¡En otoño: búscate en el bosque!
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Joaquín Araujo

Emboscadas

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¡En otoño: búscate en el bosque!

Nada levanta tanto como las hojas cayendo. Tus ojos se desmallarán para comprender aquello que nadie resumió con mayor acierto y belleza que Jorge Guillén: “Piso tesoros”

Foto: Nada otoña mejor que un bosque. (Unsplash/@rgaleria)
Nada otoña mejor que un bosque. (Unsplash/@rgaleria)

"Los árboles desisten de sus hojas para que el cielo se haga todavía más grande"

Nikola Madzirov

Si recordáramos y fuéramos consecuentes con los profundos e iniciales sentidos de las palabras bastaría para vivir comprendiendo. Y si comprendes, convives. Confluyes con todo lo demás sin herir y sumas tu respeto a la admiración debida a todo lo por la vida erguido.

Por ejemplo, otoño, la estación de los colores, del olor a tierra fecundada, de la maduración de tantas primicias esenciales. Sí, estos otoños del mundo mediterráneo que, a veces, si nos ha llorado el cielo, se convierten en una segunda primavera. El otoño, en fin, “de los ojos que miran” que nos regaló Seferis, quiere decir “tiempo de lo aumentado”.

"Buscándonos en el bosque cabe encontrar solución a muchas de las crisis y amagos de colapso que nos acechan"

A contracorriente de la brevedad creciente de los días, de la doble desnudez de los árboles y de los primeros fríos, los que escribieron en sánscrito comprendieron y nos proponen que reconozcamos la trascendental aportación de estos meses. Porque estamos en el tiempo de manantiales renacidos, de los suelos besados por miles de millones de hojas. Es más, bandadas ingentes de aves llegan a nuestras arboledas para cobijarse y comer en ellas durante los meses fríos.

Escribí en más de una ocasión que nada levanta tanto como las hojas cayendo. Por eso y por las setas, tus ojos se desmallarán para comprender aquello que nadie resumió con mayor acierto y belleza que Jorge Guillén: “Piso tesoros”. La tantas veces despreciada hojarasca es, en efecto, uno de los principales activos y pasivos de la natura y por tanto de la continuidad de la vida, de su aumento.

placeholder Ahora mismo, nada es más amigo nuestro que el bosque. (Unsplash/@digitech)
Ahora mismo, nada es más amigo nuestro que el bosque. (Unsplash/@digitech)

Todo lo libre se viste de su propia desnudez y ahora, cuando los árboles deciden vivir más desnudos todavía para que “sea más grande el cielo”, es un excelente momento para que crezcamos nosotros también. Es decir, para emboscarse en busca del humus. La fertilidad natural, acaso el proceso esencial por excelencia, es cocinada en otoño para que la degustemos a lo largo del resto del año.

Se nos quiere olvidar que cuando comemos en realidad ingerimos paisajes enteros, ciclos completos, procesos ecológicos esenciales. Comemos la sabiduría del otoño y de sus amores con el tiempo.

Foto: Un ciervo berreando en el Parque Nacional de Cabañeros. (EFE)

Pero es que nada se embosca mejor que la estación de lo cumplido, maduro, aumentado. Nada otoña mejor que un bosque. Entre otras cosas, porque todo lo inicia un festival de bellezas encadenadas. Con algarabías de colores que danzan con las moribundas hojas. También acertó plenamente Canetti al exclamar que “solo por los colores merecería la pena vivir eternamente”.

placeholder Allí estaba todo lo básico para la supervivencia. Y sigue estándolo. (Unsplash/@sebastian_unrau)
Allí estaba todo lo básico para la supervivencia. Y sigue estándolo. (Unsplash/@sebastian_unrau)

Debería ser de obligado placer, por tanto voluntario, buscarse en el bosque durante las próximas semanas. Y en esto, de nuevo, el antiguo y hondo sentido de las palabras puede acompañar a la delicia de pasear por las arboledas más o menos desnudas. Porque la palabra buscar quiere decir ir al bosque.

Ese significado deriva de que para encontrar buena parte de lo esencial, allá cuando se fundaron las lenguas indoeuropeas, todavía era necesario internarse en las espesuras. Allí estaba todo lo básico para la supervivencia. Y sigue estándolo.

Foto: Orangután en las selvas de Sumatra. (Reuters) Opinión

Poco o nada necesitamos más ahora mismo que los árboles erguidos cazando contaminantes, ofreciendo futuros a las faunas, creando la fertilidad futura, alegrando todas las miradas y hasta calmando tantas ansiedades como hieren a demasiados humanos. Ahora mismo, nada es más amigo nuestro que el bosque.

Buscándonos en el bosque cabe encontrar solución a muchas de las crisis y amagos de colapso que nos acechan. Porque de esta catástrofe del clima solo podremos salir si volvemos a la entrada. Recordemos que nuestra puerta de llegada a la historia de la vida fue el bosque. Sigamos buscando y buscándonos en él, ahora que el otoño comienza a acariciarnos por todas partes.

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