Guerra al vehículo diésel

Prohibir los coches diésel en 2020, como ha hecho la alcaldesa de París, es un titular para la prensa y para mantenerse los cuatro años en su cargo sin trabajar demasiado

Foto: París, Madrid o Barcelona sufren graves problemas de atascos.
París, Madrid o Barcelona sufren graves problemas de atascos.

La polémica con los motores diésel sigue en aumento este verano. De un lado, los fabricantes europeos de automóviles, que han hecho fuertes inversiones en el desarrollo de esta tecnología casi impuesta por la Unión Europea (UE), no quieren que se acaben tan pronto, pero por otra parte algunas de las principales ciudades europeas van a prohibir su uso a corto plazo. En medio hay otro problema importante: para cumplir las nuevas normativas anticontaminación de la UE, los fabricantes solo pueden hacer coches eléctricos, que todavía no se venden, o de gasóleo. Con los de gasolina no cumplen los 95 g/km de CO2, salvo que sean los más pequeños.

Las ciudades tienen cada día más tráfico y hay que tratar de evitar muchos desplazamientos con coche. Sin duda utilizar menos el coche particular, hacer un uso racional del vehículo privado, podría ser un buen ejemplo de responsabilidad. Pero la responsabilidad es un concepto que cada día tiene menos sentido en nuestra sociedad. Nadie piensa en los demás y nuestros políticos, que deberían mirar por el bien común, tampoco lo hacen. Solo buscan aumentar los impuestos y apoyar sus intereses partidistas.

La cuestión de utilizar los motores diésel o de gasolina es un tema de ingeniería, con cuestiones de eficiencia y de contaminación. Sobre todo si se habla de aspectos tan técnicos como de emisiones de óxido nitroso o de partículas no quemadas, elementos principales de la contaminación que provocan los coches en las ciudades. ¿Ustedes creen que alguien del ayuntamiento de París, de Madrid o Barcelona ha hecho un estudio en profundidad sobre qué motor contamina menos y sobre las consecuencias que traerá cambiar uno por otro a corto o medio plazo para la sociedad?

Manuela Carmena (i) y Anne Hidalgo (d), alcaldesas de Madrid y París. (EFE)
Manuela Carmena (i) y Anne Hidalgo (d), alcaldesas de Madrid y París. (EFE)

La primera que levantó la polémica con la prohibición de los motores diésel fue Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, que habló de prohibir la entrada a la ciudad de todos los vehículos diésel en 2020. Pero no se dio cuenta de que los fabricantes franceses de automóviles producen mayoritariamente ese tipo de vehículos. Una actitud poco responsable con las empresas de su país.

Pero sobre todo, y dejando al margen que hunda una de las industrias clave de Francia, un coche diésel de 2017 contamina menos que uno de gasolina equivalente. Por ejemplo, la versión diésel del Peugeot 308, uno de los modelos compactos más vendidos, produce menos emisiones contaminantes que la de gasolina.

Es decir, que cuando Hidalgo se cuestiona sobre diésel o gasolina y decide gasolina, se equivoca en la respuesta. Pero sobre todo es que ya hay un error en la cuestión que se plantea. Mucho mejor que la cuestión de diésel o gasolina sería coche viejo frente a coche nuevo. Un coche de gasolina con 15 años de vida y con poco mantenimiento emite el doble que uno moderno. Y si hablamos de un diésel de 15 años, es una bomba de relojería para una ciudad por lo que echa por el tubo de escape.

Si lo que realmente busca la alcaldesa parisina es reducir la contaminación, que lo dudo, lo que debe hacer es potenciar que se instalen cada día más enchufes para coches eléctricos o que se pongan en marcha hidrogeneras para repostar coches de verdad cero emisiones, que es el futuro. O, en su defecto, surtidores de gas natural, mucho menos contaminante.

Como muchas ciudades europeas, París tiene un grave problema de contaminación. (Reuters)
Como muchas ciudades europeas, París tiene un grave problema de contaminación. (Reuters)

El tráfico de París

La capital francesa tiene un gravísimo problema con el tráfico, los atascos son constantes, y lo que debería hacer Hidalgo es reducir la circulación de coches privados. Para ello hay que trabajar mucho, hay que reorganizar todo el transporte público, hay que hacer fuertes inversiones en aparcamientos disuasorios y en carriles exclusivos para el transporte público que permitan que los autobuses lleguen más rápido que los coches privados. Lo otro, lo de prohibir los coches diésel en 2020, es un titular para la prensa y para mantenerse los cuatro años en su cargo sin trabajar demasiado.

El pasado jueves, el Reino Unido advirtió que prohibirá los coches que no sean eléctricos en 2040. Teniendo en cuenta que el coste de utilización de un coche eléctrico es menos de la mitad que uno con motor térmico, que es mucho más fácil de conducir, que no requiere casi mantenimiento y que no contamina, no creo que nadie quiera en 2040 seguir con su coche térmico.

Si en lugar de prohibir pusieran muchos enchufes y facilitaran el despliegue de esta tecnología más limpia, nadie seguiría con sus coches viejos de gasolina o gasóleo. En Noruega, el país más avanzado en el coche eléctrico en Europa y en todo el mundo, se prevé que en 2025 nadie compre un coche con motor térmico, pero no porque esté prohibido, sino porque llevan años apostando por este tipo de vehículos eléctricos, porque hay infraestructuras para ello y porque la energía eléctrica de Noruega es barata y 100% renovable. Ese es el camino y lo demás es política de la barata.

Automaníacos

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