Ser propietario seis semanas de un yate por 765.000 euros

Acciones, algoritmos, gestión y reducción de costes…nada nuevo en el horizonte salvo el yate que pasará este verano frente a nuestros ojos

Foto: Foto: Yatch Charter Fleet
Foto: Yatch Charter Fleet

Hoy en día, podemos ser accionistas de un equipo de futbol, del club de golf, de la cooperativa vinícola, de una empresa familiar, de una compañía cotizada en Japón e incluso, del barco donde podremos pasar parte de nuestro tiempo de veraneo.

Las vacaciones estivales suponen una de las mayores inversiones en ocio, que hacemos tanto españoles como europeos cada año. El ejercicio pasado y según datos de TripAvisor, el gasto medio (que incluye transporte, alojamiento y consumos) estuvo entre los 1000 y los 3000 euros por español. La duración media, para más de la mitad de los viajeros, se situó en los 15 días y cada vez son más los que buscan destinos fuera de nuestro país. A nivel mundial, en 2018 se alcanzaron cifras récord con más de 1400 millones de viajeros internacionales (que pernoctan en el sitio que visitan) y el crecimiento superó al de la economía mundial en casi el doble.

Al hilo de estas dos posibilidades, la de ser accionista y la de destinar recursos a vacaciones, la industria se ha encargado de crear y desarrollar soluciones de distintos tipos que recogen lo mejor de ambos mundos. Desde viviendas vacacionales hasta yates de lujo, los sistemas son muchos y variados, así como el abanico de costes asociados a los mismos.

Muy de moda en la década de los 80/90, la multipropiedad por turnos de una vivienda vacacional fue (y sigue siendo) una fórmula que pese a no tener nada que ver con la propiedad real del bien, une los derechos de disfrute temporal y una solución financiera optimizada para los que buscan algo más que un apartamento de veraneo clásico. Mediante esta fórmula, se puede disponer de una vivienda en la playa o en la montaña por un tiempo determinado (el estipulado en el contrato) adaptada al presupuesto familiar. Atrás quedaron los contratos perpetuos que dominaban este sector y, más asentadas las condiciones de este derecho de aprovechamiento por turnos del bien inmueble de uso turístico, son más de un millón de familias europeas las acogidas a estos planes. Canarias, la Costa de Sol y el Levante español son los destinos principales para este tipo de viviendas. En cualquier caso, este sistema no supone el tener acción alguna con derecho a propiedad en la vivienda y se limita a lo pactado en el contrato de disfrute por tiempos y no hay escritura alguna involucrada.

Una evolución de este sistema es la llamada propiedad fraccional. En este método de propiedad, varias personas pueden tener una participación (en forma de acción, por ejemplo) de un bien de coste elevado o lujoso, al tiempo que se le asigna un tiempo proporcional de disfrute. Existirá por lo general, algún tipo de escritura que otorgue la participación de capital en la propiedad. Se divide el costo de la compra del bien y la gestión del activo entre varios propietarios, y permite no tener que desembolsar la totalidad del importe, ni asumir todo el riesgo correspondiente. Además, mediante la introducción de un agente intermediario se evita el tener que estar pendiente de las responsabilidades del día a día, y se facilita la gestión misma del bien.

Este tipo de propiedad fraccionada es muy frecuente en activos como los yates de lujo. Al ser un bien cuyo uso se suele limitar a varias semanas al año, esta modalidad de propiedad evita tener que asumir tanto el coste de compra global como el de mantenimiento anual. En este caso, el accionista como dueño real del activo, podrá transferir o vender su participación en cualquier momento y, el disfrute, se puede intercambiar con el resto de propietarios. Ese mismo agente intermediario se puede también encargar de buscar esa liquidez y, si tiene presencia internacional, de ayudar en las gestiones de intercambio de puertos de salida y barcos.

Acciones, algoritmos, gestión y reducción de costes…nada nuevo en el horizonte salvo el yate que pasará este verano frente a nuestros ojos

El funcionamiento es muy simple. Una vez determinado el número de copropietarios y adquirido el bien, se nombra a un gestor del barco y a un responsable financiero. Cada yate suele tener entre 3 y 10 accionistas y los costes de mantenimiento se dividen en función del porcentaje de propiedad de cada uno de ellos. Éstos seleccionan sus turnos de disfrute mediante una aplicación o web creada al efecto, y un algoritmo asegura que se trata a los propietarios de forma igual, con independencia de su grado de propiedad y en función del tiempo correspondiente a cada uno. Existe un servicio encargado de la limpieza, de colocar y retirar los enseres de cada uno de los dueños, de hacer la compra pertinente si así se solicita y de ese modo, el propietario llega y embarca sin mayores trabas.

Algunos de estos intermediarios tienen en sus páginas web toda la infraestructura necesaria para seleccionar el número de semanas al año que quiere disfrutar, el tipo de yate, el puerto de embarque y la asignación en capital correspondiente de la propiedad deseada. Ahora mismo podría ser accionista de un San Lorenzo 104 para 8 personas, con puerto de embarque en Mallorca o en Phuket a un módico precio de 765.000 euros y con un uso de 6 semanas al año. Si el presupuesto no le llega, por unos 55.000 euros se hace con la propiedad parcial de Sunseeker Manhattan 60 con derecho de uso de 4 semanas.

Así las cosas y volviendo al planeta tierra, lo interesante de estos sistemas radica en la capacidad que tienen muchos empresarios para crear un producto a medida para ciertos clientes específicos, utilizando un mix de oportunidad, ahorro de costes y sistema de propiedad accionarial. Sin ser algo nuevo, se ofrecen las ventajas vistas de inversión menor (cualquiera de los posibles clientes seguro puede permitirse la compra del yate especifico) sin cargar con los costes y problemas asociados (mantenimiento, amarre, seguros, etc.), contando con la posibilidad de intercambiar semanas de disfrute con otros propietarios de otros países y, todo ello, en un entorno de cierta liquidez o, por lo menos, la opcionalidad a la misma. Acciones, algoritmos, gestión y reducción de costes…nada nuevo en el horizonte salvo el yate que pasará este verano frente a nuestros ojos.

De Vuelta
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