¿Qué podemos esperar de la economía global tras la pandemia?

Es tiempo de replantearnos muchos de los principios básicos de nuestro modelo económico para mitigar estos impactos

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Quienes dicen que ya no quedan palabras en el alfabeto para describir la evolución de la economía mundial tras la pandemia tienen toda la razón. Ni podemos esperar una recuperación rápida en forma de 'V' ni tampoco un estancamiento total, en forma de 'L'. Lo mas cercano a la realidad, en mi opinión, es la forma de la ‘raíz cuadrada’, puesto que empieza por una fuerte y abrupta caída de la actividad seguida de una rápida recuperación a la que le seguirá, y ese es el gran problema, un crecimiento cada vez menor de largo plazo.

La gran pregunta, por tanto, es ¿por qué una pandemia como el covid-19 puede forzar un menor crecimiento potencial? Los motivos son varios: el primero es que las empresas serán menos rentables y reaccionarán en consecuencia. El segundo, que la distribución de la renta empeorará a nivel mundial. El tercero, que las políticas fiscales y monetarias hiper-expansivas nos abocan a un mundo más endeudado, especialmente en lo que a la deuda pública se refiere, lo que hará casi imposible salir de tipos de intereses negativos que, a su vez, desincentivan la inversión. Como si esto fuera poco, la inestabilidad financiera mundial podría ser una de las consecuencias no deseadas clave de la pandemia, tanto por los flujos cada vez más volátiles en las economías emergentes como por las dudas sobre el papel del dólar como moneda de reserva.

Si analizamos cada uno de estos puntos con mayor detalle, el menor crecimiento en el medio plazo parece inevitable: se ha producido una enorme pérdida de capital humano, así como de capital físico por la fuerte caída de la inversión, además de la destrucción del tejido empresarial por las quiebras. En cuanto a capital humano, mas allá del aumento del desempleo, no hay que olvidar el parón en la educación presencial y la menor productividad asociada con la disrupción del trabajo presencial, aunque no sea el caso para todas las profesiones, pero sí para la mayoría.

Adentrándonos en la situación de las empresas, la pandemia ha provocado un grave deterioro de la rentabilidad empresarial en el mundo entero. Como ya ocurrió tras la crisis global en 2008, las empresas querrán recuperar su rentabilidad y sus ganancias, para lo que tendrán que reducir empleo y salario, empeorando la ya maltrecha distribución de la renta a nivel mundial. En otras palabras, parece inevitable una mayor presión a la baja sobre los costes laborales unitarios y, por tanto, sobre el poder de compra de las familias.

Es tiempo de replantearnos muchos de los principios básicos de nuestro modelo económico para mitigar estos impactos

Finalmente, las políticas ultra-laxas que un gran número de países han introducido como consecuencia de la crisis económica relacionada con el covid acabarán en mayor deuda pública, pero a intereses cada vez mas bajos, si no negativos. El hecho de que el nivel de endeudamiento esté alcanzando niveles record es ya una señal evidente de la irreversibilidad de tipos de interés tan bajos, lo que plantea serias dudas sobre el futuro del ahorro. Además, tipos de interés muy bajos durante mucho tiempo llevan a la aparición de burbujas en los precios de los activos lo que, a su vez, ahonda aún más en lo que ya es una distribución del ingreso muy poco equitativa.

Por último, la combinación de liquidez global ultra-abundante y fluctuaciones en la aversión al riesgo puede conducir a flujos de capital altamente inestables, por ejemplo, hacia países emergentes, dando como resultado tipos de cambio inestables en estos países. Cuanto más dependen los países emergentes de la financiación externa, más costosa puede resultarles esta situación en términos de volatilidad de los flujos de capital y, por ende, del desempeño económico. Otra forma de inestabilidad financiera puede provenir de la creciente duda sobre el papel del dólar en la economía mundial, debido a la falta de liderazgo de Estados Unidos y el fuerte aumento de la deuda externa de Estados Unidos, y la política monetaria ultra-expansiva de la Reserva Federal. China también es muy consciente de la importancia del papel de la moneda de reserva del dólar para la hegemonía a largo plazo de Estados Unidos, por lo que no tendrá reparo en utilizar las armas a su alcance para debilitar el papel del dólar a largo plazo.

En resumen, el impacto económico que podemos esperar de esta pandemia a medio plazo no es halagüeño ni para las empresas, ni para las familias ni para los gobiernos. Es difícil pensar en un 'shock' peor para la economía mundial, y no solo por su impacto inmediato. Es tiempo de replantearnos muchos de los principios básicos de nuestro modelo económico para mitigar estos impactos.

Tribuna Mercados
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