Los radares y los coches oficiales o la filosofía de las multas en España

Hace unos días el ministro del interior, Fernando Grande Marlaska, hacía unas declaraciones en las que advertía que reducir la siniestralidad de las carreteras no era

Foto:  Las advertencias para reducir la siniestralidad.
Las advertencias para reducir la siniestralidad.

Hace unos días el ministro del interior, Fernando Grande Marlaska, hacía unas declaraciones en las que advertía que reducir la siniestralidad de las carreteras no era solo cuestión de la Administración. Y aclaraba que también los ciudadanos deberían implicarse para conseguir la reducción de víctimas, que sin duda es el objetivo para todos.

No puedo estar más de acuerdo con el ministro en este aspecto, porque la siniestralidad en nuestras carreteras es un grave problema y porque hay que solucionarlo, sí o sí. No tiene sentido que cada año mueran más de 1.500 personas en España como consecuencia de accidentes de tráfico entre los de carretera y los que tienen lugar en la ciudad. Pero cuando Grande Marlaska dice que es una tarea de todos significa que todos debemos arrimar el hombro.

La Dirección General de Tráfico tiene mucho trabajo por delante si quiere conseguir rebajar esas cifras. Lo malo es que para la DGT lo único que importa es la velocidad, o mejor dicho reducir la velocidad lo máximo posible. Pero eso es un error: de lo que se trata es de conseguir una movilidad ágil y segura que permita a la sociedad española seguir avanzando y no paralizarse cada día.

Cada vez que la DGT toma alguna medida para solucionar la siniestralidad se centra en reducir la velocidad o en poner más radares para controlar esos límites de velocidad. El problema es que nadie, ni políticos, ni jueces, ni siquiera los agentes de la DGT, cumple esas normas... y por supuesto tampoco los ciudadanos. Pero la DGT en ningún caso hace nada por conseguir que la educación vial, la clave de toda esta historia, llegue de verdad a todos los colegios.

Muchos coches ya tienen de serie limitador de velocidad.
Muchos coches ya tienen de serie limitador de velocidad.

Con la digitalización de la educación se va a dar un gran paso adelante, supuestamente, para conseguir unos jóvenes mejor educados, más cultos y más inteligentes. Ese sería el momento para que la DGT fuera punta de lanza para que se consiga educar también a los ciudadanos desde pequeños en la movilidad. Para ello, haría falta gente joven, con ganas y con ilusión en la DGT, dispuestos a luchar por conseguir esa movilidad más segura, pero sin renunciar a que sea rápida.

Pere Navarro no está en esa dirección. Su único objetivo es que los españoles vayan cada vez más despacio con el coche, que dejen el vehículo en su casa y que vayan andando o en bicicleta. Pero para eso no hace falta la dirección general de Tráfico. La última medida anunciada por la DGT, un gasto de 1,6 millones de euros para reparar y adquirir 400 radares, indica la dirección clara que lleva años tomando la DGT.

Parece que el único objetivo de la DGT es que no se utilice el coche, que vayamos en transporte público y, eso sí, que los coches oficiales puedan seguir circulando mejor y sin atascos. Porque la ya ex-alcaldesa Manuela Carmena, que quería un Madrid sin coches, no dejó su coche oficial ni siquiera el día de la ciudad sin coches. O la ministra de Transición, que quiere coches eléctricos, pero uno de sus coches tiene 12 años de antigüedad y la circulación limitada en Madrid Central.

Educación vial

La DGT podría hacer muchas cosas. La digitalización en la educación podría ser un momento perfecto para introducir la educación vial en todos los colegios y para todos los alumnos de manera obligatoria y desde muy pequeños. Y todo a través de videos y de programas interactivos que enseñen a conducir, a cruzar o circular en bicicleta de manera segura y respetuosa. La DGT sigue haciendo experiencias en colegios con bicicletas y con coches de pedales para que los pequeños aprendan de manera divertida las normas básicas, pero eso ya se hacía hace 50 años....

No se trata de aprender los límites de velocidad, los semáforos en rojo, las rayas continuas. Se trata de enseñar a cumplir esas normas siempre. De aprender educación y de llevarla al campo de la conducción y de la circulación. Se trata de respetarse unos a otros, de no cruzar la calle leyendo un mensaje en el móvil, de no conducir después de haberse bebido unas copas o drogado, de no circular por encima de los límites establecidos, de no tener que ser siempre el más rápido o el que se cuele a todos los demás. Eso es educación y en eso, España, está cada día peor.

En las últimas semanas hemos tenido dos episodios que demuestran la irresponsabilidad de algunos conductores, el accidente todavía poco esclarecido de Reyes o el youtuber con un Lamborghini al doble de la velocidad establecida. Pero tampoco ayudan las declaraciones de Pere Navarro, hace una semanas, diciendo que "Comprar un coche que puede ir a más de 200 km/h solo te puede llevar a la cárcel". Sobre todo porque su coche oficial, o el de Pedro Sanchez, puede circular a más de 200 km/h, lo que ocurre es que en su caso será su chofer el que vaya a la cárcel... o no porque es un coche oficial.

Automaníacos
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