Al final, el asesino de la Argentina va a ser... ¡la soja!

Colman estos días los diarios internacionales las informaciones

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    Colman estos días los diarios internacionales las informaciones y análisis que advierten de las consecuencias para la Argentina de negarse a cumplir con la sentencia que le obliga a pagar el 100% del valor nominal de la deuda a aquellos acreedores que no se acogieron a los sucesivos canjes propuestos por su Gobierno tras el default de 2005. Esta negativa puede conducir al embargo y a que el Estado sea incapaz de hacer frente a sus obligaciones por séptima vez desde 1828 (Reuters, "Why Argentina will default in 2013", 28-02-2013). Algo que ya descuentan sus CDS o Credit Default Swaps, que transitan por encima de los 6.000 enteros a doce meses (tras subir casi 900 en un solo día), y a niveles superiores a 2.500 en los cinco años (más 300 solo el jueves).

    Esto es más o menos sabido y, de hecho, tanto del acelerado deterioro de las finanzas públicas de la nación sudamericana, claves para evaluar su capacidad de pago, como de la mentira estructural de su estadística oficial, denunciada en su día por The Economist y ahora ratificada por el FMI, o de la sentencia con la que arrancábamos este post, cuyo incumplimiento pondría de manifiesto su falta de voluntad de pago, hemos escrito abundantemente en Valor Añadido ("Tragedia financiera en la Argentina: vuelve el corralito", 14-09-2012; "Triste sino: Argentina fuera de The Economist por mentirosa", 06-03-2012; "Argentina, un estado en descomposición financiera", 08-11-2012).

    Sin embargo, por sorprendente que parezca, puede que no sea ninguna de esas causas las que conduzcan a la suspensión de pagos del Gobierno presidido por Cristina Kirchner. Por más que el populismo de la titular de la Casa Rosada necesite un enemigo externo al que culpar de sus miserias locales, cabeza de turco adicional al que jugara en su día Repsol, quien está en disposición de darle la puntilla de manera definitiva se encuentra dentro de sus fronteras: el asesino lo tiene en casa.

    Estamos hablando de los productores de soja.

    En efecto, hace apenas quince días los sindicatos agrarios convocaron a los principales cultivadores de esta materia prima agrícola para decidir qué estrategia utilizar contra un Gobierno que está actuando, según ellos, de manera confiscatoria respecto a sus intereses. Y básicamente lo que acordaron fue ralentizar al máximo las exportaciones de la legumbre hasta el punto de amenazar con paralizar su comercialización el mes que viene. La falta de reservas ‘estratégicas’ y la mala cosecha de 2012 amplifican el eco para las finanzas locales de esta medida.

    Se trata de una exportación fundamental para la balanza exterior de la economía argentina. Sin el ingreso de esos dólares, los esfuerzos por mantener el cepo cambiario se convierten en inútiles, las importaciones de energía y bienes intermedios se complican, pudiendo afectar a la producción industrial, el repago de principal y cupón de la deuda se convierte en una quimera, las reservas en divisa extranjera menguan de forma acelerada y la incapacidad para sostener la moneda local se hace más evidente, provocando una dualidad entre la referencia oficial y la real de la calle, que ya supera el 50% (Cronista, Sojanomics, la batalla que viene por los agrodólares, 01-03-2013) . La devaluación más antes que después parece inevitable, probablemente tras un periodo transitorio de tipos de cambio múltiples, distintos para entrada y salida de flujos, que permita salvar las elecciones de octubre.

    De este modo llegamos al quid de la cuestión. Con los comicios a ocho meses vista, el kirchnerismo necesita desesperadamente reconciliarse con sus aliados tradicionales si quiere aspirar a repetir en el cargo. Si estos mantienen el pulso, su estrategia victimista respecto a las grandes potenciales mundiales se debilita. Tal estado de ansiedad y desesperación puede ser aprovechado por colectivos como el de los ‘sojeros’ (5'8% del PIB, 8'4% de la recaudación fiscal y 26% de las ventas al exterior) para forzar la máquina hasta el límite de lo razonable, sabiendo que tienen poco que perder –si finalmente se produce el default por falta de recursos y hay una devaluación- y mucho que ganar en el envite.

    De momento, el Gobierno ha tratado de aparentar una fortaleza de la que carece, amenazando con resucitar la Junta Nacional del Grano para regular el sector y mandando hasta a 800 inspectores fiscales a las producciones para ‘sugerir’ a sus propietarios que den salida a los stocks de materia prima que mantienen en sus silos bajo amenaza de denodadas 'atenciones' por su parte. Convertida en una de las pocas reservas de valor que aún les queda a los argentinos, al no poder adquirir divisas y haber subido en enero la inflación un 36% anualizado, la soja es el arma inesperada que puede volver a cerrar una época para olvidar en la Argentina.

    La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

    Buen fin de semana a todos.

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