Volkswagen, 50 días después: del caos inicial al... ¿colapso final?

La gestión de la crisis está siendo deficiente. Aún no se conoce la dimensión exacta del problema. Esta incertidumbre dificultará aún más la recuperación de la confianza en la marca

Foto: Logotipo de Volkswagen junto a un semáforo en rojo y naranja en Fallersleben (Alemania). (EFE)
Logotipo de Volkswagen junto a un semáforo en rojo y naranja en Fallersleben (Alemania). (EFE)

A finales de septiembre firmamos nuestra única entrada de 'Valor Añadido' sobre el caso Volkswagen, fraude en la configuración electrónica de sus vehículos para falsear datos de emisiones.

Entonces señalamos cómo la experiencia histórica demostraba que, ponerse en el peor escenario era, en estas situaciones, lo más racional, por más que llevara a conclusiones tan poco probables, a priori, como la desaparición de una marca líder con más de ocho décadas en el mercado.

De ahí que tituláramos aquel post con un sorprendente ‘Volkswagen puede desaparecer: su fraude es aún mayor que el de Enron’.

Pues bien, el tiempo parece querer dar la razón a tan agoreros pronósticos.

Así, cincuenta días después de que estallara el escándalo, aún no se conoce la dimensión real del mismo. Poco a poco se va añadiendo sal a la herida de lo que parecía de inicio un problema circunscrito a determinados modelos y motorizaciones. Con cada ampliación del perímetro, crecen también las responsabilidades económicas asociadas al mismo y, con ellas, el perjuicio para la cuenta de resultados y viabilidad futura del fabricante.

Son ya 8.700 millones de euros los que ha provisionado por esta cuestión.

Y lo que te rondaré morena.

La gestión del problema por parte de su equipo directivo está siendo deficiente. Los 'stakeholders' de cualquier empresa, llámense empleados, accionistas, consumidores o reguladores, toleran mal la incertidumbre. De ahí que sea fundamental cumplir con la máxima de ‘mejor una vez rojo que cien colorao’. En la medida en que Volkswagen no se presente con un diagnóstico exacto del alcance final del problema, alimentará la desconfianza de unos y otros y complicará aún más la recuperación de su menguada credibilidad.

Con cada día que pasa, más posibilidades hay de que se cumplan los peores augurios a los que hacíamos referencia el 29 de septiembre de la mano de David Bach.

¿A qué esperan?

Lo que sí se está empezando a conocer es el impacto del fraude en aquellas economías en las que la compañía tiene establecidas operaciones fabriles o de distribución de calado, por más que la semana pasada la Comisión Europea se sintiera aún incapaz de valorar los efectos económicos agregados ‘dada la complejidad de la cadena de valor del sector, con múltiples interconexiones geográficas y corporativas’.

Partiendo de que el impacto no será tanto de demanda agregada cuanto de composición de la oferta -de la firma alemana a otros fabricantes, al menos en tanto no se descubra que esto era mal de muchos… y aún así-, aquellas naciones con una exposición más directa a VW están empezando a sentir las consecuencias macro del 'affaire' en términos de actividad y, por ende, de empleo.

Así nos lo recordaba esta semana el Servicio de Estudios de Bankia en su resumen semanal.

Cito literalmente:

‘De momento, ya hemos  visto revisiones a las baja del PIB en países directamente afectados como Hungría (el sector representa el 22% del PIB), República Checa, Polonia, Rumanía e, incluso, México, donde Volkswagen tiene la mayor planta fuera de Alemania’.

Es evidente que todas estas naciones no se van a quedar de brazos cruzados sin exigir responsabilidades a la firma, especialmente aquellas que han contribuido administrativamente de manera generosa a la implantación de esas instalaciones en su territorio o han establecido generosas subvenciones ‘ecológicas’ que han ayudado a la comercialización de los vehículos afectados dentro de sus fronteras, países entre los que se incluye España.

Otro riesgo financiero muy pero que muy considerable del que también nos hicimos eco en su momento y que puede verse incrementado si prosperan los procesos de reclamación que inversores profesionales, como Nordea, están iniciando.

Volkswagen necesita salir del caos informativo en el que actualmente se halla para evitar el colapso definitivo de la compañía. Se está jugando todo en un envite en el que, hasta ahora, parece haber ido de farol, sobre la base de meras intuiciones. Sin embargo, es hora de poner las cartas sobre la mesa de una vez por todas antes de que se cumpla el absurdo ‘entre todos la mataron y ella sola se murió’.

Que puede ocurrir, no lo duden. Su equipo gestor parece empeñado en ello.

Valor Añadido
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