‘Hard Brexit’ o por qué los inversores vuelven la espalda a UK

En la última encuesta entre gestores de fondos realizada por Bank of America Merril Lynch, las británicas se han convertido en el activo menos deseado de las 22 categorías contempladas

Foto: Una bandera europea y una británica ondean durante una protesta en contra del Brexit en Londres. (EFE)
Una bandera europea y una británica ondean durante una protesta en contra del Brexit en Londres. (EFE)

El viernes tuve la oportunidad de almorzar con el responsable para Europa de una aseguradora con presencia internacional y sede en Londres. Nos une una relación de muchos años que ha avanzado de lo meramente profesional a lo personal. Se trata de un ejecutivo con mucho criterio gracias tanto a su formación como a su constante interacción con aquellos que tienen algo que decir acerca de lo que está pasando en el mundo. Como no podía ser de otra manera, centramos parte de la conversación en el Brexit. Y su diagnóstico no puede ser más demoledor. No se imaginan los británicos, o sí, en la que se han metido. "Si no dan marcha atrás es porque son ingleses", es su reveladora conclusión. Ahí está todo dicho.

“No cabe otra opción que una ruptura abrupta. Hasta ahora lo que se están viendo son fuegos de artificio de oponentes que miden sus fuerzas, pero la debilidad del propio Gobierno UK le va a llevar necesariamente a posiciones maximalistas, mientras que la UE tiene que cercenar cualquier posibilidad de que se abra la espita para nuevas aventuras de este tipo, por lo que cesiones habrá las justas”. Una visión esta última ya conocida que el resultado de las elecciones italianas de este fin de semana, con populistas y euroescépticos copando cerca del 50% de los votos, va sin duda a consolidar.

Ese no es el problema.

Lo sustantivo de verdad es cuál puede ser el impacto para el Reino Unido de una negociación a cara de perro. Especialmente cuando lo que se puede derivar de ella queda aún muy lejos de las expectativas de una parte sustancial de una sociedad instalada secularmente en el ‘porque yo lo valgo’. Así, dice mi interlocutor, “es increíble hasta qué punto algunos de los más ardorosos defensores de la ruptura pensaban (y aún creen) que el 'statu quo' en muchas materias, y especialmente en relación con la City, se mantendría. Ya estamos viendo que no. El distrito financiero no es lo que era, ‘high street’ tampoco, y eso está empezando a tener un impacto sobre el conjunto de la actividad local y los resultados empresariales. Fuera de Londres este país es lo que es y si se pierde el efecto tractor de la capital, no va a levantar cabeza en décadas”. Él es uno de los que están barajando alternativas para trasladar la sede de su firma fuera de las islas.

Una percepción la suya que ya está anticipando el mercado de acciones. No en vano, en la última encuesta mensual entre gestores de fondos de inversión realizada por Bank of America Merril Lynch, que engloba a todos los grandes nombres de la industria, las británicas se han convertido en el activo menos deseado de las 22 categorías contempladas, siendo la infraponderación en las carteras europeas y globales la nota dominante con contadas excepciones, como JP Morgan AM, que piensa que ya está todo lo malo metido en precio. Una visión generalizada a la que contribuyen la macro, la micro, la divisa y los recientes colapsos corporativos con su correspondiente efecto en cadena tanto para los sectores afectados como para las cuentas públicas.

Es verdad que la realidad supera muchas veces, de hecho las más de ellas, la percepción errónea de los inversores poniéndoles en evidencia —no en vano el FTSE100 hizo máximos históricos con el arranque del año y los efectos sobre inflación, empleo y salarios o inversión aún no son tan evidentes como en el consumo o las rentas del alquiler, entre otros—, pero si compramos la percepción sobre el terreno de aquel con quien tuve el placer de disfrutar un rico menú de Viernes de Cuaresma la semana pasada, si aceptamos el hecho de que va a haber sangre, sudor y lágrimas para el Reino Unido, entonces no es difícil concluir que las horas del espejismo en que aún se desenvuelve buena parte de su actividad están llegando a su fin.

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