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Demasiadas veces es demasiado pesada la tarea de descansar
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Joaquín Araujo

Emboscadas

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Demasiadas veces es demasiado pesada la tarea de descansar

A los que pueden saciar su sed de descanso, el verano podría ponerles en contacto con ámbitos que mejorarían su comprensión. Pero optan por encerrarse en otras ciudades, orilladas a lo que fue un inmejorable litoral

Foto: Benidorm como muestra del amontonamiento (EFE/P.Morell)
Benidorm como muestra del amontonamiento (EFE/P.Morell)

Los veraneos de los españoles suponen no menos de cien millones de desplazamientos. Casi todos por carretera, es decir en vehículos particulares. Obviamente el comienzo de las mal llamadas vacaciones ya resulta una pesadez. Pero se trata tan solo del primer amontonamiento. Cuando esto sucede y estamos refiriéndonos tan solo a un país de mediana población a lo largo de tres meses. Estos que ya no resultan cálidos sino tórridos.

Foto: Las olas de calor se hacen especialmente duras en el campo (EFE Salas) Opinión

En suma algo que considero suficiente acontecimiento como para analizarlo desde las perspectivas de lo demás, es decir de la natura. Pero esto ni siquiera representa la punta del iceberg. Son muchos más, prácticamente el doble, los que, desde otros estados, se convierten en la primera industria del país. Poco también si queremos hacernos una idea de lo que significa hoy viajar con fines recreativos. Lo hacen unos dos mil millones de personas al año lo que supone, por ejemplo, que siempre haya en el aire un mínimo de doce mil aviones.

Conviene insistir. Si descomunal resultan los casi tres mil millones de vehículos terrestres que padecemos, lo de los aviones supone que todos los minutos, de todas las horas, de todos los días, la atmósfera sea surcada y contaminada por el más veloz de los medios de transporte.

placeholder Caravana durante la operación salida de verano (EFE/J.Lizón)
Caravana durante la operación salida de verano (EFE/J.Lizón)

Ya han sido analizados, hasta la saciedad, los impactos que para la transparencia supone la búsqueda de descanso o entretenimiento, ambos absolutamente legítimos y necesarios. Podría hacerse mucho mejor, sobre todo planificando fechas para no provocar tantos atascos. Pero lo que sí considero poco abordado es la tremenda contradicción que generalmente se adensa con el convencional veraneo de las mayorías. Cuestan mucho, exigen múltiples tareas que, en no poca medida, poco o nada tienen que ver con el descanso y mucho menos con el disfrute de lo diferente, tan relajador.

Vaciar ciudades es mayúscula hazaña que además de por el sudor queda impregnada por la alegría de los que aún disfrutan de vacaciones y de los que hacen negocios vinculados a las mismas. Muy pocos dirigen sus descansos hacia lo vacío de nosotros mismos. A los que pueden saciar su sed de descanso, el verano podría ponerles en contacto con ámbitos que mejorarían su comprensión. Pero casi todos desaprovechan la oportunidad encerrándose en otras ciudades, eso sí, orilladas a lo que era un inmejorable litoral.

placeholder Aglomeraciones en el Aeropuerto de Barajas (EFE/F.Villar)
Aglomeraciones en el Aeropuerto de Barajas (EFE/F.Villar)

Recordemos que hoy los ecólogos consideran las costas mediterráneas el paisaje más alterado del planeta. Playas, acantilados, dunas, albuferas, deltas… han sido casi del todo enterrados bajo una ciudad continua. Pues bien, allí, en otros amontonamientos, poco, o nada, se descansa. Es lo que nos advierten sicólogos y psiquiatras que, cuando no se hace todo lo contrario que en el trabajo o en tu entorno inmediato. Repetir estilo de vida, esa que las mayorías llevan durante todo el larguísimo resto del año apenas supone relajación, recarga anímica o sencillamente disfrute.

Quisiera equivocarme, pero estoy casi seguro de que esta desatenta sociedad desaprovecha masivamente la deliciosa oportunidad de contemplar algo diferente a lo que normalmente tiene delante.

Más de 20 millones de personas que entrarán, al menos por unos días, en paisajes no cotidianos, tendrán que trabajar duro como chóferes. Bastante también como buscadores incesantes del mejor y más barato chiringuito. Competirán por unos metros cuadrados de arena. Respirarán aire sin pureza alguna y comerán no pocos productos de baja calidad… Y les costará además mucho más que el sueldo del mes.

placeholder Grupo de bañistas en un chiringuito (EFE/M.Lorenzo)
Grupo de bañistas en un chiringuito (EFE/M.Lorenzo)

Insisto: la gran mayoría no verá lo que nos envuelve siempre por todas partes. Los acontecimientos que empapan el derredor tampoco alimentarán demasiadas curiosidades. Sin embargo, el verano despliega toda suerte de propuestas para nuestros sentidos. Para el menos usado, nuestro olfato, tenemos ingentes propuestas como los olores a paja y heno recién cortados; a la tierra mojada tras la tormenta; a las mieras que sudan tantas especies de coníferas y plantas aromáticas del clima mediterráneos; a las mentas y poleos completamente florecidos allí donde quede un poco de humedad...

¿No es acaso torpe la preferencia del humo y la fritanga en lugar de los aromas de la vida? Los ojos también pueden confluir o extraviarse en pos de los animales sin hueso, algo que normalmente puede pasar inadvertido a pesar de que son el 99% de los que pueblan cualquier paisaje. Centenares de especies de mariposas, libélulas, coleópteros, abejorros...atestarán los aires bajos, por los altos hay unas decenas de millones de aves que ya están iniciando su viaje al Sur. Es más, también nos espera el más allá nocturno con todo su infinito disponible.

El verano puede ser algo muy diferente. Acaso para unos pocos descansar pueda alcanzar su pleno sentido

¿No es acaso ceguera el que diminutas pantallas, bajo techo, suplanten al panorama? Incluso tiene su encanto el garlitar con el que las cigarras rasgan al adagio que entonan bosques y aguazales, cimas y praderas. Los allegros primaverales serán rescatados al amanecer y danzarán en nuestros tímpanos las brisas que harán dicharacheras a las arboledas. ¿No es acaso sordera el azacaneado imperio del ruido de los apartamentos playeros?

Que miremos, olamos o escuchemos los lenguajes de lo espontáneo supondría un verdadero y gratuito descanso. Ojalá os anime a disfrutar de verdad la inmejorable compañía de la poca vivacidad que nos va quedando. Sin olvidar que atender a los lenguajes originales, limpios y sinceros de la natura relaja muchísimo y es algo que puede dar sentido a nuestros sentidos. Entre otras muchas cosas porque es bello, grato y gratuito.

Los veraneos de los españoles suponen no menos de cien millones de desplazamientos. Casi todos por carretera, es decir en vehículos particulares. Obviamente el comienzo de las mal llamadas vacaciones ya resulta una pesadez. Pero se trata tan solo del primer amontonamiento. Cuando esto sucede y estamos refiriéndonos tan solo a un país de mediana población a lo largo de tres meses. Estos que ya no resultan cálidos sino tórridos.

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