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'Due diligence' reputacional: prevenir antes que curar
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'Due diligence' reputacional: prevenir antes que curar

En los últimos años, la tecnología juega un papel fundamental en este tipo de servicios, al incorporarse el uso de técnicas avanzadas de análisis de datos

Foto: Vista de un panel con el Ibex 35. (EFE)
Vista de un panel con el Ibex 35. (EFE)

Según el informe de Ascri, en 2020 se registraron 838 inversiones realizadas por 'private equity' y 'venture capital' en España, el tercer mejor registro histórico en el país. A pesar del cambio de escenario provocado por la crisis sanitaria mundial, se invirtieron un total de 6.257 millones de euros en empresas españolas. En lo que llevamos de 2021, el apetito inversor del capital riesgo en España da señales de continuidad, dado el atractivo de sectores como las energías renovables, el 'real estate', la salud, las infraestructuras, la educación, la alimentación y la tecnología.

En todas estas operaciones, los fondos analizan una serie muy amplia de variables, casi todas relacionadas con la salud financiera y legal de la compañía objeto de la inversión. Sin embargo, más allá de las 'due diligences' financieras o legales, los fondos prestan cada día más atención a un factor menos tangible, pero de igual importancia: la reputación. Esto implica que, en el mercado español, las 'due diligences' reputacionales se hayan convertido en los últimos años en una práctica habitual. Este proceso, que desde hace tiempo es un estándar en el mundo anglosajón, implica el análisis de todo lo que pueda conllevar riesgos penales o reputacionales.

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La 'due dilligence' reputacional, en definitiva, se ha convertido en un elemento fundamental del análisis previo a una inversión. El interés de los fondos de inversión o de empresas que se plantean realizar una inversión se centra en identificar información relativa, entre otros aspectos, a:

● Perfiles públicos vinculados a controversias (legales, reputacionales) o impactos negativos en los medios de comunicación.

● Relaciones o vinculaciones con partidos políticos o presencia de políticos en el accionariado o los consejos de administración.

● Casos de corrupción o fraude que involucren a compañías o individuos de interés para la operación.

● Historial de litigios o conflictos con socios u otras terceras partes.

● Vinculaciones con organizaciones criminales en distintos países.

● Presencia de las empresas 'target', sus administradores, empleados o accionistas en listas de sanciones internacionales y de 'compliance'.

● Vinculación comercial o profesional con países sancionados como Cuba, Venezuela, Corea del Norte o Siria.

Foto: Imagen de Biljana Jovanovic en Pixabay. Opinión

Obviamente, el análisis de esta información va mucho más allá de una simple búsqueda en internet. Un correcto análisis reputacional requiere una combinación de muchos factores. En primer lugar, debe contar con equipos con experiencia en la obtención y análisis de información, tanto a nivel local como internacional; además, es necesario el acceso a fuentes de información como bases de datos locales e internacionales, y, en tercer lugar, es necesario el acceso a expertos sectoriales y a otras personas que puedan complementar el análisis de la información pública.

Por último, cabe destacar que, en los últimos años, la tecnología juega un papel fundamental en este tipo de servicios, al incorporarse el uso de técnicas avanzadas de análisis de datos (Data Science & Analytics). Hoy en día, hay una infinidad de fuentes para la obtención de datos de manera remota: internet, registros 'online', bases de datos comerciales, legales o de 'compliance' que nos permiten obtener gran cantidad de información. Hace 10 o 15 años, el problema era el acceso a la información, mientras que actualmente es el opuesto: la proliferación de informaciones sesgadas, interesadas o manifiestamente falsas, como es el caso de las 'fake news'. En este contexto, el factor tecnológico y la profesionalización de los procesos son factores clave para la fiabilidad del resultado final.

Fernando Mirgone es Director Senior de FTI Consulting

Según el informe de Ascri, en 2020 se registraron 838 inversiones realizadas por 'private equity' y 'venture capital' en España, el tercer mejor registro histórico en el país. A pesar del cambio de escenario provocado por la crisis sanitaria mundial, se invirtieron un total de 6.257 millones de euros en empresas españolas. En lo que llevamos de 2021, el apetito inversor del capital riesgo en España da señales de continuidad, dado el atractivo de sectores como las energías renovables, el 'real estate', la salud, las infraestructuras, la educación, la alimentación y la tecnología.

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