2020, el año que más dinero se ganó en bolsa
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Javier Molina

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2020, el año que más dinero se ganó en bolsa

La evidencia demuestra que el inversor medio debe optar por la diversificación y por la gestión pasiva como forma de operar en los mercados

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Foto: Reuters.

Una de las discusiones que no dejan de prolongarse en el tiempo, pese a que las rentabilidades muestren la realidad del absurdo de mantenerlas, versa sobre la idoneidad de apostar por la gestión activa o pasiva. Recordemos que, a grandes rasgos y simplificando, en la primera se trataría de generar utilidades superiores a las del mercado. Para ello, esos gestores se basan en distintos criterios y estrategias encaminadas a tal fin, siendo el objetivo último el de generar alfa en cualquier entorno de mercado. Sin embargo y cómo expliqué hace un tiempo, muchos seguidores de esta corriente debieran despedir a su gestor pues, en esencia, aquellos muestran la incapacidad prolongada de alcanzar tal meta. Conscientes de este fracaso generalizado, con sus contadas excepciones, la gestión pasiva es la estrategia que se ha hecho fuerte en la última década pues, su objetivo final y a modo de igual simplificación, se limita a replicar la evolución de un índice.

En el año de la pandemia, donde se han observado los extremos de mercado más pronunciados nunca vistos antes, sectores repuntando muchas más que otros o, con acciones generando rentabilidades muy superiores al resto en un ambiente muy complejo, uno podría pensar que este ha sido el año de la gestión activa, el año en el que esos gestores más audaces destacasen sobre el resto y donde, en definitiva, el pagar una comisión más alta por la gestión se viese, finalmente, recompensada con creces.

Pero la realidad muestra de nuevo, que eso no ha sido así. Utilizando un artículo de Fernando Luque de Morningstar al respecto y para el mercado US, resulta que analizando los últimos 10 años por sectores y sacando un índice de dispersión, éste nunca había sido tan alto. Es decir, la gestión activa ha obtenido los peores resultados así calculados.

Este año en particular e incrementado por la ponderación de las principales acciones del Nasdaq100 y del S&P500, el hacer “stock-picking” se ha demostrado ser muy difícil, incidiendo sobre los rasgos observados en el pasado. Un estudio hecho por Longboard hace unos años, ponía de manifiesto que entre 1989 y 2015 sólo un 20% de las acciones cotizadas generaban el 100% de la rentabilidad de los índices, es decir, un 80% del total no aportaban beneficios.

Estos datos pueden verse igualmente en las cifras de fortuna acumulada por los multimillonarios citados en la lista de la revista Forbes que, en su gran mayoría, las han generado fruto de ser visionarios y apostar por esa concentración. Pero, de no ser uno de esos pocos escogidos, el gráfico anterior muestra que esa capacidad de selección de los ganadores no es tarea fácil.

Así las cosas y un año más, salvo que sea capaz de escoger al mejor gestor en el mejor momento y que aquel cuente con la capacidad de perpetuar los resultados en el tiempo, la evidencia demuestra que el inversor medio debe optar por la diversificación y por la gestión pasiva como forma de operar en los mercados. El Nasdas100 (QQQ) acumula un 46% de alza este año, el SP500 (SPY) un 16%, la renta fija de larga duración (TLT) un 17% y hasta el Investment Grade (LQD) supera el 10%. Si compara su fondo de gestión activa en cada uno de esos asset clases verá, sin duda, la gran diferencia un año más. Al final y si atendemos al Nasdaq, resulta que, utilizando los datos de los últimos 10 años, este 2020 ha sido el que mayor alza ha generado a los inversores pasivos.

Felices Fiestas a todos.

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