La gestión activa o cómo lograr la máxima rentabilidad

Los movimientos dispares de este 2016 permiten descubrir qué equipos de gestión son capaces de ofrecer una rentabilidad superior al mercado

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Analista de bolsa

Hace unas semanas, en esta sección de Aprender a Invertir, analizamos la gestión pasiva con sus resultados y operativa. Asimismo, tomamos un ejemplo de cómo confeccionar una cartera de ese tipo, utilizando por ejemplo un robo advisor nacional, de tal forma que, al final, el concepto de simplemente seguir al mercado y a su tendencia, a largo plazo, parece que quedó clara.

Sin embargo, un año como el actual, tanto en mercado norteamericano como en el europeo, ha supuesto una oportunidad para los gestores activos. Los movimientos dispares de este 2016 permiten descubrir qué equipos de gestión son capaces de ofrecer una rentabilidad superior al mercado, nos dan la oportunidad de analizar la volatilidad en la que han incurrido y, al final, hasta podemos entender el motivo de una comisión de gestión y de éxito. Como se dice, el tiempo pone a cada gestor en su lugar en años como el actual.

Y todo ello pese a que se está produciendo una migración cada vez mayor de dinero ubicado en fondos activos a los pasivos en USA. Desde 2008 parece que los inversores han tomado la decisión de confiar más en el índice que en la capacidad de los gestores, provocando que, a día de hoy, todo lo que pierde la gestión activa lo recupera la pasiva.

Recordemos que la gestión activa es aquella que busca batir al índice de referencia. Para ello, puede llevar a cabo distintas estrategias encaminadas a identificar valor y pretende optimizar las posiciones tomadas. En función de cada una, se pueden abrir y cerrar posiciones según lo establecido por el gestor.

La gestión activa provoca que los precios sean más eficientes, al buscar oportunidades en valores infravalorados, de alto potencial o de cualquier otro tipo de estrategia.

W. Buffet entra en contradicciones cuando aconseja que el inversor medio debería ser un inversor pasivo. Él es un inversor activo, que va buscando siempre ineficiencias o valores infravalorados, pero reconoce que la mayoría de los inversores no tiene capacidad ni tiempo para gestionar sus ahorros. Luego entonces, es mejor ser inversor pasivo.

Veamos unos ejemplos de nuestro mercado, con fondos nacionales y sobre activos españoles. Entramos en la ficha de cada uno de los fondos activos y vemos, al azar, 5 de ellos. Datos de Morningstar.

Arriba del todo se indica el nombre del fondo. En la segunda fila, los datos del fondo así como su fecha de creación. En la parte de abajo, marcado por rentabilidad, lo que han producido en el año en curso (el Ibex a día de hoy cae un 8,6%) y, para aquellos fondos de más solera, la rentabilidad a 3 años.

Fíjese en la divergencia de resultados. El primer fondo, cayendo el Ibex un -8,6%, resulta que está dando un +9,33% de rentabilidad en el año. El segundo pierde más que el Ibex (-12,06%). El tercero, un -12,54%. El cuarto ya supera al Ibex pues sólo cae un -4,04% frente a un -8,6 del índice. Por último, el 5º fondo cae un -0,65%, mucho menos que el índice. Eso es lo que consigue la buena gestión activa, superar lo que hace el índice.

Sin embargo, el problema de este tipo de gestión es la capacidad de mantener esos números en el tiempo. Fíjese en los detalles de esos mismos fondos en el tiempo.  

 

Si toma las rentabilidades anuales conseguidas del 2011 al 2015 verá la diferencia entre un año y otro y respecto al resto de fondos. Justo en esa inconsistencia de rentabilidades, radican muchas de las críticas contra la gestión activa. Lo que consiguen un año, lo pierden el otro. No se consigue un éxito prolongado en el tiempo de este tipo de gestión.

Al final, parece más rentable el utilizar un mix entre gestión activa y pasiva. La gestión pasiva parece dar mejores resultados cuando existe una tendencia definida y clara del mercado. Por ejemplo, en Estados Unidos, es mucho más rentable (de media) comprar un ETF sobre el S&P que ponerse a descubrir cuál es el mejor gestor. De ahí el flujo de fondos a esos activos índexados. Sin embargo, en nuestro Ibex, hubiera sido mejor identificar a esos buenos gestores y permanecer con ellos hasta el cambio de ciclo. En momentos de “no tendencia”, la gestión activa parece tener más sentido siempre que demos con el “buen” gestor.

En función de sus objetivos, ya tiene las pistas para identificar qué tipo de gestión le conviene. Ahora sólo le toca a usted tomar la decisión de inversión.

Aprender a Invertir
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