Florentino Pérez, la basura de ACS y el palco del Madrid

Cuenta Ruth Ugalde que anda el gran Florentino Pérez tirando los precios para que la compañía que preside, ACS, se haga con los servicios de recogida

Foto: Fotografía de archivo de basura acumulada en la calle Alonso Cano de Madrid. (EFE)
Fotografía de archivo de basura acumulada en la calle Alonso Cano de Madrid. (EFE)

Cuenta Ruth Ugalde que anda el gran Florentino Pérez tirando los precios para que la compañía que preside, ACS, se haga con los servicios de recogida de basuras -tanto ordinaria como urgente- que se van licitando en Madrid y alrededores. Está en su derecho, faltaría más. Pero se entiende regular desde un punto de vista económico. Al menos, si nos atenemos a las particularidades de este tipo de contratos. Tiene que haber gato encerrado, algo que haga que la porquería termine oliendo bien en su cuenta de resultados.

¿Qué será, será?

A este negocio dedicamos nuestro post del pasado 14 de noviembre: "Pongamos que hablo de la basura de Madrid". Señalamos entonces que las adjudicaciones de este tipo de servicios “participan de tres vicios en origen, que son:

  1. El factor decisorio sigue siendo el coste, lo que lleva a bajas escandalosas de quien quiere hacerse con el volumen de negocio, aun sin margen. (…) Es verdad que de esa decisión se deriva un ahorro para las arcas públicas inmediato. Pero, como ha quedado demostrado, no sólo el dinero de los pobres hace el camino dos veces, sino que, además, se cercena cualquier posibilidad de obtener un servicio que vaya un poco más allá de lo tradicional.
  2. Un hecho que se ve adicionalmente refrendado por la vinculación temporal de los contratos al periodo de amortización de determinados activos. (…) El riesgo de que al cambiar la titularidad de la concesión una buena parte del capital fijo desarrollado vaya a pérdida en el balance es muy alta. ¿Para qué invertir entonces? (...) El largo plazo debería ser el espacio temporal imperante.
  3. Por último, no hay que olvidar que existe, entre las concesionarias, la obligación de subrogar a la mayor parte del personal, cambiando por tanto la titularidad del servicio pero no los profesionales que lo integran. Siendo así, la desafección de los mismos respecto a cualquier proyecto tiende a ser absoluta dificultando las mejoras operativas y limitando las posibilidades de contar con su contribución a la marea renovadora en el modo de hacer las cosas”.

Estos tres elementos vienen recogidos en la información firmada por Ruth: imposibilidad de ofrecer un servicio adecuado y obtener rentabilidad a los precios que se están ofertando (salvo revolución tecnológica o logística por revelar), como ya se nota en las calles de muchos distritos de Madrid, caso de Valdemarín, mi barrio; obligación de renovar la maquinaria (y de acometer, por tanto, una inversión sujeta a potencial write-off futuro); y compromiso de mantener o incluso de incrementar sueldos y plantilla sobre la base de un colectivo ya maleado y propenso a la conflictividad laboral en caso de incumplimiento. Está todo inventado y, desgraciadamente, nada ha cambiado en estos once meses.

Por eso, más allá del cabreo que pudo sentir el también primer mandatario del Real Madrid al quedarse fuera de las adjudicaciones de limpieza viaria y jardines de la capital que se resolvió en 2013, como afirma Ugalde, se hace necesario buscar un argumento que vaya más allá del simple calentón.

La explicación fácil podría ser, precisamente, una necesidad desesperada de nueva carga de trabajo para la división de servicios urbanos que asegure su continuidad operativa. No sería de extrañar dado el elevado nivel de competencia y la falta de oportunidades de calado existentes en la actualidad. Pero se trata de actitud más propia de compañías en el filo de la navaja, que tienen poco que perder en caso de que la baja temeraria se vuelva en su contra como un boomerang. Que se volverá.

¿Entonces?

Habrá que acudir a la interpretación perversa.

Lo mismo estamos ante un ejercicio de agradecimiento al Ayuntamiento de la capital por favores pasados en un momento de apretones financieros del Consistorio. O, incluso, ante un adelanto ante necesarios gestos futuros; no lo descarten. A nadie se escapa cuál ha sido el trato hacia el club blanco de los responsables municipales en los últimos años. Y, para ACS, esta 'justa' correspondencia supone, dentro de su facturación global, el chocolate del loro. Un sacrificio muy, pero que muy, rentable.

Porque es inimaginable para el común de los mortales el negocio que puede originar para una constructora tanto el palco del Bernabéu, como la oportuna gestión de favores relacionados con el club e incluso el cierre de algunos fichajes geográficamente estratégicos. Es mucho lo que tienen que agradecer los accionistas a Florentino Pérez por su condición de presidente del Madrid. Pena que no sea un sentimiento recíproco en los socios de la centenaria institución, que cada vez entienden menos de lo que pasa en Chamartín.

¿Es esa la madre del cordero? Puede que sí, puede que no. Pero no andaremos muy lejos de la verdad. ¿O sí?

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