Necesitamos un plan de desescalada del confinamiento

Dos pequeños empresarios, de dos puntas del país y sectores diferentes me han mostrado esta semana la misma preocupación: lo peor de todo es no saber

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Dos pequeños empresarios, de dos puntas del país y sectores diferentes me han mostrado esta semana la misma preocupación: lo peor de todo es no saber para qué me tengo que preparar. Uno de ellos precisaba: si voy a estar cerrado dos meses tengo que tomar unas decisiones, si voy a estar un año sin poder abrir tengo que tomar otras.

Está claro que todo dependerá de cómo evolucione la pandemia, de los avances científicos y de la gestión que realicemos para convivir con el virus de la mejor manera posible. No obstante, hay actividades que quienes nos dirigen saben que abrirán antes que otras. Pues bien, pongamos negro sobre blanco en un papel, aunque después haya que variar el plan inicial. Es muy importante tener un plan y hacerlo público para que las personas y las empresas puedan organizarse.

Por ejemplo, si se indica que previsiblemente se abrirán los vuelos por ocio nacionales el 1 de julio y los vuelos internacionales el 1 de diciembre, los ciudadanos se animarían a reservar vuelos para fechas posteriores. Posiblemente las aerolíneas venderían los billetes con descuentos y una política de cancelación flexible, pero se pondrían todos a trabajar y podrían financiarse con esos ingresos para subsistir mientras tuvieran la actividad parada. Los hoteles podrían hacer una mejor estimación de la demanda y prepararse para ello. Los proveedores de aerolíneas y hoteleras también podrían empezar a trabajar con más certidumbre.

Es evidente que la recuperación será progresiva, pero es necesario que conozcamos en qué consisten las distintas fases de desescalada del confinamiento y tener una idea aproximada de cuándo podrían activarse. Cuanto mejor nos organicemos, menos empleo se destruirá y más rápida será la recuperación.

Destaco que, en el ejemplo anterior, lo más importante es la demanda, no la oferta. Son los ciudadanos los que tienen que saber a partir de cuándo pueden hacer planes de ocio y de qué tipo. Las aerolíneas, hoteleras y demás proveedores adaptarán su capacidad en función de la demanda.

Necesitamos una esperanza, un objetivo que perseguir, no podemos esperar a la deriva e ir decidiendo en el último minuto. Si no nos preparamos, no podremos salir bien de esta situación. La mayoría de los países europeos han planificado su desescalada del confinamiento y han hecho pública la estrategia. Saben lo que van a abrir próximamente y lo que seguirá cerrado al menos hasta después del verano. Hagamos lo mismo, posibilitemos que ciudadanos y empresas puedan organizarse.

Termino indicando que espero el proceso de reapertura de la actividad se pueda gestionar en un clima de confianza. En este sentido, hay un país, ejemplo de Estado avanzado en muchos aspectos, que está venciendo al virus confiando en sus ciudadanos. Soy consciente de que aquí tenemos otra cultura y tengo claro que el confinamiento de algunas semanas era necesario en nuestro caso. Pero también creo que ahora somos mucho más conscientes del problema y que actuaremos de manera más responsable. Animo a nuestros gobernantes a que confíen en los ciudadanos y en las medidas que mantendrán de distanciamiento social.

Rumbo Inversor
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