Cómo la DGT recauda tu dinero y cómo evita que haya más accidentes (la educación vial)

Hay que diferenciar las medidas que la DGT pone para la recaudación y las que también implementa para reducir las 1.000 muertes anuales que se dan en la carreteras españolas

Foto: Campaña de la DGT sobre el control de alcohol y drogas. (EFE)
Campaña de la DGT sobre el control de alcohol y drogas. (EFE)

La siniestralidad actual es la más baja de los últimos años en España, pero todavía quedan muchas cosas por hacer. Básicamente lo más importante sería concienciar a los conductores, y en general a todos los ciudadanos, de los riesgos que conlleva la conducción de un vehículo de motor o de una bicicleta o simplemente de ir andando y cruzar por mitad de la calle. Se trata de hacer que los ciudadanos sean responsables también en esto del tráfico y la movilidad.

Cada año mueren en las carreteras españolas más de 1.000 personas, una cifra que supone un notable descenso respecto a las 4.000 o hasta 5.000 que se llegaban a producir en los peores años de la siniestralidad. Pero aún así es una cifra que no es asumible por una sociedad moderna en la que además cada año toma más fuerza ese objetivo de cero víctimas en la carretera.

Hay muchos factores que afectan a la siniestralidad. Algunos personales del propio conductor y de su manera de enfocar su responsabilidad ante el tráfico. Pero también hay otros factores que dependen de la Administración y que son imprescindibles si realmente queremos bajar esas cifras. Yo haría una diferenciación muy clara entre los factores más importantes que afectan a dicha siniestralidad.

Por un lado, están los elementos que para la DGT suponen recaudar dinero. En este sentido el más claro es el control de velocidad, con el que solo hace falta poner un radar con una inversión fija y luego recuperar dinero cada día. Lo mismo ocurre con las cámaras para detectar el uso del cinturón de seguridad, que los coches pasen la ITV o para detectar el uso del teléfono móvil mientras se va conduciendo. Todos estos factores son muy importantes y está bien que la DGT ponga en marcha todos los sistemas necesarios para controlar que se cumplen las normas. Es decir que se usa el cinturón de seguridad, que no se conduce con el móvil en la mano o que el vehículo ha pasado la ITV, por ejemplo.

Pero hay otros factores que simplemente le cuestan dinero a la Administración o a la DGT en su caso. Entre ellos está el mantenimiento de las carreteras, una asignatura en la que España tiene un suspenso continuado durante muchos años. También está el control de alcoholemia, ya que cada prueba que se hace a un conductor le cuesta dinero al Estado. Y eso a pesar de que muchos de los usuarios a los que se hace la prueba dan positivo.

Pero sin duda el tema fundamental para reducir la siniestralidad de nuestras carreteras es la educación vial, que debería estar implantada en todos los colegios de manera obligatoria desde edades tempranas. Esa sería la mejor inversión que podría hacer un gobierno porque los futuros conductores que ahora están en un colegio con ocho o diez años, cuando saquen su carné de conducir serán mejores conductores. Lo que ocurre es que esa es una inversión a largo plazo y nuestros gobiernos, sean del color que sean, siempre son cortoplacista. O se consigue recaudar dinero o se consiguen votos, pero con esta asignatura de educación vial no se consigue ni una cosa ni otra.

El lamentable 40 %

Es lamentable que según las propias cifras de la DGT casi el 40 % de los conductores implicados en un accidente de tráfico con víctimas mortales de positivo en el control de alcohol o de drogas, o de los dos a la vez. Si eso es realmente así, y seguro que lo es, cada día habría que hacer miles de pruebas de control y los que fueran reincidentes privarlos definitivamente del permiso de conducir.

La semana pasada un conductor borracho chocaba contra una motocicleta causando la muerte de sus dos ocupantes. Y también la semana pasada salía de la cárcel la mujer que conducía ebria y drogada y que atropelló a seis ciclistas de los que tres fallecieron. Así las cosas, el coste por matar a tres personas ha sido un año de cárcel y 7.000 euros de multa. Estos son solo dos ejemplos de lo que sucede por no gastar más dinero en hacer controles de alcoholemia y drogas. Y a una prueba me remito. Llevo 40 años conduciendo muchos kilómetros cada día y solo una vez me han hecho dicha prueba de alcohol.

Automaníacos
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