El trabajo no se acaba

Vivimos en una época apasionante, en la que el avance de las tecnologías de la información está revolucionando todos los sectores productivos. Hoy se pueden adquirir

Foto: Trabajadores del campo
Trabajadores del campo

Vivimos en una época apasionante, en la que el avance de las tecnologías de la información está revolucionando todos los sectores productivos. Hoy se pueden adquirir mejores bienes y servicios a menor coste gracias al avance de la ciencia y el desarrollo de sus aplicaciones.

Sin embargo, no todo el mundo ve con buenos ojos este progreso. La tecnología está permitiendo reducir muy significativamente el número de trabajadores que las empresas necesitan. Para muchos, las máquinas y los sistemas están reemplazando a las personas y convirtiendo el trabajo en un recurso escaso que habría que compartir.

Es similar a lo que ocurrió durante la revolución industrial. Un tractor era capaz de hacer el trabajo de decenas de campesinos y solo necesitaba de una persona para conducirlo. Con perspectiva temporal suficiente vemos claro que la solución no es que los campesinos se turnen para conducir el tractor ni retrasar la llegada de los tractores con impuestos o cotizaciones sociales a las máquinas.

Frenar el progreso no ayuda. Solamente perjudica a esa economía en un entorno competitivo global. La producción se desplaza y concentra en aquellos lugares donde sea más eficiente y haya suficiente seguridad jurídica.

Si el entorno cambia, empleados y empleadores deben cambiar también. Trabajar es hacer algo útil para alguien y cobrar por ello. Por lo tanto, mientras haya productos y servicios por los que estemos dispuestos a pagar, habrá trabajo. Se cubrirán necesidades que hasta ahora no se podían servir satisfactoriamente. Se desarrollarán nuevos sectores y subsectores que emplearán a los que dejen de ser útiles en los actuales.

Algunos argumentan con razón que el ritmo de cambio actual es mucho más rápido que en la revolución industrial. No obstante también somos más flexibles, más polivalentes que los campesinos de entonces. Dedicarnos a otra actividad o innovar en nuestro sector cada vez nos cuesta menos.

El trabajo evoluciona y con él las empresas y las inversiones. En un entorno cada vez más cambiante no podemos asumir que las empresas que más venden hoy vayan a seguir haciéndolo mañana. Los ciclos de vida de los negocios se acortan y las barreras de entrada en la mayoría de sectores disminuyen. Es fundamental analizar las capacidades de las compañías para hacer frente a los cambios y evaluar si realmente se están adaptando.

Rumbo Inversor

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