Hinkley, la planta nuclear más cara del mundo

No solo no cuenta con financiación suficiente, sino que el precio de la electricidad generada se sitúa entre un 30% y un 100% superior al resto de las tecnologías

Foto: Planta nuclear de Hinkley Point. (Reuters)
Planta nuclear de Hinkley Point. (Reuters)

“It´s the most expensive piece of kit even in the context of nuclear power” Peter Atherton

Hace unas semanas escribí un artículo llamado '¿Vuelve la energía nuclear?' donde comentaba cómo la apuesta por esta tecnología vuelve, y de manera muy relevante, a lo largo del mundo.

Eso no quita que algunos de los proyectos que se han anunciado sean simplemente ruinosos elefantes blancos. Lo mismo que criticamos, con razón, la vergüenza de las subvenciones excesivas, debemos alertar de las meteduras de pata en ciertas inversiones que simplemente no tienen cabida en el mundo del barril a 50 dólares.

A 50 el barril, casi ninguna tecnología renovable es competitiva, es cierto. Lo explicaba la IEA en su informe a 2020. Pero hay plantas nucleares, como la que nos ocupa hoy, Hinkley Point, Reino Unido.

El proyecto tiene un coste estimado de 38.000 millones de euros y necesita subvenciones que duplican el precio mayorista actual.

La solución no es subvencionar a otra tecnología con una fórmula más cara. Es incentivar la competencia, como ha ocurrido en EEUU

Cuando miramos la importancia de un mix energético variado, tendemos a olvidar la necesidad de tener fuentes de energía baratas, predecibles y abundantes. La energía nuclear cumple en muchos casos esos objetivos. Francia es, hoy en día, el país que tiene el menor coste de electricidad gracias a sus más de 50 reactores nucleares, y jamás gastó ni un 1% del PIB en subvenciones a la construcción.

Sin embargo, no todos los proyectos son rentables. Según HSBC, Citibank y otros bancos de inversión, la planta nuclear de Hinkley no solo no cuenta con financiación suficiente por parte de los socios actuales, que han buscado ayuda en China, sino que el precio de la electricidad generada se sitúa entre un 30% y un 100% superior al resto de las tecnologías, además de tener una extremadamente generosa subvención por el coste de CO2.

Mientras tanto, en Reino Unido, empresas como Scottish Power y SSE han conseguido optimizar su flota de generación entre viento y gas natural, consiguiendo una combinación que mejora el precio final y compite con las tecnologías más baratas.

La IEA mostraba recientemente la mejora en costes de las renovables, dejando clara la evidencia de que la energía eólica se mantiene como la más competitiva, y la solar fotovoltaica residencial, la más cara. Solo la eólica terrestre se mantiene competitiva con las energías fósiles a 50 dólares/barril o 3,5 dólares/MMBTU para el gas.

La búsqueda de un mix energético que garantice la seguridad de suministro, sea fiable y barato, continúa. No se va a conseguir subvencionando como a una solar a un enorme elefante blanco atómico.

Mientras cometemos estos errores, en EEUU la combinación de 'fracking'-gas natural y renovables ha llevado a los precios de la electricidad a caer en términos reales a niveles del año 2000.

En Europa seguimos reduciendo competitividad subvencionando. Tan grave es el error subvencionador solar alemán que ha llevado a cotas de pobreza energética jamás vista, como invertir 38.000 millones en una planta nuclear que no es rentable a menos del doble del precio medio mayorista actual. Las renovables no han reducido la factura de la luz en Alemania, la han duplicado, pero la solución no es subvencionar otra tecnología con una fórmula más cara. Es incentivar la competencia, como ha ocurrido en EEUU. Y si los socios de un proyecto no lo pueden hacer rentable a los precios de mercado, que se retiren.

Lleno de Energía
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