Tres razones por las que no tienes que invertir (todavía) en fondos de inversión

No dejan de sorprender las continuas llamadas, por parte de un buen porcentaje de la comunidad financiera, a la buena oportunidad de inversión que las actuales cotizaciones representan

Foto: Foto: Flickr/Ken Teegardin.
Foto: Flickr/Ken Teegardin.

Parece trivial hablar de proyecciones económicas y visión de mercado cuando, cada vez más gente en el mundo, está sufriendo y padeciendo los efectos de la pandemia. Pero no podemos olvidar la gestión de nuestras finanzas a medio y largo plazo pues, las consecuencias de no hacerlo, provocarían una extensión aún mayor de tal fatalidad.

En este contexto no dejan de sorprender las continuas llamadas, por parte de un buen porcentaje de la comunidad financiera, a la buena oportunidad de inversión que las actuales cotizaciones representan. La crisis sanitaria que vivimos ha provocado un 'shock' de oferta y demanda nunca antes visto, generando un pánico vendedor indiscriminado en búsqueda de liquidez a cualquier precio. El mercado descuenta una caída de la actividad económica mundial muy importante, que en teoría debiera ser recuperada en los últimos trimestres del año. En España, utilizando datos de Deloitte, el consenso de analistas da una caída entre el 2% y el 10% del PIB en función del momento de vuelta a la actividad normal del país. La recuperación vendría en 2021, arrojando datos de crecimiento entre el 1% y el 8,5% en función de los parámetros utilizados.

Esta situación ha provocado, en el caso de la renta variable norteamericana, el peor trimestre de la historia para el S&P 500 con caídas superiores al 20%. En el caso del Ibex 35, aquellas han sido del 29%. Dentro de esos descensos generalizados, se han dado también grandes rebotes de precios. El S&P 500 logró recuperar en una sesión un 9,4%, logrando reducir al final del trimestre, las magnitudes alcanzadas desde mínimos (35%) hasta el mencionado 20%. El Ibex 35 logró igualmente, la mayor alza diaria histórica en ese periodo.

Estos datos han sido utilizados por Wall Street, como síntoma de formación de un suelo. Se han descontado los efectos del COVID19 y empieza a verse cierta recuperación en el sentimiento inversor. Sin embargo, pienso que no estamos ante un 'buy the dip' sino ante un 'sell the bounce' (vende la recuperación) por las razones que ahora detallo. En cualquier caso, note el lector que en 2008 por ejemplo, se produjeron rebotes de precios entre septiembre y diciembre de ese año que fueron desde el 9% hasta el 19%. Entre el 27 de octubre y el 4 de noviembre, por ejemplo, el S&P ganó un 18%. Entre el 20 de noviembre y el 28 de ese mes, el indicador norteamericano subió un 19%. Así hasta en 6 ocasiones en el periodo señalado.

1. La situación es peor de lo que pensamos

"I want every American to be prepared for the hard days that lie ahead. We're going to go through a very tough two weeks", 31 de marzo de 2020. Presidente Trump.

Se ha producido una expansión geográfica del coronavirus mucho más rápida y letal de lo inicialmente previsto. Esto ha dado lugar al confinamiento de más de un tercio de la población mundial y el consecuente impacto sobre la actividad económica. A día de hoy, monitorear el posible fin de ese crecimiento no está resultando efectivo. Los bancos centrales y gobiernos mundiales han llevado a cabo acciones coordinadas “hasta donde sea necesario” de expansión económica para garantizar la liquidez del sistema. En cualquier caso, de prolongarse la incapacidad de controlar la pandemia, los efectos económicos serán peor de lo esperado. Los datos de empleo de ayer en Estados Unidos así lo parecen demostrar pues sacaron a la luz el peor escenario contemplado.

Según datos de McKinsey, el 70% de la población norteamericana está muy o extremadamente preocupada por la duración de la pandemia. Más del 50% de los consumidores piensan que se necesitará un mínimo de entre 4 y 6 meses para regresar a la normalidad, y más de un 60% de aquellos piensan que no recuperarán su situación económica hasta pasado ese mismo tiempo.

Recién iniciado el confinamiento de la población, los datos de gasto esperado muestran cifras significativas. Frente a la normal caída de vuelos, restaurantes, hoteles o cruceros, otros sectores como el 'retail' (muy tocado ya), automoción o consumo de gasolina se acercan igualmente a las cifras de los primeros.

En este contexto de caída del empleo y la ausencia de gasto, la confianza del consumidor que funciona de forma inversa al desempleo, harán que este se contraiga más allá del levantamiento de la cuarentena.

No hay que olvidar que, a 1 de abril, todavía quedan estados en USA que no han decretado la orden de confinamiento. Esto supone atrasar aún más el control del virus y no frenar su expansión. Lo mismo sucede con ciertos países que no se están sumando a la más total restricción al respecto.

2. El final de la recompra de acciones

La recompra de acciones, que fue uno de los principales creadores de demanda de títulos en el ciclo 2009 a 2019 ha llegado a su fin. Los días en que se pedían créditos a tipos cero para llevar a cabo estas operaciones, incrementando el BPA, han pasado a la historia. Al menos en el corto y medio plazo. A cambio, esta expansión de la recompra de acciones ha dejado paso a un sector empresarial con deuda récord, reduciendo su capacidad para afrontar el actual periodo de crisis. Según Goldman, más de 50 empresas del S&P500 han suspendido ya sus programas de recompras de acciones por un monto de más de 190.000 millones de USD, casi un 25% del total destinado a tal fin en 2019.

A la ausencia de una parte de los compradores causantes de parte del rally alcista de la última década, hay que añadir que esas mismas empresas no realizarán aportaciones a los planes de ahorro de sus trabajadores, los fondos de inversión siguen sufriendo salidas constantes de flujos y el inversor internacional ni está, ni se le espera a corto plazo.

3. Consecuencias de las medidas de control

¿Puede la Fed volver a “fijar” las caídas del mercado mediante estímulos? Hasta la fecha la idea del 'don’t fight the Fed' ha funcionado pero el paso hacia el 'go big or go home' entraña riesgos adicionales que se terminarán pagando en el medio plazo. Sin embargo, en esta ocasión no lo hacen para potenciar una recuperación económica, sino para intentar ganar tiempo mientras se ponen en marcha las políticas de índole fiscal.

Es cierto que, sin las medidas de emergencia de apoyo al sector empresarial, sin tipos de interés al 0%, sin los 2 billones de estímulos y la coordinación de acciones a nivel mundial, el S&P o el Ibex estarían mucho más abajo, pero este tipo de medidas nos podrán traer consecuencias muy negativas. El aumento de la base monetaria generará inflación y nos encontraremos, además, con niveles de deuda corporativa y gubernamental exuberantes, que resultarán en un crecimiento económico muy débil durante mucho tiempo.

Así las cosas y como decía la semana pasada, al final se superará la actual crisis y la luz se verá en cada vez más países. La recuperación de la economía española y mundial, dependerá (entre otros) de la duración del confinamiento. Una vez pasado, permitirá ver el daño real producido en la economía, el cambio de costumbres y hábitos que darán lugar a una nueva expansión de ciertos negocios y servicios. Este mes de abril será uno de los peores, con aumento de desempleo, reducción de los beneficios empresariales y una población en estado de agotamiento total. Las valoraciones se ajustarán aún más y aparecerán oportunidades de compra. Pero antes, hay que dejar que los precios recojan la realidad de una economía en estado de parálisis total, pasar a una fase de control del virus que permita la vuelta a la normalidad y eso, pese a lo que diga Wall Street, no se ha consumado todavía. Los mínimos de las bolsas, están aún por llegar.

Por dejar unas notas de optimismo y utilizando el S&P 500, el largo plazo sigue funcionando. Partiendo de datos desde 1927 y hasta la actualidad, la tabla siguiente muestra el comportamiento del índice en periodos distintos (sin dividendos).

Del total de 23.000 días de bolsa, el 52,3% de los mismos arrojaron rentabilidades positivas a un día. Al cabo de un mes, el mercado sube en un 59,7% de las ocasiones (periodos de 30 días). A un año vista, esos datos son del 68,8%. A 10 años, el porcentaje es del 88%. En caso de incluir los dividendos, los resultados serían más elevados. Invertir a largo plazo genera mayores probabilidades de éxito y partir de valoraciones más ajustadas, ayudan a incrementar dichas posibilidades. Aprovecho para desearles, ante todo, la máxima salud y bienestar en estos tiempos y que como en los mercados, la máxima prudencia y paciencia domine todos sus actos.

De Vuelta