¿Será el 4G la puntilla para las telecos?

Y fueron felices y comieron perdices.Cuando uno ve en televisión la publicidad de las distintas compañías de telecomunicaciones que se han lanzado a comercializar la oferta

Y fueron felices y comieron perdices.

Cuando uno ve en televisión la publicidad de las distintas compañías de telecomunicaciones que se han lanzado a comercializar la oferta móvil de cuarta generación, tiene la extraña sensación de entrar en un mundo del pequeño pony en el que todos ganan. La sociedad anunciante por situarse en el leading edge de la tecnología sectorial y los usuarios por contar con una plataforma que mejora sustancialmente su user experience.

Siendo ambas cosas verdad, lo cierto es que para la gran mayoría de estas empresas, el 4G, más allá de ser un instrumento para seguir jugando al juego de las sillas con la portabilidad de unos clientes que no crecen al estar sus mercados maduros y saturados, les plantea no pocos retos en cuanto a la rentabilidad de las inversiones necesarias para su desarrollo y al resultado del negocio asociado a la misma.  

Hay quien no duda en afirmar que, incluso, puede ser la puntilla para unas firmas ya en precario en cuanto a su retorno operativo y su viabilidad financiera.

De hecho, su implantación acelerada agudiza el debate sobre la monetización del tráfico y el difícil equilibrio entre mejorar los accesos a las ‘autopistas’ de la información y permitir que sean los fabricantes de coches y demás vehículos (desarrolladores y generadores de contenido) quienes se beneficien de sus ventajas, sin asumir coste alguno por la saturación y/o el deterioro.

Por si fuera poco, la encarnizada batalla de unos operadores con otros ha provocado, por una parte, que los automóviles (usuarios) que circulan por estas vías bien paguen cada vez tarifas menores por unos servicios mejorados y, por otra, que cada vez sean menores las restricciones para permitir la circulación a clientes cuyo potencial en términos de rendimiento económico para la empresa es, cuando menos, dudoso.

La tormenta perfecta.

Ayer mismo el WSJ situaba el debate ni más ni menos que en la portada de su edición europea al recordar que el conjunto de la fragmentada industria europea -esa a la que quiere meter mano la comisaria comunitaria de forma un tanto errática (fomento de la concentración para acometer inversiones y, mientras, rebaja en el precio del más que abusivo roaming; Valor Añadido, "España estudia el ‘rescate’ de las Telefónicas de turno", 16-01-2013)- dedicará a las inversiones en 4G entre 1.500 y 2.000 millones de euros cada uno de los próximos tres años.

En la medida en que el mercado permanezca tan fragmentado como hasta ahora, la posibilidad de obtener un retorno suficiente para tanto dispendio en activo fijo se antoja una quimera. De ahí que, más allá de lo que ocurra en el ámbito político, existe el convencimiento en la industria de que los procesos de concentración para obtener sinergias y ganar, sobre todo, poder en precio no van a ser necesarios, sino vitales. Ya se han visto los primeros movimientos (Oi-PT, Telefónica-ePlus, Vodafone-Kabel Deutschland), punta del iceberg de lo que está por venir (V.A., "Vodafone va a destrozar el mercado de la telefonía en España", 02-09-2013).

Mientras, lo cierto es que de la posición dominante de muchos incumbentes en el pasado, dinosaurios que dañaban la competencia y retrasaban la innovación, se ha pasado a una situación donde es el propio futuro del negociado el que está en juego. No es de extrañar en este mundo pendular en el que vivimos. Pero, al contrario de lo que ocurre en otros ámbitos y hasta que se descubra una nueva tecnología que así lo impida, aquí sin red no hay nada. Se cae el chiringuito.

La discusión tiene, por tanto, mucho más calado del que parece… It´s ur turn.

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