Un solo hombre es quien reforma España en secreto

La presentación oficial el pasado viernes del Plan de Reforma de las Administraciones Públicas ha supuesto, esta vez sí, el primer intento serio de corregir buena

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    La presentación oficial el pasado viernes del Plan de Reforma de las Administraciones Públicas ha supuesto, esta vez sí, el primer intento serio de corregir buena parte de los excesos que el monstruo del Estado autonómico ha consolidado en los últimos años como piezas aparentemente imprescindibles de un entramado absurdo e insostenible.

    No en vano, definía José Antonio Zarzalejos el sábado la propuesta como hoja de ruta hacia un nuevo Estado. El carácter coercitivo facilitado a la Administración central por la Ley de Estabilidad Presupuestaria sería una de las razones que anticiparían el éxito, si no imposible en su totalidad, sí sustancial de la iniciativa.

    Se equivoca.

    De hecho, de la lectura cruzada de las más de 200 y pico páginas del documento resumen, se pueden colegir tres grandes conclusiones:

    La primera la subrayó acertadamente en su post del domingo Carlos Sánchez. Buena parte de lo que se pretende implantar exigiría, para su consolidación legal, un cambio en la Constitución y en los  Estatutos de Autonomía delas regiones. Algo que parece queda muy lejos del pensamiento político del Gobierno (y mucho más de los distintos dirigentes autonómicos) a día de hoy.

    La segunda, también apuntada por Carlos, es que medidas indispensables, como la propia Codificación del Derecho, esto es, la racionalización de un marco legislativo que es el que de verdad tiene parada a España y su unidad de mercado, están en fase tan incipiente que parece poco probable que se rematen en esta legislatura. Si damos por bueno que hay "5.800 normas en 28 sectores económicos" que afectan a la capacidad de actuar bajo el mismo paraguas legislativo-empresarial en todo el territorio del estado, cualquier deseo de agilizar trámites se verá afectado por esta bolsa legal de inefectividad.

    La tercera, más periférica, es que el español protesta pero cuando se le da oportunidad de participar en la tramitación normativa directamente, pasa. Es verdad que ni un servidor era consciente de la apertura de un buzón de sugerencias sobre esta reforma en las distintas webs ministeriales –de nuevo la comunicación de una idea buena brillando por su ausencia-, pero el hecho de que en una materia de esta transcendencia apenas se hayan recibido 2.000 sugerencias, 900 de trabas burocráticas y 1.350 de duplicidades, en tres meses dice muy poco de la corresponsabilidad ciudadana y, sobre todo, pone de manifiesto el abismo que es perentorio corregir entre Política y política, entre despacho y pie de calle.

    Dicho esto, se trata de un intento valiente y fundado de sentar las nuevas bases para el modelo administrativo español. Y es el fruto de un trabajo de meses del que ha sido presidente in pectore del país en muchas ocasiones en los últimos meses, al menos por lo que al afán reformista se refiere: Jaime Pérez Renovales, abogado del estado capaz de renunciar al liderazgo –y al abultado sueldo asociado- de la Asesoría Jurídica del Santander para meterse en la tramoya de la política, en la que ya estuvo en la anterior etapa de gobierno del PP.

    Jaime es un gran tipo, exvecino con el que comparto misa de domingo por la zona de Aravaca. Hace unos meses le pregunté cómo le iba. Y me anticipó, poco, este gran proyecto. "Pero está siendo muy duro", me dijo. "Imagínate cuando los funcionarios de Moncloa tenían que transcribir para el Consejo de Ministros medidas que afectaban a su bolsillo. Silencio y lágrimas en los ojos. En la Administración hay mucha ejemplaridad, más de lo que parece ahí fuera".

    Esta Reforma es obra de Jaime, responsable de la Comisión de Subsecretarios, verdadero coordinador de la acción del Ejecutivo, y de su exiguo equipo. Un trabajador incansable que se lleva, tras muchos meses de sufrimiento innecesario, una primera dosis de efímera satisfacción.

    En el pulso de la opinión sobre la iniciativa, aún no sabemos si será Zarzalejos o Sánchez el que se lleve el gato al agua. Todo apunta a que el segundo por las razones ya citadas. Pero, al menos, ya pueden poner cara y ojos a la verdadera estadística que esconden las paredes de Moncloa.

    Con todo mi respeto y admiración.

    Buena semana a todos.

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