¡Adiós bitcoin, adiós!

Esta fiebre por el bitcoin y por el resto de criptomonedas ha hecho que, a fecha 13 de diciembre de 2017, la capitalización de mercado supere los 500.000 M de dólares

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Bitcoin es la mayor aplicación y la más importante creada hasta la fecha bajo la tecnología 'blockchain', una base de datos pública donde se verifican las operaciones que se realizan con esa criptomoneda. Este protocolo descentralizado posibilita que dos personas se puedan intercambiar valor en cualquier lugar del mundo, de forma segura (encriptada) e instantánea. Es un cambio de paradigma financiero que, poco a poco, más y más usuarios están viendo como posible.

El bitcoin (con b minúscula) es la criptomoneda que hace eso posible y que ha alcanzado una popularidad tremenda en este último año. Es tal la euforia existente que medios internacionales como la CNN, el 'WSJ' o el 'FT' lo están llevando en portada día sí y día también. Y no solo para hablar de su precio (que es lo que lo que casi todo el mundo mira), sino de sus posibilidades como instrumento de inversión. Sin ir más lejos, este miércoles el 'WSJ' publicaba en portada una noticia sobre la cada vez más factible salida del primer ETF sobre el bitcoin, aprobados ya y cotizando los primeros futuros financieros sobre el BTC.

El bitcoin pretende ser un activo monetario que permita ese intercambio o depósito de valor y su precio depende de la cantidad de usuarios que lo quieran emplear de esa forma. En Japón, por ejemplo, las criptomonedas son consideradas ya como medio de pago desde inicio de 2017 y cada vez son más los comercios donde el pago es comúnmente aceptado. Si el número de personas que lo utilizan aumentasu precio se incrementa de la misma forma, y eso justo es lo que parece estar sucediendo si observamos los datos públicos de Coinbase, que es solo una de las muchas 'exchanges' existentes.

Del mismo modo, si atendemos al “interés y notoriedad” que despierta en las redes sociales, el volumen de tuits parece estar totalmente correlacionado con el precio.

Esta fiebre por el bitcoin y por el resto de criptomonedas ha hecho que, a fecha 13 de diciembre de 2017, la capitalización de mercado (que no tiene nada que ver con la de un activo clásico pese a que muchos lo confunden) supere los 500.000 millones de dólares, donde el bitcoin acumula casi el 57% de ese total.

De ese modo tenemos mayor número de usuarios, mayor notoriedad y mayor interés, que unido al alza acumulada del 1.800% en este año (en USD), ha levantado y sigue levantando miedos de burbuja desde casi su inicio. La verdad es que no tengo ni idea de si asistiremos a un pinchazo de épicas consecuencias dramáticas, o si realmente esa burbuja ni siquiera existe. Aquí puede pasar de todo. Desde la continuación del incremento del número de usuarios y la escalada del precio, hasta la posible aparición de regulación restrictiva, alternativas que superen al bitcoin en su función o que todo este paradigma por el que apuesto sea solo un sueño.

Hace ya varios años en los que he venido apostando (que no recomendando) por incorporar un pequeño porcentaje de BTC en una cartera diversificada. Nunca a modo de lotería sino de apuesta por ese futuro. Las ventajas desde el punto de vista de rentabilidad y riesgo eran enormes y así lo demostré con varios ejemplos reales. Sin embargo, estamos asistiendo a la sucesión de hechos que hacen que haya que extremar la precaución y, tal vez, decirle adiós al bitcoin por un tiempo.

De un lado tenemos la llegada masiva de especuladores sin conocimiento alguno. Mi hermano, por ejemplo, me sorprendió el otro día sembrando más señales reales de alarma. Resulta que había comprado a modo de especulación 100 euros en Litecoin (LTC) y 20 días después los podía vender por más de 600 euros. Le pregunté qué era ese activo y cómo había llegado hasta él, y la respuesta no fue nada convincente. No tenía ni idea de qué era LTC, y resulta que toda la flota de pilotos de su empresa estaban comprando como locos mientras compartían la experiencia en el grupo de WhatsApp. Lo curioso sin embargo fue que, al decirle que vendiera para hacer caja e intentar entender qué era esto de las criptomonedas, se negó de forma rotunda. Subirá más y no hay que vender.

Es decir, tenía ante mí un comportamiento clásico de peligro absoluto. De un lado participantes en el mercado que se apuntan a la fiesta sin saber qué música se toca y, de otro, esos mismos participantes poseídos por la codicia y la idea de una revalorización infinita.

Pero lo mejor lo descubrí un día después. Circula por internet y en medios varios un cálculo curioso sobre cuál puede ser el precio del bitcoin en 2020. El autor toma los datos de variación media diaria desde 2010 hasta la fecha y, en base a esos números, proyecta cuál puede ser el precio futuro. Aplicando una revalorización del 0,42% al día, el precio puede estar sobre los 250.000 USD en 2020. Con esos mismos datos, fíjese en la imaginación que aplica para ver lo que supone en términos de rentabilidad mantener 1 BTC en cartera. No tiene desperdicio.

Los más tecnológicos utilizan otra serie de argumentos menos simplistas, pero igualmente inventados y en base al crecimiento de la red. Si actualmente y al precio de hoy tenemos un 1% de usuarios, la siguiente fase se va a doblar como mínimo, lo que supone tener un precio mucho más alto del actual.

Junto a estas pequeñas muestras de avaricia y desenfreno general, seguro que también ha oído en su grupo de compañeros de trabajo, amigos e incluso en la TV y radio, cómo el bitcoin se va haciendo un hueco en muchas conversaciones. Y el 95% de ellos no entiende de lo que están hablando. Supuestos profesionales incluidos. Por cierto, hay que pasar por Hacienda aunque crea que nadie le controla.

Así las cosas, ante este estado de paranoia general y pese a ser un convencido del futuro inteligente de las criptomonedas (admitiendo que puede ser o no BTC la ganadora), la prudencia y el control del riesgo me lleva a pensar que hay que tomarse un descanso, rebalancear antes de hora la cartera y aislarse de este ruido cuyo riesgo no controlo.

¿Qué es rebalancear una cartera? Pues simplemente devolver a su estado inicial la ponderación de la misma. Si un inversor hace un año tenía 20.000 euros destinados a riesgo (bolsa, bonos, petróleo…) y colocó un 5% en bitcoin, su exposición era de 1.000 euros. Si hoy suponemos que los restantes 19.000 invertidos se han mantenido constantes, resulta que el monto que representa ahora el BTC ha pasado de ese 5% a un 43% del total (1 BTC = 14.500 eur).

Es decir, mi riesgo es mucho mayor pasado ese tiempo y, de no hacer nada, he cambiado por completo mi perfil. Si aplicamos correctamente una estrategia de inversión coherente y no influenciada por la codicia, hay que reducir hasta el 5% el total destinado a BTC. De esta forma, venderíamos en mercado la cantidad correspondiente y entraría esa liquidez fruto de la venta con beneficios. En este caso, el valor hoy sería de 19.000 + 14.500 = 33.500 euros. Debo mantener entonces no más de 1.650 euros en la criptomoneda para ser coherente con mi análisis de rentabilidad y riesgo.

Al final, se trata de intentar entender siempre el momento de mercado en el que se está, lo que se compra y cómo se debe gestionar. Sea una acción, un bono o un activo digital. Siendo cierto que nada tiene que ver la vieja economía con la posible futura economía, la forma cómo debe afrontarse el riesgo no debe cambiar.

Combinando viejas estrategias con nuevos activos he demostrado en este último año cómo se puede lograr cierto éxito siempre que se actúe con conocimiento y buen juicio. Realmente no es un adiós al bitcoin, sino más bien un hasta luego.

*Nota: el autor no realiza recomendación de compra o venta alguna y expresa únicamente su opinión.

De Vuelta
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