Profesionalidad como talón de Aquiles de la industria de inversión
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Profesionalidad como talón de Aquiles de la industria de inversión

La industria de la gestión se enfrenta a un serio problema de credibilidad; los inversores sospechan que los intereses comerciales de los propietarios se anteponen a los suyos

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La industria de gestión de inversiones se enfrenta a un serio problema de credibilidad; los inversores sospechan que los intereses comerciales de los propietarios se anteponen a los suyos. A esto hay que añadir su desconfianza por el insuficiente énfasis en los principios de profesionalidad de la industria -a saber; la formación y los códigos de ética y conducta profesional. Como consecuencia se abre una ventana por la que las firmas de gestión de inversiones que sepan abordar eficazmente estos dos grandes retos serán las ganadoras a largo plazo.

La creciente presión regulatoria, entre otros retos, está obligando a las grandes instituciones financieras a nivel mundial a reevaluar sus negocios operativos. Es por ello que la gestión de activos se está convirtiendo en un negocio atractivo, al ser poco intensivo en capital y, en general, no haber experimentado una excesiva regulación. Sin embargo, es probable que esta tendencia saque a la luz algunos conflictos de interés de las firmas de gestión de activos que deberán ser tratados por la industria, reguladores, inversores y accionistas.

Decía la biblia que no se puede servir a dos señores al mismo tiempo... ¿cómo satisfacer a accionistas y clientes al mismo tiempo?

Decía la Biblia que no se puede servir a dos señores al mismo tiempo, y para los gestores de activos esto es un desafío: ¿cómo satisfacer a accionistas y clientes al mismo tiempo? Existen muchas situaciones en la industria de gestión de activos, negocio con un deber fiduciario fundamental hacia sus inversores, en donde el deseo de maximizar los beneficios para los accionistas puede entrar en conflicto con los intereses naturales de los inversores. Se trata de un fenómeno generalizado en todo nuestro sistema económico, y es el talón de Aquiles de la industria financiera.

El conflicto podría resolverse de varias maneras. Por ejemplo, un modelo de negocio basado en la reciprocidad en el que aquel fuera propiedad de los clientes, eliminaría el problema de raíz. Sin embargo, es poco probable que pudiera ser adoptado universalmente dado que, gran parte de nuestra economía moderna, se basa en la capacidad empresarial de los propietarios para generar beneficio para todos. También, alinear mejor los gastos de la gestión de inversiones con los rendimientos que producen (a corto o largo plazo), ayudaría. El sistema actual debe adaptarse con el fin de mitigar y gestionar mejor los conflictos. Si la industria de la inversión pretende recuperar la confianza de toda la base de inversores, se necesita trabajar muy duro para demostrarles que, realmente, la industria es sincera cuando dice que sus intereses son lo primero.

Que los gestores de activos adopten un código ético que establezca claramente que el interés del cliente es lo más importante

Una forma de subrayar este principio básico pasaría porque los gestores de activos adopten un código ético que establezca claramente que el interés del cliente es lo más importante. Como fiduciarios, esta obligación ya está implícita, pero debería indicarse expresamente tanto interna y externamente. Parte de esta batalla también debe incluir el fortalecimiento de la cultura interna dentro de las firmas de gestión de inversiones. Sus directivos deben inculcar una cultura que debe situar en primer lugar al cliente. Los últimos años han presenciado cómo los gestores más grandes se hacían aún más grandes, y los activos quedaban cada vez más concentrados en las manos de unos pocos. Por tanto, la próxima década pertenecerá a aquellos gestores que puedan demostrar claramente que sitúan los intereses de sus clientes por encima de los propios.

Pero el cambio también debe llegar al nivel de los empleados si es que las empresas quieren prosperar. Estos profesionales también deben adherirse a un código de conducta profesional. Con la creciente complejidad de los mercados financieros y sus productos, y la complicidad de la globalización y los nuevos avances en la tecnología, se producirá un incremento considerable de la regulación. Este incremento de la carga regulatoria deberá distribuirse mejor entre el regulador, el empleador y el individuo.

En conclusión, la responsabilidad fiduciaria debe ser traída al frente si queremos que los conflictos de interés sean resueltos con mayor profesionalidad. Los profesionales de la gestión de inversiones tienen el deber de actuar como administradores de los activos de los inversores, dentro de un entorno que fomente una cultura de comportamiento más ético y promueva la integridad del mercado. La industria de gestión de inversiones, sus participantes, y lo más importante, la sociedad en general, sólo podrá prosperar bajo estas circunstancias.

Paul Smith, CFA, CEO and President CFA Institute.

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