BCE: de prestamista último a prestamista único

El BCE ha sobrepasado el lógico límite de tipos cero pensando que así iba a incentivar la inversión. No ha conseguido su propósito porque nadie invierte obligado

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Una de las funciones de los bancos centrales es actuar como prestamista de última instancia. Según la definición del BCE, se recurre a esta figura cuando se necesita crédito urgentemente y se han agotado todas las demás opciones.

Hay muchas situaciones en las que esta actuación ha sido necesaria. El Banco de Inglaterra ayudó a Northern Rock en septiembre de 2007, la Reserva Federal inyectó liquidez en Bearn Stearns en marzo de 2008 y el BCE utilizó la ELA (Emergency Liquidity Assistance) para ayudar a numerosos bancos europeos durante la crisis del euro.

Esta figura, prevista por todos los bancos centrales, nada tiene que ver con el papel que está desempeñando actualmente la autoridad monetaria de la eurozona.

La política de tipos negativos, unida a los programas de compra de activos del Banco Central Europeo está provocando un enorme efecto expulsión o Crowding Out de los prestamistas privados. El ahorro ya no se canaliza hacia la inversión porque a una de las partes no le interesa.

El tipo de interés es el precio que paga quien necesita financiación a quien presta el dinero. Si es demasiado elevado se desincentiva el crédito porque el prestatario no lo acepta. Por el contrario, si es demasiado bajo (o negativo) también se desincentiva el crédito porque es el prestamista el que decide no arriesgar su ahorro.

El BCE ha sobrepasado el lógico límite de tipos cero pensando que así iba a incentivar la inversión. No ha conseguido su propósito porque nadie invierte (arriesga su dinero) obligado, ni a cambio de nada. Lo único que se consigue es generar desconfianza.

En un entorno de tipos negativos los agentes económicos prefieren pagar por dejar la liquidez inutilizada a invertir. Los bancos prefieren dejar el dinero en el BCE, las empresas se vuelven más cautas y los particulares mantienen el dinero en efectivo o a la vista.

Entonces, ¿quién está comprando la enorme cantidad de bonos que cotizan con tipos negativos? Hay cuatro tipo de compradores:

1º) El BCE.

2º) Los bancos. Obtienen un margen positivo recibiendo dinero prestado para comprar esos bonos a tipos aún más negativos. Lo consiguen gracias a la política de financiación ilimitada (barra libre) de activos del BCE. Si no estuviera la autoridad monetaria detrás y solo contasen con el dinero de sus clientes (depósitos) y con la financiación mayorista no invertirían en bonos a tipos negativos.

3º) Aquellos que esperan más bajadas de tipos del BCE. Invierten a los tipos actuales no con el objetivo de mantener los bonos hasta vencimiento, sino esperando venderlos más caros en cuanto el BCE baje todavía más los tipos de interés.

4º) Los que no son conscientes de que van a perder dinero. Muchos ahorradores invierten en fondos de inversión, fondos de pensiones y otros productos financieros en función de las rentabilidades pasadas. La evolución satisfactoria de la renta fija en los últimos años se ha conseguido a expensas del resultado venidero. La mayoría de entidades financieras, en lugar de explicar esto a sus clientes, les siguen recomendando los productos.

Los ahorradores que invierten en estos activos son los mismos que rechazan las letras del tesoro, bonos y depósitos a tipos negativos. Sin embargo nadie les ha explicado que la rentabilidad esperada neta de gastos de los fondos en los que invierten es también negativa.

En conclusión, excluyendo el engaño generalizado que por omisión se está cometiendo en la comercialización de la inmensa mayoría de los productos de renta fija, el BCE se está convirtiendo directa e indirectamente en el prestamista único en la eurozona.

Los bancos centrales pueden intervenir en el mercado comprando activos o bajando los tipos de interés, pero no deberían expulsar a los inversores privados que a tipos bajos pero positivos están dispuestos a financiar la actividad económica. Cuanto más tiempo mantenga el BCE la política de tipos cero o negativos más graves serán los daños en el sistema de canalización del ahorro privado hacia la inversión productiva.

Rumbo Inversor
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