Rotondas conflictivas

Con el paso de los años, las rotondas han ido llenando nuestra geografía, tanto en las calles de nuestras ciudades como en las zonas interurbanas. Es

Con el paso de los años, las rotondas han ido llenando nuestra geografía, tanto en las calles de nuestras ciudades como en las zonas interurbanas. Es una buena solución que permite evitar los peligrosos cruces en forma de T.

Sin duda, este tipo de infraestructura ha permitido reducir las víctimas del tráfico, pero para que de verdad funcionen bien hacen falta todavía unos cuantos años de experiencia. Los conductores aún necesitan aprender a usarlas y tener claro cómo se funciona dentro de una rotonda, cuándo hay que ceder el paso, cuándo hay que situarse en el carril derecho, cómo indicar la salida de la rotonda...

En las rotondas que están más frecuentadas se ven a diario grandes atascos, situaciones peligrosas, maniobras conflictivas y, en muchos casos, incluso accidentes. Pero lo bueno de ellas es que estos accidentes son casi siempre bastante leves.

No les quiero hablar en esta ocasión de los conductores y de la forma de entrar o salir en una rotonda.  Lo que quiero comentar es la forma en la que los responsables de los viales, ya sean los ayuntamientos, las comunidades autónomas, o la propia Dirección General de Carreteras diseñan las rotondas.

Este fin de semana he tenido que circular durante bastante tiempo por diversos viales interurbanos de la zona norte de Madrid, y de verdad que me he quedado confuso. Una calle de dos carriles en cada sentido con una mediana central, y tres rotondas diferentes en un margen de 500 metros. Vamos, como un catálogo de rotondas.

La primera de ellas muy bien calculada en la que pueden circular perfectamente dos vehículos en paralelo pero en la que el suelo está adoquinado. Es una buena rotonda pero ese tipo de suelo es peligroso, sobre todo cuando llueve.

Doscientos metros más adelante, otra rotonda a la que llega la misma calle de dos carriles en cada sentido. La rotonda es más estrecha y no permite circular a dos coches a la vez pero está asfaltada y además es bastante cómoda de utilizar.

Y sólo 400 m más adelante encontramos una que es patética. Supongo que ni el ingeniero que la ha diseñado ni cualquier responsable de carreteras o de viales urbanos habrá pasado por allí una vez terminada para comprobar su viabilidad. Para entrar en ella y mantener el carril, hay que dar un volantazo porque de lo contrario pisaremos el otro carril. Estoy seguro que cada día se van a producir ahí accidentes y la razón es que está mal pensada y peor hecha.

Pero para curarse en salud, qué  mejor que poner una señal de limitación de velocidad. Como la rotonda les ha salido mal, pues han instalado una banda sonora y una señal de velocidad limitada de 30 km/h. Si se produce algún accidente, pues ya tenemos la causa:  exceso de velocidad, cuando en realidad no es un exceso de velocidad sino una chapuza monumental.

Les estoy hablando de lo que antes era la carretera de Burgos, la A1, a su paso por San Sebastián de los Reyes, en la que antes se podía rodar a 120 km por hora y ahora tiene una limitación genérica de 50 km/h y una señal que indica que es una zona urbana. En esta ‘zona urbana’, no hay ni una sola casa ni construcción nueva, que no estuviera cuando se utilizaba como la carretera N-I. Tan solo señales que indican que es una zona urbana.

Y por si quieren un condimento más, en esa rotonda estrecha y peligrosa es donde los agentes de la Guardia Civil se paran para identificar y multar a los conductores que han pasado más deprisa de lo estipulado un par de kilómetros antes donde hay una señal de 60km/h en otra vía de tres carriles y el correspondiente radar.  He llegado a ver tres coches de la Agrupación de Tráfico al mismo tiempo parados en esa zona con los agentes de pie y con cuadernos en la mano para hacer su “trabajo”.

Automaníacos
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