese sendero sigue ahí, aguardando a que lo tomemos. En caso contrario nos aguardan los últimos kilómetros de esta magnífica 'autopista al infierno' que (con permiso de los fans de AC/DC) nos lleva de cabeza al precipicio.

placeholder Sir David Attenborough en la cumbre de Glasgow. (Reuters/Jeff J. Mitchell)
Sir David Attenborough en la cumbre de Glasgow. (Reuters/Jeff J. Mitchell)

"¿Es así como debe terminar nuestra historia?", recriminaba visiblemente airado David Attenborough a los líderes asistentes a la inauguración de la cumbre del clima de Glasgow hace dos semanas en un poderoso discurso, cargado de emoción y de rabia, con el que el gran divulgador ambiental parecía estar despidiéndose del maravilloso planeta que ha tenido la suerte de disfrutar y darnos a conocer.

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