El extraño caso de AnaP y el defenestrado Javier Marín
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El extraño caso de AnaP y el defenestrado Javier Marín

La sorpresa saltaba a primera hora de la mañana. Ana Patricia Botín decidía sustituir al Consejero Delegado del Santander, Javier Marín, por el hasta ahora CFO,

Foto: Ana Patricia Botín (d), presidenta del Grupo Santander, habla con Javier Marín. (EFE)
Ana Patricia Botín (d), presidenta del Grupo Santander, habla con Javier Marín. (EFE)

La sorpresa saltaba a primera hora de la mañana de este martes. Ana Patricia Botín decidía sustituir al consejero delegado del Santander, Javier Marín, por el hasta ahora CFO, José Antonio Álvarez, hombre de gran predicamento en los mercados financieros. Un cambio que sorprende por lo abrupto –es difícil pensar que su llegada no partiera de un consenso entre don Emilio y su hija– y que está en línea con decisiones anteriores tomadas por la presidenta de la entidad, como la sustitución de los responsables de riesgos e intervención. Yendo un paso más allá, la directiva ha decidido hacer valer su poder en una decisión fulminante que cuenta con el apoyo de los analistas y preocupa a su organización.

No en vano, la elección de una persona de números como nuevo hombre fuerte de la casa supone un cambio sustancial respecto a la política propugnada por el designado por Botín, partidario de la descentralización y del acercamiento de la firma al cliente en cada uno de los lugares en los que Santander se encuentra presente. Hace precisamente un año nos hicimos eco de la “revolución silenciosa” que el ya ex-CEO estaba impulsando de manera personal, con constantes viajes a las distintas sedes del Grupo (VA, “Revolución silenciosa en el Santander”, 04-11-2013). Foco en el negocio frente a marca y balance, “bajo una premisa básica: lograr nueva producción crediticia rentable”. Es evidente que su sustitución, al menos de inicio, es un paso en la dirección contraria.

No sería extraño que así fuera.

De hecho, buena parte de la preocupación de los inversores sobre la entidad se centra más en la evolución de los recursos propios –que se intuyen insuficientes con Basilea III fully loaded– y en la absurda política de dividendos actual –con payouts superiores al 100% del beneficio atribuible de banco– que en la evolución ordinaria de un negocio que entienden encarrilado –con notables excepciones como Brasil– y que Álvarez conoce bien gracias a la tarea de control de gestión que ha ejercido en los últimos años (Valor Añadido, “Menudo susto de final de verano para Santander”, 04-09-2014, y "Duro recibimiento de J.P. Morgan al nuevo CEO del Santander", 13-06-2013). Cabe por tanto esperar cambios en ese ámbito, más transparencia y ajuste a la realidad, algo que estaría anticipando la subida de la acción de este martes. Indudablemente, ‘Pepe’, como así se le conoce desde sus años en Argentaria, es mucho más investor´s friendly.

Eso no quita que la estructura se resienta. Es evidente que en los dos años que Javier Marín ha estado al frente de la primera institución financiera española ha tratado de hacer lo que Ana Patricia ha culminado en apenas dos meses. Crear su propio equipo, con salidas muy llamativas como la de Jorge Morán en Estados Unidos y la condena al ostracismo de algunos intocables como Fuster. La decisión adoptada este martes deja huérfanos a sus “hombres” y, por ende, crea una situación de incertidumbre en buena parte de una compañía en la que, una vez que se rasca un poquito entre mandos superiores e intermedios, las quejas sobre cómo los Banestos se están llevando el gato al agua son cada vez más abundantes. El pez chico quiere comerse al grande, ¿se dejará?

Un problema serio a gestionar. Más después de lo de este martes.

La gran pregunta que queda flotando en el aire es si José Antonio Álvarez es el hombre llamado a liderar el Santander durante años o, como se comentó en su día en relación con su antecesor, se trata de un parche temporal. No es lo que se podría llamar un hombre de Ana Patricia, que habría hecho de la necesidad virtud para no pisar más callos de los necesarios a la espera de decidir lo que hace con alguna que otra 'vaca sagrada'. De hecho, la designación de alguien que sí lo es como CFO, caso de José García Cantera, con control financiero sobre las distintas áreas del banco, supone replicar la situación vigente hasta este martes. Eso sí, con un nivel de relación entre el primer y el tercer escalón del escalafón muy pero que muy distinto por lo cercano. Los hay que no le arriendan la ganancia al nuevo CEO ante semejante ‘sándwich’.

Sea como fuere, se hace perentoria una reflexión final. Casos de Alfredo Sáenz o Rodrigo Rato aparte, dura lex sed lex, las tres salidas más abruptas que ha habido en la banca española en los últimos años, Goirigolzarri, Nin y ahora Marín, participan de una característica común: la de ser sustituidos por los financieros de sus respectivas entidades. Profesionales de perfil técnico que dominan la información, son perfectos para la interlocución con reguladores y supervisores y resultan perfiles idóneos, por su conocimiento de las instituciones, para implantar las decisiones de sus respectivos presidentes ejecutivos. Y es que a los tres ángeles caídos probablemente lo que les condenó fue, precisamente, tratar de ejercer el puesto para el que habían sido designados: consejeros delegados de sus respectivos bancos.

Qué cosas, ¿verdad?

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