Claves para invertir en 2021: ¿y si la mayoría se equivoca?
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Javier Molina

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Claves para invertir en 2021: ¿y si la mayoría se equivoca?

Está muy bien escuchar a los profesionales y ser capaces de leer el actual momento del ciclo, pero sin olvidar que como decíamos antes, una mayoría de aquellos adolecen de ciertos sesgos

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En el mes de diciembre suelen presentarse, tanto aquí como en el resto de mercados, las claves y recomendaciones de cara a posicionarse el ejercicio que viene en materia de inversión. Grandes y pequeñas gestoras, junto a bancos y casas de análisis, aprovechan la ocasión para hacer públicas, siempre a modo de sugerencias, sus carteras modelos e ideas varias para moverse con éxito el año siguiente.

Sin embargo, uno podría pensar a la vista de los datos pasados, que cuando Wall Street saca sus recomendaciones, éstas llegan muchas veces tarde e influenciadas por ciertos sesgos alejados de la capacidad de predicción de cada casa. De un lado y como más importante, estaría la reputación y aquella parte de los incentivos relacionados con la misma donde, en esencia, no interesa desviarse mucho del consenso por el riesgo que ello implicaría. Y de otro lado, no es fácil encontrar un análisis cuya información generada no esté descontada, en gran medida, por el activo en cuestión. Esto lleva, entre otros puntos a considerar, a que se tienda a ser muy conservador, ajustando las previsiones cuando la evidencia ya es clara y, con el problema añadido, de terminar provocando un efecto llamada que es secundado por una gran parte de esos analistas. Esto podría explicar en parte, los cambios tan fuertes entre los estados de miedo y euforia que viven los mercados en determinados momentos.

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Javier Molina

De cara a establecer las claves para 2021 y volviendo al principio, es interesante observar cómo, con mayores o menores matices, vuelve a darse una muy similar tendencia y concentración, con respecto a las recomendaciones de la comunidad de analistas. A grandes rasgos uno podría concluir que, iniciado el camino para superar el fuerte shock tras el año de la pandemia, la vuelta al crecimiento económico global es la apuesta generalizada. En un entorno de tipos de interés cero por mucho tiempo y, contando con el apoyo de gobiernos y bancos centrales gracias a las medidas expansivas tomadas y que se tomarán, el futuro parece estar más despejado.

Sin esconder la bandera de la prudencia, por aquello de no destacar sobre la masa, la renta variable vuelve a ser la gran ganadora en esas previsiones. Gestión activa, pues toca identificar valores concretos y no sectores en tiempos complejos, con especial foco sobre los mercados emergentes (Asia especialmente) e incluso Europa frente a un Estados Unidos que, pese a seguir ocupando el primero de los puestos por ponderación, precisa mayor labor de selección. Domina la narrativa en este apartado, sobre la necesidad de que cuanto más sostenible sea el activo mucho mejor pues, como se ha visto este mismo año, rentabilidad y ESG no están reñidos sino todo lo contrario, y es una de las claras lecciones que el covid-19 nos ha puesto sobre la mesa. Para terminar con las recomendaciones generales podemos destacar la oportunidad que puede existir en infraestructura, tecnológicas pese a su alta valoración (siendo muy selectivo), medios de pago digitales, computación en la nube, energías renovables, sanidad y su vertiente de digitalización, o consumo básico, entre otros. La inversión en valor (value) regresa a las quinielas y, para aquellos más sofisticados, el private equity permitiría cierta diversificación.

Vuelve a darse una muy similar tendencia y concentración

Pero… ¿y si la mayoría se equivoca? Tras uno de los ejercicios bursátiles más complicados de la historia, el mercado ha vuelto a demostrar que, pese a los buenos criterios utilizados en las previsiones, cuando las expectativas y la realidad nos sorprenden, la volatilidad se hace dueña del escenario. Y ahora mismo volvemos a estar en un mercado de altas expectativas, colocado en modo evolución futura muy positiva, de euforia elevada y donde el modo “risk-on” en el que se ha entrado, puede no resultar todo lo favorable que se prevé.

Es por eso que quiero destacar unos gráficos de valoración que no deben olvidarse. Note el lector que no pretendo poner duda alguna sobre la tendencia dominante en las bolsas directoras, pero como buenos inversores, debemos tener presente el mayor número de variables posibles. En primer lugar y tomando la capitalización bursátil del S&P500 con respecto al ratio de crecimiento económico medido por el PIB, nunca antes el mercado había estado tan caro, superando en 3,5 veces la desviación estándar respecto a la media.

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En segundo lugar y utilizando el Cape Ratio, podemos intuir qué rentabilidad esperada en los próximos 10 años se obtendría dado el precio pagado hoy. Esta ratio, como sucede en el anterior, elimina la fluctuación de los resultados por motivos del ciclo y por shocks puntuales como el sufrido en 2020, ajustándose por inflación. Sólo entre 1999 y 2001 se tuvieron lecturas superiores y, lo que viene a decir es que, a los precios actuales, la rentabilidad esperada media anual hasta 2030 está sobre el 0%.

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Así las cosas y de cara a preparar la estrategia de inversión más adecuada a cada perfil, es conveniente que cada uno pueda utilizar la máxima información disponible para la consecución de ese fin. Está muy bien escuchar a los profesionales y ser capaces de leer el actual momento del ciclo, pero sin olvidar que como decíamos antes, una mayoría de aquellos adolecen de ciertos sesgos que no hay que olvidar y, por desgracia, el mercado sigue siendo soberano.

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