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BCE: una aproximación miope a la tasa de reversión

La tasa de reversión o reversal rate se define como aquel nivel de tipos de interés a partir del cual, si se siguen bajando los tipos y la política monetaria se vuelve contractiva

Foto: Escultura del euro en fráncfort (EFE)
Escultura del euro en fráncfort (EFE)

La tasa de reversión o reversal rate se define como aquel nivel de tipos de interés a partir del cual, si se siguen bajando los tipos, la política monetaria se vuelve contractiva (disminuye el crédito) en lugar de expansiva (se incrementa el crédito).

Desde el BCE, autoridad monetaria que ha situado los tipos en los niveles actuales, se insiste una y otra vez en que todavía no se ha alcanzado la tasa de reversión y que, si fuera necesario, podría seguir bajando tipos de interés.

Los cálculos que se están haciendo para determinar si se ha alcanzado o no la tasa de reversión se centran en estimar el efecto de los tipos en el balance de los bancos. Se asume que si aumenta la capitalización de los bancos, éstos darán mayor crédito a la actividad productiva.

Sin embargo esta premisa no es cierta. La existencia de capacidad para prestar de los bancos u otras entidades financieras es una condición necesaria, pero no suficiente. Para que aumente el crédito debe haber también voluntad para prestar. Es decir, debe haber un negocio detrás, un incentivo económico que compense el riesgo asumido. A tipos cercanos a cero o negativos la mayoría de entidades dejan de prestar.

¿Quién está prestando entonces?

El BCE directa o indirectamente. Los tipos cercanos a cero y negativos están expulsando (Crowding Out) a las entidades que con recursos propios o de sus clientes prestan a los Estados y a las empresas con buen rating (grado de inversión).

En consecuencia, el ahorro conservador se está dejando parado y lo sustituye el BCE con su balance. Presta directamente comprando bonos e indirectamente financiando bonos y créditos a tipos todavía más bajos a las entidades financieras. De esta manera, el BCE se ha convertido en el principal acreedor de los Estados y de muchas grandes empresas.

Esto tiene más consecuencias de las que parecen a primera vista. En 2012 las primas de riesgo de los Estados de la eurozona aumentaron porque los inversores exigían una recompensa mayor para seguir renovando la creciente deuda de los Estados. Grecia quebró porque los inversores ya no le prestaban.

A partir de ahora esto cambia. Si en el futuro Italia o cualquier otro Estado quiebra o tiene que pagar más o menos por su deuda será una decisión política, no del mercado. El BCE es quien decide si renueva los vencimientos, a qué tipos y en qué condiciones financia la compra de cada tipo de bono. Si seguimos por el mismo camino, la quiebra o no de las grandes empresas también será una decisión exclusivamente política. Con el riesgo de zombificación de la actividad que ello conlleva.

Por otro lado, destaco que a medio plazo la expulsión del ahorro privado para el crédito a Estados y compañías con grado de inversión no aumenta el crédito a pymes, particulares y empresas con peor rating. Que no haya negocio (interés económico) en prestar a los Estados o empresas con mejor rating no significa que aumente el interés privado en prestar a otro tipo de deudores.

Un miope es alguien que ve muy bien de cerca, pero que no ve bien de lejos. El BCE supervisa los bancos y tiene muy en cuenta los efectos de su política monetaria en sus balances. Ve muy bien de cerca. No obstante, esa gran visión a corto plazo hace que prefiera no levantar la vista más allá de los próximos dos trimestres.

Afortunadamente, el BCE está este año en un proceso de revisión estratégica. Esperemos que el replanteamiento de su política monetaria le sirva para ver la realidad poniéndose también en la piel de quienes toman las decisiones de inversión a medio y largo plazo. En ese caso, se daría cuenta de que los tipos cero o negativos no incentivan el crédito, sino que lo contraen. Muchos ahorradores dejan de prestar porque el riesgo no les compensa. Por otro lado, no crecen los negocios bancarios centrados en el crédito a la actividad y financiados con recursos de clientes porque no son atractivos. Aunque haya capital suficiente, éste no se destina a aumentar el crédito.

Rumbo Inversor
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