Lo que de verdad necesita el sector del automóvil del Gobierno

Lo que necesita el sector de automoción es reconocimiento y apoyo, que va más allá de un simple programa de ayudas económicas

Foto: Las marcas francesas producen en España casi dos millones de coches cada año.
Las marcas francesas producen en España casi dos millones de coches cada año.

El sector del automóvil se unía por primera vez en la reivindicación de un programa de ayudas la pasada semana con el objetivo de relanzar un sector económico vital para el futuro de la economía española en todas sus vertientes. En esta petición se unían todos los sectores implicados, fabricación y comercialización, pero también otros menos conocidos pero igual de importantes como el de las motos, las empresas financieras y de renting, los talleres, las compañías de desguace y los fabricantes de componentes.

Lo que necesita el sector de automoción es reconocimiento y apoyo, que va más allá de un simple programa de ayudas económicas en unos momentos en los que la escasez de liquidez del Estado va a pasar factura. Lo que España necesita son señales claras y firmes de confianza, de que se va a salir de la crisis en la que estamos entrando a toda velocidad.

España no muestra un apoyo claro al automóvil a pesar de que es uno de los pilares de nuestra economía. Esto, además, es una transposición de lo que ocurre en las sedes de la Unión Europea en Bruselas. Allí, en lugar de lanzar mensajes positivos sobre un sector tan importante para la economía, lo que se hace es enviar señales negativas. Mensajes de aumentos de emisiones de CO2 y de contaminación, de dudas sobre las nuevas tecnologías, de prohibición de coches con motor térmico y de multas para los fabricantes. Todo ello crea una incertidumbre que está pasando factura.

Deslocalizar

Por ello, los fabricantes europeos más importantes, el grupo Volkswagen, Volvo, Mercedes o BMW, ya tienen instaladas sus nuevas factorías en China y en Estados Unidos, donde sin duda son mejor recibidos que en Europa. Ahora, el problema más acuciante lo tienen los fabricantes franceses, el grupo PSA y Renault, o el grupo italiano Fiat, todos muy centrados en el mercado europeo y también con un incierto futuro.

España tiene ahora un grave problema con el sector industrial del automóvil. Cuando las cosas iban bien, cuando España se dirigía hacia el objetivo de los tres millones de coches fabricados en 2020, las cuentas salían. Y se podía mantener el discurso negativo hacia el automóvil que siempre han tenido nuestros dirigentes. Esas dudas sobre el futuro, han calado en la sociedad. Hay que destacar la única honrosa excepción de la ministra de Industria, Reyes Maroto, la única que defiende al sector. No hay que olvidar que de los tres millones de coches previstos para fabricar en España en 2020, 2,5 millones de unidades iban a ser exportadas, y a contribuir con ello a mejorar la balanza comercial española.

A partir de ahora las cosas van a ser muy distintas. Cuando las marcas francesas tengan que reducir drásticamente la producción de coches por la situación del mercado, qué van a hacer, cerrar sus plantas francesas y seguir fabricando coches en España, o centrar su producción en las plantas francesas y trasladar la riqueza allí.

España, y Europa, siempre se han mostrado hostiles con el sector del automóvil, a pesar de que los ciudadanos siguen apostando en su gran mayoría por desplazarse en coche. Y tampoco se quieren dar cuenta de que es una fuente de ingresos insustituible en la economía europea actual.

Al Gobierno de España, además, esta crisis le ha pillado con el pie cambiado en muchos sentidos respecto al sector del automóvil. Si analizamos el panorama del día 1 de febrero, previo a la llegada de la pandemia, la situación queda muy clara. Todos los países de nuestro entorno, sin excepción, tenían ese día vigentes planes de ayuda a la compra de un vehículo eléctrico. Todos excepto España, que estaba estudiándolo desde hacía meses y que puso en marcha a mediados de 2019 un plan tan complejo que dejó un 20% del presupuesto sin gastar.

Plan de ayudas

Al mismo tiempo que el resto de países europeos, desde Portugal hasta Alemania o Italia, tenían ese plan de ayudas, el Gobierno español tenía sobre la mesa tres nuevos impuestos para el automóvil: el nuevo impuesto al diesel, un nuevo Impuesto de Matriculación, mucho más alto y para todos los vehículos, excepto los 100% eléctricos. El tercer impuesto que se estaba debatiendo era la tasa por el uso de las autovías, que cada día tomaba más cuerpo dentro del Ejecutivo.

Todo esto ocurría cuando la economía española crecía más que el resto de las europeas. En los tiempos buenos de la economía, cuando algunos países reforzaban sus reservas para los tiempos malos, España tenía que recurrir a tres posibles nuevos impuestos centrados en el automóvil para tratar de cuadrar sus cuentas.

La pregunta ahora es ¿qué va a pasar con la economía, cómo va a aguantar España esta crisis económica asociada con una emergencia sanitaria, y cómo lo va a hacer un sector del automóvil que, de aquí hasta final de año, va a ver su producción reducida como mínimo en un 30%? A todo ello hay que sumar que España es el líder mundial en falecidos por el coronavirus por cada 100.000 habitantes, un dato que tampoco ayudará mucho a crear esa confianza necesaria para que la gente salga de vacaciones, o compre un coche o simplemente que gaste en comprar algo.

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