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Santiago Satrústegui

Desnudo de certezas

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Hablar o escribir sobre otra cosa sería hacer como el violinista del Titanic, que es otra forma de tontería. Pero tampoco es fácil decir nada sensato y feliz sobre lo que está pasando

Foto: Foto: Juan Medina/Reuters
Foto: Juan Medina/Reuters

La estupidez no deja de ser noticia. Es un tema que nunca se agota. Me gustaría poder dirigir hacia otras cosas la inmerecida atención de los sufridos lectores que pasan por aquí, pero cómo evitar fijar la atención en la sinrazón a la que estamos asistiendo y que está provocando el suicidio de las opciones políticas en las que muchos creemos que debería de sustentarse nuestro modelo de sociedad.

Hablar o escribir sobre otra cosa, en estos momentos, sería hacer como el violinista del Titanic, que es otra forma de tontería. Pero tampoco es fácil decir nada sensato y feliz sobre lo que está pasando porque, respondiendo a la clásica pregunta que Vargas Llosa lanza a Zavalita en “Conversación en La Catedral”, el Perú se jodió hace ya mucho tiempo.

Si te fijas en nuestra historia, probablemente lo más anormal son los periodos de sensatez política y, en este sentido, quizá lo que vivimos durante la Transición haya sido un espejismo que nos tiene todavía despistados. La capacidad de que los españoles generemos un consenso sobre un proyecto común requiere de muchísimo más esfuerzo del que parecía, porque nuestra tendencia a la división hace que continuamente nos empeñemos en volcar la barca en la que estamos condenados a navegar juntos.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Si lo pensamos bien, el saber popular desde hace mucho tiempo ha ido guardando frases y expresiones que rememoran anécdotas muy clarificadoras de ese comportamiento envidioso y cainita de matar al hermano que puede empezar a hacernos sombra. Seguimos siendo como un cubo lleno de cangrejos en el que todos tienden a colgarse del que empieza a destacar un poco hasta hacerle caer de nuevo al fondo.

“A cubierto, que vienen los nuestros” es probablemente la expresión que define mejor al centro derecha español de todas cuantas podamos buscar. Son, somos, nuestro peor enemigo y esto incluye muchas veces también la relación con los propios votantes. Parecía tan evidente que ese espacio político estaba ganado que se han olvidado desde hace mucho tiempo de cuidarlo.

Dividir al enemigo ha sido siempre una táctica ganadora y la traición un método no suficientemente castigado por nuestra propia historia. Vellido Dolfos se libró de pagar la suya porque El Cid no llevaba puestas las espuelas, “mal haya el caballero”, y porque se pudo escabullir por un portillo de la muralla de Zamora.

Foto: Militantes del PP se manifiestan ante la sede de Génova. (EFE/Fernando Alvarado)

Pues bien, después de ser durante mil años el traidor que asesinó al rey Sancho II, hace unos años al Partido Popular se le ocurrió cambiar la Historia y en un acto de desagravio de la figura del asesino, la “Puerta de la Traición” ha pasado a llamarse la “Puerta de la lealtad”. La explicación de la alcaldesa de Zamora que perpetró tal hazaña fue la de que “había que adaptar la tradición a los valores que tenemos ahora”.

Con la traición como forma de comportamiento ya adecuadamente blanqueada, como hemos visto, no es extraño que se haya creado un filtro perverso en el acceso a la política, gracias al cual, salvo heroicas excepciones, tenemos lo que tenemos.

Álvaro Figueroa, Conde de Romanones, que es a quien hay que revisitar continuamente cuando pasan estas cosas, nos dejó, como parte de su valioso legado, la imprecación que se me viene a la cabeza continuamente en este momento de: “¡Vaya tropa!”. Pero la expresión más rotunda, insuperable en su rotundidad, es la de Estanislao Figueras, presidente de la primera República, que prefiero ahorrarles a los lectores.

En el concurso de ideas que se debe estar planteando para salir de esta situación, “¿qué se os ocurre para volver a ilusionar a nuestros simpatizantes?”, no nos olvidemos de la propuesta que hizo Forges en su inmortal viñeta.

La estupidez no deja de ser noticia. Es un tema que nunca se agota. Me gustaría poder dirigir hacia otras cosas la inmerecida atención de los sufridos lectores que pasan por aquí, pero cómo evitar fijar la atención en la sinrazón a la que estamos asistiendo y que está provocando el suicidio de las opciones políticas en las que muchos creemos que debería de sustentarse nuestro modelo de sociedad.

Partido Popular (PP)